Amanda Baistrocchi y Héctor Miguel Seguí. El teatro y la política
La siguiente entrevista fue realizada por Carmen Vega Mateo y publicada en La Nueva Revista que integraba la edición 716 de El Nuevo Diario del 21 de julio de 1995. Las imágenes son restauradas y coloreadas con IA
Amanda,
Amandita para los que la conocen, será genio y figura hasta la sepultura, tal
como dice el viejo refrán. Inquieta, versátil, incansable y con ese gusto por
la vida que la hace muy singular.
Héctor,
el "Negro" desde niño; es la contracara. Tiene todas las
características culturales de esos hombres que nacían caballeros y eran
educados como tales. Ya no se estila desgraciadamente, pero siempre es más que
grato. Político él, amante del teatro ella. Pero, a la vez, cada uno inmiscuido
por placer y por cariño en la actividad del otro.
Él
es Héctor Miguel Seguí, recién levantado de una gripe que lo tuvo por
unos días en cama. Nació en San Juan un 1 de agosto de 1925, entre el Banco
Nación y el Banco Nacional de Desarrollo, allí estaba la casa de su abuelo,
donde hoy está la avenida José I. de la Roza.
—A
mí me tocó correr la "doble cuatro avenidas" en patines. Era una
increíble sensación comenzar a patinar en una ciudad que recién empezaba a
pavimentarse.
Héctor
Miguel Seguí desciende, por el lado paterno, de españoles de las islas Baleares
y por el materno, asturianos de Oviedo. Los estudios primarios los cursó en la
escuela Domingo Faustino Sarmiento y los secundarios, en el Colegio Nacional.
De allí pasó a Córdoba para recibirse de abogado.
Y
es en este momento cuando llega Amandita, se la siente desde la puerta de
calle, innegable, bullanguera y decidida viene hablando desde la entrada lo que
provoca una sonrisa acostumbrada de su marido.
Amandita
también es sanjuanina y nació donde hoy está la Antigua Bodega, que era de don
Arturo Gutiérrez y en la que su padre trabajaba como enólogo. Allí nació un 11
de noviembre de 1931 y con ancestros italianos por los cuatro costados,
provenientes del norte, de Parma. La primaria y la secundaria las hizo en la
Normal recibiéndose de maestra bachiller, que era el título que por entonces se
otorgaba.
—Después
hice estudios de inglés y francés y de teatro que es mi asignatura pendiente.
Si tengo otra vida voy a ser artista. Quiero que alguno de mis nietos lo sea.
Con PROTEA hicimos varias obras dirigidas por Carmen Renard, obras de Dalmiro
Sáenz, de Chéjov. Después nos sentimos "viejas" y nos dedicamos a
promover el teatro. Pero la verdad es que nos divertíamos mucho.
—¿Cómo
se conocieron?
Amandita:
No sé si él se acuerda, pero yo sí. (se ríe).
Héctor:
Sí que me acuerdo. Fue en el cumpleaños de una prima mía, la Coca Yanez y lo
tengo muy presente. Yo estaba recién recibido e inexperto (risas). Me gustó de
entrada, me gustó su forma de ser y empezamos...
Amandita:
Yo me enamoré enseguida. No fuimos amigos. Comenzamos de novios.
Héctor:
Yo también me enamoré y nos casamos a los dos años.
Amandita:
Un casamiento accidentado, en el buen sentido de la palabra. Porque íbamos a
hacer la fiesta en la bodega de mi padre en Caucete. Esa noche teníamos la
despedida de solteros, que entonces se hacía a los dos juntos y mis padres
volvían de arreglar la casa de Caucete cuando tuvieron un accidente tremendo
con un camión tanque en la ruta. Estuvieron internados dos o tres meses y
recién nos casamos por la iglesia en julio. Pero ya estábamos legalmente
casados por el civil antes del accidente. Pero en aquellos tiempos cada uno
vivía en su casa hasta que salía de la iglesia casado como Dios manda. Bueno,
como te decía, finalmente nos casó el padre Garbini y lo hizo en mi casa porque
mis padres todavía convalecían.
