Eduardo Caputo Videla, arquitecto
"No creo que haya un estilo de arquitectura sanjuanina"
Fue el fundador de la Facultad de Arquitectura y rector de la UNSJ. Fue el director de Obras durante la construcción del Auditorio Juan Victoria y participó en la reconstrucción de San Juan luego del terremoto del 44.
Fue el fundador de la Facultad de Arquitectura, rector de la Universidad Nacional de San Juan entre el año 1980 y 1983, y director de obras durante la construcción del Auditorio Juan Victoria. Participó en la reconstrucción de San Juan luego del terremoto del 44. Se desempeñó como Ministro de Obras Públicas durante el gobierno de Gómez Centurión. Afirma que no hay un estilo arquitectónico típicamente sanjuanino y dice que el shock del terremoto del 44 hizo de San Juan una sociedad distinta. Aquí una conversación a solas con Eduardo Caputo Videla.
Nació en San Juan pero se fue a estudiar a Rosario ya que en la provincia no existía la carrera. Una vez recibido de arquitecto volvió y ejerció acá. Proyectó unas treinta viviendas y luego se dedicó a la construcción de obras industriales. Lo caracteriza un hablar sereno, pausado, acaso medido pero certero a la hora de definir las cosas. Entre sus trabajos más importantes se encuentran el horno 3 y 4 y las oficinas de Electro Metalúrgica Andina, “cuando era de los franceses”, aclara. Fue dos veces funcionario durante el primero y el segundo gobierno de Enrique Gómez Centurión. A pesar de manejar computadora, dice que no hay nada como sentir el ruido del lápiz sobre el papel dibujando en el tablero tradicional.
- ¿Conoció al ingeniero Juan Victoria durante la construcción del Auditorio?
- Por supuesto. Con Juan Victoria hubo mucho más que una relación de trabajo. Había amistad entre las familias. Mi padre era muy amigo de él.
- Referido al crecimiento urbano que ha tenido San Juan, ¿qué opina?
- Es una tendencia natural derivada del crecimiento de la población y del decrecimiento de la población rural. Creo que es parte de lo que fue una política equivocada del Estado de no cumplir, a través del Instituto Provincial de la Vivienda, con la construcción de barrios en zonas rurales para que la gente se quede a trabajar allá.
- ¿Considera que hay una arquitectura típicamente sanjuanina?
- San Juan tiene una arquitectura que es consecuencia de un terremoto que dejó destruida la ciudad. En la reconstrucción de la ciudad no existieron normas vinculadas a la estética. Aparte, la promoción de construcción antisísmica fue destinada a viviendas que no eran lujosas ni nada que se le parezca. Eso dio como resultado una ciudad muy homogénea. Desde hace unos años empiezan a despuntar algunos ejemplos de buena arquitectura, independientemente del costo. Los créditos que daba el Banco Hipotecario eran créditos que limitaban mucho la arquitectura. En los años 50 había una carencia de profesionales también. La mayor parte de la ciudad fue construida por técnicos constructores. No creo que haya un estilo sanjuanino. El Estado además siempre a tendido a la construcción de la vivienda económica.
- ¿Qué opinión tiene sobre el Centro Cívico ya terminado?
- Es, sin duda, un edificio de primer mundo. Es curioso. A mi me tocó hacer las bases del concurso de anteproyecto con el cual se llamó a concurso nacional. Luego, en el primer gobierno de Gómez Centurión, me tocó participar en el jurado que otorgó el premio al ganador del concurso, que fue un estudio de Buenos Aires. También me tocó poner la piedra fundamental. Y, finalmente, luego de tantos años, me tocó participar de la inauguración del Centro Cívico. Es un ícono en la edilicia de San Juan, no me cabe duda. - ¿No lo ve demasiado grande? - Es que la idea fue levantar un edificio de gran magnitud para albergar oficinas públicas. Quisieron ponerle un límite al crecimiento de la burocracia. Lo que cupiera en los metros cuadrados del Centro Cívico tendría que ser el volumen de la burocracia. Con exclusión, claro, de la policía, de Salud Pública, de Hidráulica y entre otros departamentos que funcionan en sus lugares por cuestiones especiales. Espero que algún día construyan también una ciudad judicial, como tiene Mendoza. Pero lo veo lejos.
- Y de la arquitectura moderna que está apareciendo en San Juan, ¿qué le parece?
- Bueno, es el efecto que está dando el tener una Facultad de Arquitectura. Antes era una escuela de arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería. Yo la escindí y la convertí en facultad.
- ¿Qué concepto tiene de los nuevos arquitectos que están egresando?
