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Alejandro Reinoso, psicólogo

El Penal "está un poco mejor que hace 10 años"

El profesional habló también sobre violencia en la sociedad, códigos en el mundo de los delincuentes y del Caso Candela que aún conmociona al país.

El Penal "está un poco mejor que hace 10 años"
Alejandro Reinoso, psicólogo

Nació en San Juan. Se recibió de sicólogo en la Universidad Católica y está haciendo la tesis de especialidad en criminología. Trabaja desde hace 11 años en el Servicio Penitenciario Provincial, en el Gabinete Técnico Criminológico y en una clínica privada. Asegura que en el código de los mafiosos no es lo mismo ajuste de cuentas que venganza. Trató durante 3 años a los raptores de la esposa de Barceló. Con él hablamos de violencia en la sociedad, códigos en el mundo de los delincuentes y del Caso Candela que aún conmociona al país. Aquí una charla a solas con Alejandro Reinoso.


 

Hizo la escuela primaria en la Pérez Hernandez, “cuando era una rústica escuela de adobe en Desamparados”, recuerda. El secundario transcurrió en el Colegio Nacional. Estilo juvenil. Buzo de gimnasia, remera y zapatillas. Así atiende en su consultorio. Quien lo ve a primera vista puede pensar que está a punto de salir a caminar al parque y no que es un psicólogo que se codea a diario con internos de variada peligrosidad en el Penal de Chimbas. Así atiende a sus pacientes y así de sencillo es como se muestra ante hombres que cometieron delitos impensables y que hoy purgan sus culpas en una celda intramuros. A su espalda dos cuadros de Van Gogh y papeles con dibujos trazados por sus pacientes más chicos. “Yo soy así”, dice de antemano. Y la conversación empieza.


- Desde que entró hace 11 años al Penal de Chimbas, ¿lo ve mejor o peor?

- Mejor. Yo lo llamo el monumento panóptico. Lo que se hizo permitió descomprimir un poco el hacinamiento. Igual, permanentemente se tienen que reacomodar las celdas. Están un poco mejor que hace 10 años atrás.


- ¿Cuántos internos hay?

- Hoy el número se mueve entre 800 y 900 internos.

- ¿Cree que en los últimos años creció la violencia en San Juan?

- Según lo que entendamos por violencia. Si vamos a las canchas, hace 10 años no se veía lo que vemos hoy en los estadios de fútbol. Creo que la violencia siempre existió. Pero por una cuestión de género, la mujer ocupó un lugar más preponderante. Se denuncia más que antes. También hay hombres violentados. Hay violencia física y psicológica.   


- ¿Este sistema carcelario ayuda a reintegrarse al interno a la sociedad o no está sirviendo? Pregunto porque veo mucha reincidencia.

- Esto de la reincidencia hay que tomarlo con pinzas. Si yo te digo que el número de internos no ha variado mucho de año a año. Siempre van y vienen los mismos. A veces las salidas transitorias no están resultando. Nos estamos mintiendo a nosotros mismos. ¿Quién le va a dar un trabajo con un salario a un preso? ¿Quién confía otra vez en ellos? Nosotros hemos tenido casos de internos que han sido explotados. A esto lo conoce la jueza de ejecución. A muchos, en lugar de pagarles, les dicen: “No jodás porque si no voy y te denuncio”. Hay oportunistas. Pero no podemos decir que la sociedad no se abre para esto. Hay otros programas de reinserción laboral que dieron muy buenos resultados. Estoy hablando de delitos menores, que tienen condenas de dos años que van y vienen. Son personas que tienen una vulnerabilidad psico penal muy grave. Cargan con un estigma que los deja indefensos y los pone dentro de un parámetro de inseguridad y de autoestima baja, entonces seguro que esa persona actúa con violencia. Ellos creen que los 400 mil habitantes del Gran San Juan saben que han delinquido.


- ¿En el Penal de Chimbas hay más presos adultos o más jóvenes?

- La mayoría está entre los 18 y los 25 años.


- ¿Y qué falló para que haya tantos chicos ahí dentro?

