Historias de familia

Historias de familias. Mario Benito Hernández y Selva Tachi Martínez

El matrimonio de Selva Tachy Martínez, arquitecta, exdirectora del Centro de Investigaciones para la Racionalización de la Construcción Tradicional - CIRCOT – UNSJ y Mario Benito Hernández, geólogo, Gerente de Sustentabilidad en Proyecto Los Azules fueron entrevistados el 20 de abril de 2026 en el ciclo “Historias de familias” por Juan Carlos Bataller y Juan Carlos Bataller Pana, en el programa La Ventana.

Por Juan Carlos Bataller
Historias de familias. Mario Benito Hernández y Selva Tachi Martínez
Selva Tachy Martínez y su esposo Mario Benito Hernández durante la entrevista realizada por Juan Carlos Bataller y Juan Carlos Bataller en el ciclo “Historias de familias, en el programa La Ventana



Juan Carlos: La familia de hoy tiene por protagonistas a dos personas nacidas en Jáchal.

Juanca: Nacidas y criadas diría yo.

Juan Carlos: criadas en Jáchal. Los presentamos.

Juanca: Por supuesto. Está con nosotros Selva Tachi Martínez. Ella es arquitecta, fue directora durante muchos años del Centro de Investigación para la Racionalización de la Construcción Tradicional y del CIRCOT, que todos los meses da el índice del precio de la construcción. También está Mario Benito Hernández, geólogo, actualmente gerente de sustentabilidad en el proyecto Los Azules. Estuvo durante muchos años como cara visible del proyecto Gualcamayo y trabajó en Catamarca, entre otros lugares.

Juan Carlos: ¿Cuándo se produce el encuentro entre ustedes? ¿En qué momento de la vida?
Selva:
Fue mi compañero de curso en séptimo grado.

Juan Carlos: Séptimo grado. ¿Qué escuela?
Selva:
En la Escuela Normal de Jáchal Fray Justo Santa María de Oro.

Juan Carlos: Qué institución es esa escuela, ¿no?
Selva
: Sí.

Juan Carlos: Por esa escuela han pasado tres gobernadores.
Mario:
Así es. Esa escuela ha sido, es y será una escuela que ha marcado mucho el camino, no porque nosotros hayamos ido ahí, sino por los antecedentes que tiene de muchos egresados. Quien egresa de la Escuela Normal de Jáchal tiene un solo destino, el éxito, la universidad, el sacrificio, la dedicación...

Juan Carlos: Dicen que es la principal fábrica de éxodo que tiene Jáchal.
Mario:
Sí, por eso en Jáchal está el dicho, nacemos, nos criamos y nos vamos.

Juan Carlos: Yo siempre he recordado a gobernantes como José Luis Gioja o Américo García, hasta don Eloy Camus, hablar siempre con mucho amor de la Escuela Normal de Jáchal, como que les marcó la vida.
Mario:
Yo, por ejemplo, comencé primer año en la Escuela de Comercio y éramos 45 y creo que egresamos 42, o sea, ese grupo se mantuvo con muy poquitas bajas en términos de cambios. Eso marcaba un nivel de rendimiento. Si analizamos los datos del censo, por ejemplo, encontramos que por ahí el índice de mayor terminalidad de la escuela secundaria está en Jáchal. No lo digo porque soy jachallero, sino que los datos indican eso. Si hay un buen indicador y hay mucho estímulo, probablemente cultural, digamos, a seguir estudiando, a seguir creciendo, el lugar preferido de los estudiantes jachalleros siempre ha sido Córdoba. Yo no pude ir a Córdoba por una limitación económica, pero siempre el lugar donde más jachalleros estudiaron siempre fue Córdoba. Y ahí egresaron médicos, abogados…

Juan Carlos: Mario, al lugar donde uno vaya hay un centro de residentes jachalleros. Acá y en el exterior.
Mario:
Por supuesto. Yo estuve en el centro de residentes jachalleros en Toronto, por ejemplo…

Juan Carlos: Porque el jachallero no deja de ser jachallero, esté donde esté. Ahora, Tachi, contanos un poquito cómo era la vida de dos jachalleritos estudiando en la Escuela Normal. ¿Cómo eran esos tiempos?
Selva:
Eran varios cursos. Pasamos la primaria, llegamos a la secundaria y teníamos distinta orientación. Él era comercial, yo era docente, pero todos los cursos trabajábamos en conjunto para los viajes de fin de año y ese tipo de cosas.

