El Mirador - Escribe Juan Carlos Bataller
EL MIRADOR
El mundial de la vida
Dentro de algunos días todo el país cambiará sus temas de conversación. El Mundial de fútbol pasará a ser habitante de las oficinas, los clubes, los café.
Mientras tanto, en el mundial de la vida, el diablo está ganando 4 a 0… y con baile.
Voy a ser claro.
El diablo no gana cuando vemos a corruptos paseándose muy orondos entre nosotros y gozando de sus riquezas.
El diablo gana cuando quienes tenemos otros valores, quienes creemos que aun es posible caminar por la vida sin ponernos un parche en un ojo, pasamos a revistar en la categoría de tontos, boludos o idiotas.
Ese es el gran triunfo del diablo.
María juega en el equipo de los perdedores.
Ella trabaja de empleada doméstica, de lunes a sábado de 9 a 6 de la tarde.
Con mucho esfuerzo logró que sus hijos estudiaran, vivir en la casa mitad de ladrillo, mitad de adobe, que le dejaron sus padres y comprarse la bicicleta con la cual movilizarse para ir a trabajar.
No es mucho para 35 años de trabajo. Pero a los habitantes del humilde barrio donde vive María, integrado por gente de trabajo que se conoce desde siempre, se les agregó un problema que no pueden resolver: a tres cuadras se entregó hace algunos años un barrio. Y allí fue gente que vino desde otros mundos.
Primero fue el robo de una manguera, luego una puerta destrozada a patadas y el consiguiente robo hasta de la olla con la que cocinaban cada día.
En los últimos días le tocó el turno a la bicicleta.
María sigue trabajando aunque ahora viaja en colectivo.
La mayor bronca es que los delincuentes se pasean por las calles y hasta la amenazan. Uno de ellos llegó a decirle, mirando a su nietita de cinco años:
-Cuidámela porque dentro de algunos años va a trabajar para mi…
No alcanza con las viviendas que les entregaron a los indeseables. El diablo no se conforma con el 4 a 0. Quiere humillar.
El caso de María es uno más.
Basta leer las noticias policiales de cada día para advertir que el diablo es jugador de toda la cancha. Hoy le rompe la cabeza a un jubilado después de quitarle sus magros haberes y mañana entra a una escuela disfrazado en jovencito y destroza todo.
Uno que ya se siente jugando en el equipo de los perdedores es Miguel.
Para Miguel su familia en lo más importante.
Por ella trabajó todos los días de su vida.
Y ahora tiene su premio: una casa, un auto, los hijos que estudian.
El único problema es Miguelito, el mayor de sus hijos, de 15 años.
Desde hace tiempo está muy cambiado.
Alguien le dijo:
-Tené cuidado que en esa escuela hay muchos chicos con problemas de droga.
Desesperado, Miguel habló con las autoridades de la escuela. Ellas también están preocupadas. El fenómeno se va haciendo incontrolable. Y están solas en esa lucha.
Lo máximo que podían hacer es darle la dirección de grupos de ayuda y rehabilitación…
El triunfo del diablo en el mundial de la vida no es se ufane de evadir impuestos, de trabajar en negro, de hacerse rico tras pasar por la función pública.
El triunfo del diablo es ver a tanta gente que camina mirándose la punta de los zapatos, con el corazón vencido y las ganas adormecidas, sintiéndose parte de una legión que jugó con cartas perdedoras porque creyó en valores que el diablo vino a sepultar.
A ciertas edades nos parece que de a poco nos transformamos en simples espectadores ante el drama de un mundial del que no queremos ser parte.
Para algunos, integramos el equipo de los tontos, los boludos, los idiotas.
Tal vez será que, simplemente, estamos fatigados.
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2194 del 30 de mayo de 2026