- Mire, decir que todos los arquitectos son malos, es mentir. Decir que todos los que egresan son buenos también sería mentir. El concepto se lo va creando cada profesional en función de su actividad, de su experiencia, de su formación y de su posibilidad de desarrollarse en el medio.
- Se está usando el adobe para construcciones rurales en zonas como Barreal, Iglesia, Calingasta, Jáchal, que son monitoreadas por profesionales. ¿Qué le parece eso?
- El viejo código de Reconstrucción de San Juan tuvo una parte dedicada a la construcción en adobe. Obviamente limitada a lugares rurales y bajo determinadas condiciones de tamaño y otros puntos. Nunca en San Juan se dejó de construir con adobe. Barreal está llevando la punta en esto. Dentro de lo relativo de las cosas, el adobe es seguro. Al hablar de seguridad hablamos de la capacidad que tiene una construcción cualquiera de sostenerse para permitir sobrevivir a quien la está habitando o permitirle el tiempo suficiente para salir afuera. No quiere decir que no se destruya, que no se caiga o que no se raje. No hay forma de construir viviendas que salgan absolutamente indemnes de un terremoto de gran escala. Todo San Juan está construido para soportar un sismo de grado 8 o 9. Depende de cómo y dónde está construida la edificación. Acuérdese que en el terremoto de Caucete (año 1977), quedó demostrado que la onda que llegó a la ciudad hizo daño en algunas partes y en otras no hizo nada. Eso tiene que ver con la calidad del terreno sobre el cual está fundada la construcción.
Su mirada no es la de cualquier observador. Conjuga el pasado con el futuro. Imagina lo que viene. Sabe que siempre hay lugar para más. Así lo da a entender cuando habla. Explica que calidad de vida, en urbanismo, está dada por los espacios verdes y espacio en la ciudad para no vivir hacinados. En ese sentido, San Juan es un lugar privilegiado. Eduardo Caputo Videla ha visto ponerse de pie a la ciudad. La vio crecer, evolucionar, disparar en sentidos que ni siquiera él hubiese imaginado.
- ¿Qué le falta a San Juan para ser una gran ciudad como Rosario, Córdoba o Mendoza?
- El número de habitantes tiene una importancia fundamental. Eso condiciona el requerimiento de satisfacción de las necesidades vitales urbanas. Es obvio que las necesidades de una población concentrada y superior a 1.000.000 de habitantes son diferentes a las de una de 400.000 personas, como tiene el Gran San Juan. Nosotros tenemos un limitación psicológica. Creo que es la que va a seguir teniendo siempre San Juan, y es la que va a seguir caracterizándonos. Digo, psicológicamente, no creo que estemos preparado para vivir en un piso 30. Los que vivieron un terremoto estando en el piso seis o siete, y vieron que sus muebles iban de una pared a la otra, bueno, es una experiencia imborrable ¿no? Esa experiencia se transmite, queda en el imaginario colectivo. La limitación es psicológica, no técnica. Esto no quiere decir que un día puede suceder que se levanten una torre de 20 o 30 pisos. Japón las tiene, y demás pisos también, y no hay que olvidarse que tiembla mucho más que acá.
- ¿Hasta que piso se animaría a construir en San Juan?
- Hasta veinte pisos seguro. Ya hay de diez. Y le digo, bajo el punto de vista técnico, estaría tranquilo. Obvio que tenés que pensar en el equipamiento que les vas a poner a los pisos de arriba. El tema es quién va a querer vivir en un piso 20, y para qué vamos a edificar hacia arriba teniendo una enrome superficie que todavía falta por cubrir. A mi me parece bueno que los sanjuaninos podamos seguir teniendo el privilegio de salir, caminar unas pocas cuadras y ver la montaña. Nuestro límite son los cerros, no son los edificios. Eso nos distingue como un lugar diferente. Salta es una ciudad que mentalmente es muy parecida a San Juan. Físicamente no, pero mentalmente sí. Por esto que le estoy señalando.
- Pero en algún momento va a crecer la población - Hagamos un ejercicio mental. Recorramos las cuatro avenidas que encierran la ciudad y le pongamos cuatro pisos de promedio a cada vivienda. ¿Cuánta gente más cabría en esta manzanita? Ya estaríamos hablando de una ciudad de unos 800.000 habitantes. Y a eso sumale los distritos del Gran San Juan: Rivadavia, Santa Lucía, Chimbas y Rawson.
- Usted le da mucha importancia al terremoto de 1944, ¿por qué?
- Entre el San Juan de antes del terremoto del 44 al San Juan que hubo después del terremoto, no solamente cambió la fisonomía. Cambió la gente. El terremoto del 44 fue un shock fenomenal. Hizo de este lugar una sociedad diferente. Esa sociedad es la que hace que seamos una ciudad diferente.