Juan Carlos: Era aparte una escuela rural, hacían tareas agrícolas.
Selva:
Sí, los varones tenían la parte de agricultura, nosotros teníamos cocina, teníamos tejido, bordado. Teníamos esos oficios también dentro del curso;  trabajábamos todos los cursos juntos para el viaje de fin de año. Mario estaba en esos grupos como nosotros, entonces yo siempre esperaba que fuera a cumplir su turno, pero siempre sacaba el primer turno de 10 a 12 y a las 12:01 ya no estaba. Siempre estaba de patovica en la puerta, era quien controlaba la entrada y al minuto siguiente ya había desaparecido porque era muy deportista, jugaba los domingos, entonces el sábado no se podía quedar en los eventos. Eso recuerdo, y después no fue al viaje de estudios. Trabajó todo el año y después no fue.
Mario: Lo que pasa es que era un deportista raro. Acostarse a las 12:30 de la noche un sábado en Jáchal era complejo, pero bueno… Yo habitualmente me sigo acostando temprano y levantando temprano, pero los domingos tocaba jugar al fútbol y eran los días que había que cuidarse de una manera especial. Pasarla bien el sábado a la noche era descansar; después en la cancha se notaba cuáles eran los jugadores que habían tenido un sábado agitado y cuáles habían descansado, así que creo que tenía que ver mucho con la salud eso.


Juanca: ¿Cómo llegan los Martínez a Jachal?
Selva:
Llegó mi abuelo. Eran cinco hermanos, muere la madre, el padre vuelve a casarse y ellos con la madrastra no estaban muy bien, son de Alhama, de Almería. Y vinieron los cinco de España. Una hermana se quedó en Estados Unidos, en New York, los otros siguieron. Mi abuelo se quedó un tiempo en Cuba y después directamente a Angaco. Ahí trabajaba en la parte administrativa de una bodega y conoció a su suegro. Ahí trabajaba mi bisabuelo y después llegó su familia de España y se conocieron con mi abuela y se casaron. Luego se fueron a Jáchal. En Angaco nacieron los dos primeros hijos y los otros en Jáchal. Es el único Martínez en Jáchal, todos sus hermanos se quedaron en Buenos Aires y en Estados Unidos, así que no tengo familia Martínez en Jáchal. Hay muchos Martínez, pero no somos parientes.

Juan Carlos: ¿Cómo era la familia?
Selva:
Mis padres, yo soy la mayor y luego Gustavo. Gustavo Martínez.

Juanca: ¿Algo que ver con los medios?
Selva:
Sí, exactamente. Juan José Gustavo Martínez y luego Sonia y al final Roberto que es médico. El asunto es que mi mamá, Selva Quiroga, se casó en el 60. En el 61 tenían un hijo, en el 62 tenían dos, en el 63 tenían tres. Ahí pararon un poquito y en el 66 llegó el cuarto.



Juan Carlos: ¿Y la historia de los Hernández?
Mario:
Los Hernández fueron una familia originada desde la fundación de Villa Mercedes en Jáchal. Recordemos que Jáchal, del río Jáchal al norte era la parte rica, los pudientes, la parte que trabajaba, que generaba más recursos y la del río Jáchal al Sur estaba la villa de Jáchal. Por eso todavía en la zona norte de Jáchal cuando se habla de la ciudad de Jáchal o del centro se habla de la villa, ¿no? Mi abuelo y mi bisabuelo fueron de los fundadores de Villa Mercedes, una familia que tenía relación con los Arce Mallorca, los fundadores, de hecho la plaza de Villa Mercedes tiene esa denominación. También eran originalmente de España, y por el lado de mi madre, de los Allegue de Iglesia, Rodeo específicamente. Todos los Varela. Mi abuelo era Allegue Varela, venido de la Coruña, cuando era muy joven con su hermano Diego. Mi abuelo se encuentra con mi abuela de apellido Castillo y tienen muchos hijos. Mi madre era la hija menor, así que hubo una fusión entre Villa Mercedes y Rodeo; y mi viejo trabajaba en el correo. Cuando fue a trabajar al correo de Rodeo conoce a mi vieja y se casan.

