Don Noriega
En la esquina suroeste de la escuela del pueblo, Huinca Renancó, en un potrerito de un cuarto de hectárea, la tupida gramilla, unos empecinados coirones y la deprimente yerba del sapo, servían de entretenimiento a un matungo zaino, flaco y bichoco, que en sus mocedades debe haber sido protagonista de largas galopadas por el desierto de Ranqueles y presumiblemente, debe haber participado en entreveros entre indios y…