Perfil
Nació en San Juan
Edad: 75 años
Casado con Elena Plateo
Hijos: Eduardo, Mirta Elena y Ricardo
Nietos: siete.
Comida preferida: pastas
Bebida preferida: vino
Qué está leyendo: “El sueño del celta” de Mario Vargas Llosa
Música preferida: clásica
Un deporte: Rugby
Una ciudad que le gusta: Salta
Nació en San Juan pero se fue a estudiar a Rosario ya que en la provincia no existía la carrera. Una vez recibido de arquitecto volvió y ejerció acá. Proyectó unas treinta viviendas y luego se dedicó a la construcción de obras industriales. Lo caracteriza un hablar sereno, pausado, acaso medido pero certero a la hora de definir las cosas. Entre sus trabajos más importantes se encuentran el horno 3 y 4 y las oficinas de Electro Metalúrgica Andina, “cuando era de los franceses”, aclara. Fue dos veces funcionario durante el primero y el segundo gobierno de Enrique Gómez Centurión. A pesar de manejar computadora, dice que no hay nada como sentir el ruido del lápiz sobre el papel dibujando en el tablero tradicional.
- ¿Conoció al ingeniero Juan Victoria durante la construcción del Auditorio?
- Por supuesto. Con Juan Victoria hubo mucho más que una relación de trabajo. Había amistad entre las familias. Mi padre era muy amigo de él.
- Referido al crecimiento urbano que ha tenido San Juan, ¿qué opina?
- Es una tendencia natural derivada del crecimiento de la población y del decrecimiento de la población rural. Creo que es parte de lo que fue una política equivocada del Estado de no cumplir, a través del Instituto Provincial de la Vivienda, con la construcción de barrios en zonas rurales para que la gente se quede a trabajar allá.
- ¿Considera que hay una arquitectura típicamente sanjuanina?
- San Juan tiene una arquitectura que es consecuencia de un terremoto que dejó destruida la ciudad. En la reconstrucción de la ciudad no existieron normas vinculadas a la estética. Aparte, la promoción de construcción antisísmica fue destinada a viviendas que no eran lujosas ni nada que se le parezca. Eso dio como resultado una ciudad muy homogénea. Desde hace unos años empiezan a despuntar algunos ejemplos de buena arquitectura, independientemente del costo. Los créditos que daba el Banco Hipotecario eran créditos que limitaban mucho la arquitectura. En los años 50 había una carencia de profesionales también. La mayor parte de la ciudad fue construida por técnicos constructores. No creo que haya un estilo sanjuanino. El Estado además siempre a tendido a la construcción de la vivienda económica.
- ¿Qué opinión tiene sobre el Centro Cívico ya terminado?
- Es, sin duda, un edificio de primer mundo. Es curioso. A mi me tocó hacer las bases del concurso de anteproyecto con el cual se llamó a concurso nacional. Luego, en el primer gobierno de Gómez Centurión, me tocó participar en el jurado que otorgó el premio al ganador del concurso, que fue un estudio de Buenos Aires. También me tocó poner la piedra fundamental. Y, finalmente, luego de tantos años, me tocó participar de la inauguración del Centro Cívico. Es un ícono en la edilicia de San Juan, no me cabe duda. - ¿No lo ve demasiado grande? - Es que la idea fue levantar un edificio de gran magnitud para albergar oficinas públicas. Quisieron ponerle un límite al crecimiento de la burocracia. Lo que cupiera en los metros cuadrados del Centro Cívico tendría que ser el volumen de la burocracia. Con exclusión, claro, de la policía, de Salud Pública, de Hidráulica y entre otros departamentos que funcionan en sus lugares por cuestiones especiales. Espero que algún día construyan también una ciudad judicial, como tiene Mendoza. Pero lo veo lejos.
- Y de la arquitectura moderna que está apareciendo en San Juan, ¿qué le parece?
- Bueno, es el efecto que está dando el tener una Facultad de Arquitectura. Antes era una escuela de arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería. Yo la escindí y la convertí en facultad.
- ¿Qué concepto tiene de los nuevos arquitectos que están egresando?
- Mire, decir que todos los arquitectos son malos, es mentir. Decir que todos los que egresan son buenos también sería mentir. El concepto se lo va creando cada profesional en función de su actividad, de su experiencia, de su formación y de su posibilidad de desarrollarse en el medio.
- Se está usando el adobe para construcciones rurales en zonas como Barreal, Iglesia, Calingasta, Jáchal, que son monitoreadas por profesionales. ¿Qué le parece eso?