- Falló la salud, falló que el padre no tuvo inserción laboral, falló la educación, no hay muchos clubes y no hay red de contención social. Los chicos quedan a la deriva y resentidos. Mirá todas las instituciones que fallaron antes de llegar al penal. No se hoy cómo son las políticas de protección al menor. Pero mi experiencia dentro del penal me dice eso. El circuito empieza en las colonias y termina en la calle Benavidez.


- ¿Cree que las personas que están en la función pública se están planteando esto o no?

- Creo que últimamente sí. Desde hace cinco años a la fecha veo que hay un proceso de autoreflexión de las instituciones.


- Usted trabaja con personas que delinquieron. ¿Tenemos acá presos peligrosos como los que se ven por los noticieros de Buenos Aires?

- No, acá no tenemos esos casos. Por lo general, los grados de homicidio acá, tienen un tinte pasional. En nuestra cárcel no es habitual encontrar psicópatas como los que tuvieron y mataron a Candela.


- ¿En estos tiempos siguen habiendo códigos en el ambiente del delito o ya no hay?

- Los códigos se siguen manteniendo. Las cosas siguen ocurriendo. Violencia siempre hubo. Lo que pasa es que ahora estamos más informados.


- ¿El mundo moderno no ha influido en los altos índices de violencia?

- No es que haya ahora más violadores, más asesinos, más ladrones. Lo que pasa es que el ser humano se ha vuelto mediático. Digo medios como el celular, internet, televisión. Fijate como se comunican los adolescente. Eso de mensajitos, facebook, e-mail, desafectiviza la relación. Hoy los chicos juegan en red. Son juegos de combate, luchas, secuestros donde se pagan rescates. Están jugando con la muerte virtual. Después llegan a tener situaciones de pánico. En mi clínica he tenido casos de adicción a internet. Internet no es violenta, pero según como lo usen. Si en lugar de un momento de esparcimiento lo toman como refugio, están encubriendo algo.


- ¿Qué hay de cierto con esos que dicen que en cualquier cárcel del país, con plata, se consigue lo que uno quiere?

- No te puedo contestar eso.


- Ya que trata a diario con personas que cumplen una condena por algo que hicieron. Sin pedirle nombres. ¿Qué cosas recuerda que lo hayan impactado?

- Me impresiona el ambiente violento del que vienen desde la infancia. Y el grado de analfabetismo. La población del penal subió mucho tras el crack del 2001, con la Alianza. Generó pobreza e inestabilidad emocional.


- ¿Le tocó tratar con delincuentes de esos que en la jerga se llaman “pesados”?

- Sí, claro, los del caso del secuestro de la esposa de Barceló. Tuve que atender a los tres mientras estuvieron acá. Después se los llevaron porque tenían condenas por otras causas en otras ciudades.


- Cuando salgan, ¿piensa que volverán a dedicarse al delito?

- No se si hagan secuestros, pero que ya tomaron la delincuencia como su modo de vida, sí.


- ¿Son irrecuperables para volver a vivir en la sociedad?

- Sí, esos casos sí. Porque ya vienen de condena tras condena. Y cada vez han ido haciendo delitos de mayor complejidad.


- ¿Algún caso que le tocó tratar que lo haya marcado?

- Sí. Un chico de 19 años que le hice seguimiento. Había cometido un homicidio. Fue condenado a 12 años. Yo lo que vi fue la paradoja de que mientras él estuvo afuera, el Estado no se preocupó para que estudie o trabaje. Y cuando cae preso, habiendo cometido un homicidio, en el penal tuvo que aprender a estudiar y trabajar. Estando adentro de la institución cursó la escuela primaria y aprendió a escribir su nombre. Entonces vi como pudo patentizar su identidad. Para él fue tener una existencia en el mundo. En 11 años que llevo en el penal, te puedo decir que he tenido logros como ese. Y he tenido muchísimas más frustraciones. Cuando los veo que vuelven a caer siento que fracasé como profesional. Me pregunto adónde no pude llegar yo para hacerle ver el mundo de otra manera. No estamos trabajando como queremos. Me gustaría que haya más profesionales.


- Usted está en contacto con esa clase de delincuentes a los que nadie quiere ver. O por lo menos la gente dice que los quiere tener lejos porque está harta de que pasen cosas. ¿Qué le diría al que está leyendo esta nota para que podamos llegar a una armonía?