Juan Carlos: Nombraste a los Varela. Felipe Varela estuvo en Jáchal, ¿no?
Mario:
Felipe Varela vivió en Jáchal, era como su lugar de refugio. Y sí, la casa grande de los arcos imponentes en Niquivil es una de las casas de Felipe Varela. De hecho se dice que el humorista Hugo Varela es de la misma familia ¿no? Cuando uno ve los retratos de Felipe Varela y ve a Hugo Varela se parecen demasiado, diría yo, con otro nivel de humor, por supuesto.

Juanca: ¿Tenés un hermano sacerdote?
Mario:
Mi hermano menor, el padre Ángel, Toli para la familia. Es el tercero y yo soy el segundo. Mi hermano sacerdote ahora está de vicerrector de la Universidad Católica. Así que fuimos ocho hermanos, de los cuales quedamos seis y todos nos dedicamos a cosas muy diferentes y le hemos pedido a mi hermano cura que nos vaya guardando un lugarcito, porque el nivel de nuestra actividad es muy diferente y, de hecho, los seis hicimos cosas muy distintas. Eso yo siempre lo explico como parte de la libertad que nos dieron nuestros padres para elegir lo que quisiéramos ser. Así que mi hermano eligió ser sacerdote, de hecho se fue al seminario en la provincia de Santa Fe. Al momento en que terminábamos la secundaria nos íbamos yendo; y eso pasó con la mayoría.



Juan Carlos: Un día deciden venir a los estudios universitarios acá. Siguen carreras distintas, pero los dos en San Juan.
Mario:
Sí. Yo vengo buscando una carrera que fuera afín a la tierra. Mi padre tenía finca, yo era el que más le ayudaba y dije, "Bueno, no hay agronomía”. Buscando qué cosas tenían afinidad con la tierra y con la finca, descubrí que geología tenía estudio de suelo e hidrogeología. Entonces vi que lo que más se parece a la agronomía es la geología. Había geología en San Juan, quedaba cerca para escaparme a Jáchal de vez en cuando, así que elegí geología y con el tiempo me di cuenta que tenía una enorme superposición con agronomía, que por ahí los agrónomos todavía no se convencen que en función de la roca es lo que puedo plantar, ¿no? Por ejemplo, para el vino las bajadas calcáreas son las mejores zonas. De ahí que Pedernal y todas las áreas de bajada de rocas calcáreas tienen muy buena calidad de vinos. Entonces, había bastante en común y de hecho la calidad del agua de riego, la calidad del agua subterránea tiene mucho que ver con la geología, depende de los materiales la calidad del agua. Así que siempre seguí la pasión, mucho por la tierra, pero especialmente dije “la tierra nos tiene que dar algo más.” La agricultura no nos dio tanto.

Juan Carlos: Yo me imagino de haberte quedado en Jáchal y como agrónomo, serías cebollero en este momento seguramente.
Mario:
Sí, porque mi padre sembraba cebolla y tomate. Es verdad.

Juan Carlos: Y en el caso de Selva, arquitectura.
-- Sí, arquitectura. En realidad, como somos tan seguidos los cuatro, la primera en venir a la facultad fui yo. El primer año estuve viviendo con mis abuelos y mis tíos. El segundo año ya se venía mi hermano, al otro año mi hermana, así que mis padres tuvieron que levantar el campamento y venirse a vivir. Todos nos vinimos.

Juan Carlos: No quedó ningún Martínez.
Selva:
En el segundo año de la facultad ya estaban todos acá y pudimos ir a la facultad. En mi caso, seguía arquitectura. Gustavo siguió comunicación. Sonia, la parte de recursos humanos y es licenciada en administración de empresas; y el más chico es médico.

Juan Carlos: Llegó el momento de emigrar de Jáchal, para venirse a la universidad. ¿Ya eran novios?

Selva: Preparamos allá un grupo de compañeros en trigonometría, me acuerdo. Estudiábamos en mi casa y vinimos juntos los seis a empezar la universidad. Todos los fines de semana salíamos a tomar algo, a dar una vuelta y uno de esos fines de semana se habían ido los otros cuatro y quedamos solos los dos. Ese sábado a la noche fue antes de entrar a la universidad.