- El viejo código de Reconstrucción de San Juan tuvo una parte dedicada a la construcción en adobe. Obviamente limitada a lugares rurales y bajo determinadas condiciones de tamaño y otros puntos. Nunca en San Juan se dejó de construir con adobe. Barreal está llevando la punta en esto. Dentro de lo relativo de las cosas, el adobe es seguro. Al hablar de seguridad hablamos de la capacidad que tiene una construcción cualquiera de sostenerse para permitir sobrevivir a quien la está habitando o permitirle el tiempo suficiente para salir afuera. No quiere decir que no se destruya, que no se caiga o que no se raje. No hay forma de construir viviendas que salgan absolutamente indemnes de un terremoto de gran escala. Todo San Juan está construido para soportar un sismo de grado 8 o 9. Depende de cómo y dónde está construida la edificación. Acuérdese que en el terremoto de Caucete (año 1977), quedó demostrado que la onda que llegó a la ciudad hizo daño en algunas partes y en otras no hizo nada. Eso tiene que ver con la calidad del terreno sobre el cual está fundada la construcción.
Su mirada no es la de cualquier observador. Conjuga el pasado con el futuro. Imagina lo que viene. Sabe que siempre hay lugar para más. Así lo da a entender cuando habla. Explica que calidad de vida, en urbanismo, está dada por los espacios verdes y espacio en la ciudad para no vivir hacinados. En ese sentido, San Juan es un lugar privilegiado. Eduardo Caputo Videla ha visto ponerse de pie a la ciudad. La vio crecer, evolucionar, disparar en sentidos que ni siquiera él hubiese imaginado.
- ¿Qué le falta a San Juan para ser una gran ciudad como Rosario, Córdoba o Mendoza?
- El número de habitantes tiene una importancia fundamental. Eso condiciona el requerimiento de satisfacción de las necesidades vitales urbanas. Es obvio que las necesidades de una población concentrada y superior a 1.000.000 de habitantes son diferentes a las de una de 400.000 personas, como tiene el Gran San Juan. Nosotros tenemos un limitación psicológica. Creo que es la que va a seguir teniendo siempre San Juan, y es la que va a seguir caracterizándonos. Digo, psicológicamente, no creo que estemos preparado para vivir en un piso 30. Los que vivieron un terremoto estando en el piso seis o siete, y vieron que sus muebles iban de una pared a la otra, bueno, es una experiencia imborrable ¿no? Esa experiencia se transmite, queda en el imaginario colectivo. La limitación es psicológica, no técnica. Esto no quiere decir que un día puede suceder que se levanten una torre de 20 o 30 pisos. Japón las tiene, y demás pisos también, y no hay que olvidarse que tiembla mucho más que acá.
- ¿Hasta que piso se animaría a construir en San Juan?
- Hasta veinte pisos seguro. Ya hay de diez. Y le digo, bajo el punto de vista técnico, estaría tranquilo. Obvio que tenés que pensar en el equipamiento que les vas a poner a los pisos de arriba. El tema es quién va a querer vivir en un piso 20, y para qué vamos a edificar hacia arriba teniendo una enrome superficie que todavía falta por cubrir. A mi me parece bueno que los sanjuaninos podamos seguir teniendo el privilegio de salir, caminar unas pocas cuadras y ver la montaña. Nuestro límite son los cerros, no son los edificios. Eso nos distingue como un lugar diferente. Salta es una ciudad que mentalmente es muy parecida a San Juan. Físicamente no, pero mentalmente sí. Por esto que le estoy señalando.
- Pero en algún momento va a crecer la población - Hagamos un ejercicio mental. Recorramos las cuatro avenidas que encierran la ciudad y le pongamos cuatro pisos de promedio a cada vivienda. ¿Cuánta gente más cabría en esta manzanita? Ya estaríamos hablando de una ciudad de unos 800.000 habitantes. Y a eso sumale los distritos del Gran San Juan: Rivadavia, Santa Lucía, Chimbas y Rawson.
- Usted le da mucha importancia al terremoto de 1944, ¿por qué?
- Entre el San Juan de antes del terremoto del 44 al San Juan que hubo después del terremoto, no solamente cambió la fisonomía. Cambió la gente. El terremoto del 44 fue un shock fenomenal. Hizo de este lugar una sociedad diferente. Esa sociedad es la que hace que seamos una ciudad diferente.
Perfil
Nació en San Juan
Edad: 75 años
Casado con Elena Plateo
Hijos: Eduardo, Mirta Elena y Ricardo
Nietos: siete.
Comida preferida: pastas
Bebida preferida: vino
Qué está leyendo: “El sueño del celta” de Mario Vargas Llosa
Música preferida: clásica
Un deporte: Rugby
Una ciudad que le gusta: Salta