- Es muy difícil en este momento. Pero les diría que tengan más apertura con esa gente. Creo que esta sería gran parte de la solución. Pero me pongo en el lugar de la sociedad y veo que estamos viviendo una situación muy ambigua.


- ¿Tiene salida esta situación?

- Creo que sí. Y no es subiendo las penas, ni bajando la imputabilidad. Yo digo que habría menos violencia e inseguridad si los penales estuvieran más vacíos, no más llenos como se cree. Creo que vamos a ir para bien. Si se trabaja en los programas de re libertad y en fortalecer los vínculos con la familia, se puede. La tarea del trabajador social es muy noble. Es hermosa. Estamos recién en proceso de cambio. Y los cambios producen crisis.

Caso Candela

- ¿Qué piensa que pasó con este caso que conmovió al país?

- Esto es una opinión personal: mirá, al cuarto día, viendo el caso por televisión, veo a la madre hablándole a la chica a través de los medios. Como que sabía que ella la estaba escuchando. Entonces tuve la impresión de que la mujer sabía donde estaba Candela.

- ¿Y si sabía dónde estaba porque no dijo así la iba a buscar la policía?

- Y bueno, ahí ya son códigos de la mafia.

- ¿Hay realmente códigos entre delincuentes?

- Sí, en algunos hay códigos que no se rompen.

- ¿Y acá qué código se rompió?- En la jerga de ellos, “se quedó con un vuelto”. Para ellos la vida no tiene valor. Tiene más valor haber roto el código. La traición. No sé quien se quedó con el vuelto. Si fue la madre, la tía, el padre, no sé. Aquí se movieron con rasgos psicopáticos.

- ¿Cuáles son esos rasgos?

- La falta de sentimientos, falta de culpa y remordimiento. Actúan por impulso. Quien hizo esto no miró si hay un niño. Generalmente mandan a actuar a otros.


- Con la experiencia que acumuló en su trabajo, ¿se animaría a decir que Candela cayó en manos de gente con psicopatías severas?

- Sí. Candela murió en un ambiente psicopático. Si pensamos hipotéticamente que había una deuda de plata. Y si pagando esa deuda se podía salvar a un hijo, y no lo hizo. Qué grado de psicopatía tenían los padres también.


- ¿Usted piensa que los padres tuvieron que ver con el final que nadie quería?

- Hay que ver por donde viene el ataque.


- ¿Fue Candela una moneda de cambio?

- Más que de cambio, fue de venganza.


- En el código de los delincuentes pesados, ¿es lo mismo venganza que ajuste de cuentas?

- No. El ajuste de cuentas es entre quienes tienen el conflicto. “Te quedaste con lo mío y lo arreglamos entre nosotros”. En la venganza se busca usar a otra persona, pegar donde más duele. Está pensada como un efecto prisma. “Te ataco allá para hacerte doler a vos”.


- ¿Tiene una conclusión sobre este caso?

- La madre se movilizó, supo llegar a los medios. Eso en su momento le jugó a favor. Pero hoy la sociedad se siente estafada. Hubo medios que trabajaron muy bien este tema y otros que lo trataron como un culebrón. Acá se fracasó porque todavía no aparecen los culpables. Esas noches de angustia que Candela pasó lejos de su madre. Si ella estuviera con vida, no podíamos hablar de triunfo mientras no encontremos a los culpables. Lo que sí te puedo decir es que esto es una madeja de psicópatas que no tienen el mínimo sentido de aprecio por la vida. Son fríos. La psicopatía es un trastorno de personalidad. El psicópata es asocial, agresivo e impulsivo. No siente culpa y es incapaz de formar vínculos verdaderos.


Perfil

Alejandro Reinoso

Nació en San Juan

Edad: 47 años

Casado

Hijos: Agustín y Martina

Comida preferida: lentejas

Bebida preferida: agua

Qué está leyendo: Todos los libros de Bernardo Stamateas

Música preferida: rock heavy metal, AC/DC

Un deporte: fútbol

Una ciudad que le gusta: San Rafael (Mendoza).

Fuente: El Nuevo Diario - Edición del 1498 - 9 de septiembre de 2011

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