Juan Carlos: ¿Cuántos años tenían? ¿17 años?
Selva:
Teníamos 17 años, exactamente.
Mario: Sí, esa noche yo fui letalmente seducido.

Juan Carlos: Explicá un poquito. Vamos, vamos con detalle.

Mario: Bueno, sí, habíamos venido a estudiar y como que nos quedábamos solos en San Juan y, bueno, salimos un fin de semana y a partir de ahí nació esta relación, así que son bastantes años de noviazgo. Yo quería romper el récord que tenía mi tío Yayo, que tenía 13 años de novio. Yo decía, "tengo que tener un año más” y después nos casamos.
Selva: Llevamos 35 años casados.

Juan Carlos: O sea, que han pasado más de la mitad de la vida juntos.
Mario:
Sí, tal cual. Así es.



Juan Carlos: Y de esa descendencia ¿qué pasó? ¿Cuántos hijos tienen?
Mario:
Tenemos dos hijas, Jimena y Sol. A ellas les pasó lo que a nosotros. Cuando terminaron la secundaria se fueron a estudiar a Córdoba. Jimena está haciendo una maestría en administración de negocios en Buenos Aires y Sol está haciendo su tesis para ciencias económicas. Llegó una nieta, que es una de las cosas más lindas que nos pasó. Así que por suerte al terminar la universidad, mi hija se vino a vivir a San Juan. La tenemos cerca y la vemos casi todos los días, así que de alguna manera están retornando mis hijas, mirando mucho qué es lo que se viene en San Juan en términos de desarrollo. Ellas son muy optimistas con respecto a lo que viene.

Juan Carlos: Hay mucha gente que cree que ya empezó el fenómeno minero acá. De hecho, ojo, digámoslo claramente, se está haciendo mucha minería de exploración, que significa mucho dinero también y mucho trabajo.

Juanca: Y Veladero lleva 20 años también…

Juan Carlos: Aparte, lo que es Veladero, ¿no? Pero están haciendo exploración y eso significa una inversión grande.


Juanca: ¿Qué significó para vos, Mario, que fuiste factor fundamental, que la minería empezara en Jáchal con Gualcamayo?
--
Yo lo describo como un milagro, ¿no? Porque en Jáchal siempre que te vas a estudiar, algún día soñás con volver para hacer algo. Yo volví justamente durante la prospección y exploración de Gualcamayo. Comenzamos desde cero en Gualcamayo.



Juanca: Pero también ponías la cara por la minería.
--
Absolutamente, sí.

Juan Carlos: En el tiempo de la cacerola.
--
Exactamente. Había mucha turbulencia. Era complejo, pero sí creo que tuvo mucho que ver también cuando el presidente de la compañía para la cual yo trabajaba en Gualcamayo me dijo, "Tenés que prepararte porque sin licencia social no vamos a tener minería." Entonces él me llevó a Vancouver a hacer una especialización, una especie de maestría en negocios con responsabilidad social. Me entrenó ahí, viajaba seguido a Vancouver en esa época, y ahí empecé a ver este tema de la licencia social; cómo los conflictos sociales estaban afectando mucho a la minería. Y en ese momento se da justamente el caso de Esquel 2003, que fue como el inicio del “no” a la mina en Argentina. Fue un conflicto muy duro para el mercado y también para los exploradores. Así que creo que tuvo mucho que ver cómo empezó a valorarse la comunicación y cómo se produjo el encuentro entre la empresa y la comunidad. Después tienen que darse esos tres actores: empresa, comunidad y gobierno. Recuerden ustedes que el primer fondo fiduciario que se firma en términos de producción de aporte sobre las ventas de metales fue Gualcamayo, y me tocó a mí, como vicepresidente de la compañía, firmarlo. Así que fue un momento importante para Jáchal en términos de obra, de desarrollo, pero de mucho trabajo.