—¿Qué fue lo que llamó tu atención de Héctor como para casarte?
—A
mí me llamó la atención su optimismo y su entusiasmo cuando hablaba de sus
proyectos que daban la sensación de que ya se estaban cumpliendo. Mayor que yo,
estaba acostumbrada a chicos más jóvenes; me fascinó que alguien mayor se
fijara en una.
Amandita
y Héctor tuvieron 3 hijos: Alberto José, que falleció trágicamente a los 27
años y les dejó un nieto, José Miguel, hoy de catorce años. Le sigue Elisa del
Carmen, de 36 años, casada con Osvaldo Gambetta, es veterinaria y tienen tres
nenas: Victoria del Carmen, Lucía del Carmen y Sofía del Carmen. Y por último,
está Diego Miguel (reciente concejal electo por Capital) de 33 años, casado con
Claudia Martín y sin descendencia aún.
Amandita
recuerda emocionada el gesto de los compañeros de Franja Morada de su hijo
mayor, que colocaron una placa en su honor con esta inscripción: "Alberto
José Seguí, militante de la democracia".
—¿Cuándo
comenzó a militar políticamente?
—Comencé
en la universidad. Al llegar a Córdoba empecé a militar en el reformismo
universitario y al regresar a San Juan recién me incorporo al radicalismo, que
hasta entonces lo considerábamos como un partido burgués. Hace cuarenta y cinco
años que milito en él.
Amandita:
Muchas veces el comité pasaba a nuestra casa cuando lo cerraban... La política
para mí fue algo asumido. Yo no era de familia radical pero él nos convirtió a
mí y a toda mi familia, incluso a mi padre que llegó a ser elector de Illia.
Héctor:
Pero a nadie le dije que lo fuera, incluso a nuestros hijos. Ellos lo tomaron
por sí solos. hasta mis nietas parecen seguirme...
Amandita:
Sin darnos cuenta los vamos influenciando...
—¿Cuál
fue su primer cargo?
—Fui delegado a la Convención Nacional siendo muy
joven. Los otros eran Antonio de la Torre, Francisco Pizarro, Manuel Pascual y
Carlos Colombo y los más jóvenes, Atán y yo. Después recorrí todo el escalafón
del partido. Fui su presidente desde 1964 a 1972, en que se reabrió la vida
política y después he vuelto a serlo del '87 al '89. Actualmente soy delegado
al comité nacional. Y por el partido he sido dos veces candidato a gobernador,
en 1963 y en 1987. He sido constituyente provincial además, en 1985 y después
nacional, desde el '89 al '93.
Amandita:
La política ha sido una constante en esta casa, como una parte de la familia.
El comité era su segundo hogar.
Héctor:
Hay que quitarle el rasgo de mala palabra al comité, porque allí se dan todas
las expresiones de todos los estratos sociales.
—Amanda,
¿cómo transcurrió y transcurre tu vida?
—Primero fue la crianza de mis hijos y además, siempre me gustó brindarme al
trabajo voluntario. Cuando daban los cursos de la Asociación Argentina de Guías
Voluntarias, ya desaparecida, venían profesores de otros lugares del país e
incluso del mundo, enseñaban dinámica de grupo y yo iba asiduamente. Trabajé
además en LALCEC y siempre que voy a Buenos Aires, hago cursos. Hice uno con
Susan Strasberg, mujer de Lee Strasberg; sobre teatro y aprendí muchísimo.
También he hecho cursos de cocina con el Gato Dumas...
—Sos
una diletante versátil.
—A mí me encanta. Quiero mucho a San Juan pero indudablemente hay cosas a las
que sólo se acceden en Buenos Aires.
—¿Y
cómo llegó PROTEA?
—De una conversación en una comida de varias personas con amor al teatro. Nos
agrupamos y empezamos a convocar gente que le podía gustar y a raíz de ello
remodelamos la salita de teatro de la biblioteca Franklin.
Héctor:
Paralelamente hice un proyecto que presenté con Irma Roy donde solicitaba que
el Ministerio de Educación enseñara teatro en las escuelas, pero no se cumplió.
Amandita:
Nosotros también los hicimos y lo propusimos acá. Fue aprobado incluso por la
Legislatura provincial. El plan piloto duró tres años y fue un éxito. Pero
terminó. Dijeron que no había presupuesto para instrumentarlo y al cambiar el
gobierno empezó a fallecer. Una lástima verdaderamente. El proyecto lo
implementamos en escuelas alejadas y creo que hacía mucho bien. Tenía objetivos
muy realizables: que al niño se le fuera la timidez, que hablara bien...
—¿Cómo
se desarrolló su tarea como diputado?
—Trabajando mucho. La ley más importante que promoví fue la de los fondos
comunes de inversión. Decidimos con Baglini unificar los dos proyectos y fue
aprobado por la Cámara.
—¿Por
qué este retroceso actual del radicalismo?
—Creo que no tuvo un candidato con la fuerza necesaria para comunicar que había
un proyecto alternativo. Fue tomado para enfrentar en la interna a Storani y
triunfó Massaccesi. También influyó el Pacto de Olivos para perder fuerza como
partido de oposición. Creo que en este momento, esto ya ha sido superado y
estamos en el camino de la unidad. Lo que está sucediendo en Córdoba ha hecho
que nos unamos más.
—¿Cuáles
son tus ocupaciones actuales, Amandita?
—El proyecto nuestro de ir al teatro porteño en las vacaciones de julio, lo
hemos suspendido por razones obvias. Hemos pensado que, justamente, a todo el
mundo le hace falta hacer algo como una catarsis, y los estamos entusiasmando
para hacer una vez por semana "juegos teatrales" dirigidos por gente
de PROTEA. Es una forma de "optimizar" a la gente. Traer teatro es
muy difícil, sólo se podría con los unipersonales, pero los costos son muy
altos.
—Y
usted doctor, ¿a qué se dedica actualmente?
—Yo estoy en el partido. Participo de todas las reuniones y en las actividades
partidarias. Y también estoy en el estudio acompañando a mi hijo en su
profesión de abogado.
—¿Qué
les gusta y qué les disgusta a ambos?
Amandita: Hay cosas que me han disgustado y he tenido que aprender a que
me gusten. A lo mejor si me hubiese casado con otro no me habría interesado en
política. Lo que más me gusta es que me acompañe al teatro y a salir. Y me
disgusta que no me tenga en cuenta (risas), a todas nos gusta que de vez en
cuando nos "endulcen" el oído, pero él es un desentendido.
Héctor:
Y cuando soy atento y pienso en ella, llama al ECI (carcajadas). Un día vine
temprano a casa, lo que no es habitual, y se asustó, creyó que estaba enfermo y
llamó al ECI... Volviendo a tu pregunta, lo que más me gusta de ella es que me
ha acompañado toda la vida resignadamente.
Amandita:
No tan resignadamente (risas). Yo soy más vehemente y a veces digo cosas que no
debo. Él es más político. Tiene una gran virtud: nunca ofende a nadie.
Héctor:
Eso es lo que me disgusta: ¡que es demasiado vehemente! (risas).
—¿Se
arrepienten de algo?
Héctor: No. Lamento sí, que para nosotros y nuestra gente se
interrumpiera tantas veces la democracia.
Amandita:
No. Pero sí siento que si hubiera vivido en otra época de San Juan, me hubiera
gustado estudiar teatro.
Ver también:
-- Seguí Baistrocchi. La familia de abogados que abrazó el
radicalismo