Juan Carlos: Tachi era centro de consulta sobre el uso del adobe en la arquitectura. Fue un debate que en su momento nació en Jáchal, precisamente.
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En realidad, de lo que he trabajado mucho tiempo es en el refuerzo de la vivienda de adobe. En hacer una vivienda lo mejor posible en cuanto a normativa de seguridad, porque hay mucha gente que no tiene otro acceso, no es que estemos diciendo que lo mejor es una vivienda de adobe. Ojalá todos pudieran tener una vivienda sismorresistente, pero hay otra realidad. Uno lo ve en Jáchal y en todas las áreas rurales. Entonces, la idea era reforzar esas viviendas que ya existían, pero siempre tuvimos una piedra en el zapato que fue el Consejo Profesional de Ingenieros, que no entendía que no proponíamos un prototipo de vivienda de adobe. Tratábamos de mejorar la existente, de reforzarla hasta que existiera la posibilidad de acceder a una sismorresistente.

Juanca: Aparte el mantenimiento es clave, que no se hace por lo general, y que no es tan caro con directivas bien dadas por profesionales.
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Hay normativas que nuestros antecesores siguieron, pero últimamente los muros ya no tenían el espesor que que originalmente tenían y que le daba seguridad. Las aberturas fueron mayores a las que se pueden hacer. La distancia entre encuentros de muros también fue superior. La altura…

Juan Carlos: La forma de hacer el adobe también es distinta.
--
Sí, y las medidas de la unidad de cada uno de estos elementos. Así que bueno…

Juan Carlos: En Jáchal todavía hay mucha construcción de adobe, ¿no?
--
Sí. Avanza mucho la sismorresistente porque para aprobar viviendas u oficinas o lo que sea, se están poniendo muy estrictos en que sea así. Entonces muchos tienen que llegar a ese sistema, pero en la costumbre, y sobre todo en las áreas rurales, está la vivienda de adobe y hay muchas todavía.

Juan Carlos: Uno de los recuerdos de Jáchal que tengo es con el Gordo Iglesias. Hacíamos un programa en Canal 8, fuimos a un restaurant muy conocido del Chatito Flores y queríamos comer chivo, porque era famoso el chivo de Jáchal. En su momento él nos dice, "Mire, tengo que decirle, ya lo compramos todo de afuera, viene de San Luis este chivo”. Se está perdiendo gran parte de lo que fue Jáchal originalmente.
Mario:
Sí, porque esa ganadería estaba muy relacionada al campo y la gente empezó a dejar el campo. Entonces, en la época en que yo comenzaba a explorar, que uno salía a campo traviesa, empezaba a encontrar puestos y muchos productores. Cuando volví luego de 10 años, ya no quedaba prácticamente ninguno. Todos habían migrado porque crecieron los hijos, porque había que mandarlos a la escuela. Entonces, hubo una pérdida de ese trabajo que cuando vamos a la cordillera lo encontramos en los crianceros chilenos, ¿no? Todavía ellos mantienen esa cultura de producir queso, de venderlo, y hay toda una industria detrás de eso. Nosotros lo perdimos en Jáchal, y cuando los puesteros bajaban a la vida, nosotros comprábamos el quesillo, ¿no? Así que sí, pasaba eso, que con el tiempo la gente fue cambiando de idea y trató de buscar en la modernidad otra manera de vivir.

Juan Carlos: Yo no sé qué va a pasar, tal vez vos lo puedas explicar por estar metido en este fenómeno de la minería. No coinciden los grandes centros urbanos que hay en el país con los desarrollos mineros o productivos que se vienen, como el petróleo, Vaca Muerta, minería en San Juan… ¿Qué va a pasar ahí? ¿Va a venir gente a estos lugares? Porque no sé cómo se va a hacer el traslado, pero de alguna forma es un nuevo mapa poblacional que va a haber en la Argentina.
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Sí, recordemos el fenómeno que veíamos de la gente de Jáchal que venía a San Juan, y nos pasó con nuestra familia, porque la universidad estaba en San Juan o en otras ciudades. Ese mismo fenómeno también se dio en las provincias que por ahí tenían más problemas estructurales de pobreza. La gente iba buscando oportunidades y se fue al gran Buenos Aires. Entonces, hubo un boom industrial, de generar más valor. Creo que ahora comienza una etapa en la que se da el fenómeno inverso, la gente quiere volver. Lo veo con mis hijas, que quieren volver a San Juan, porque lo ven con perspectiva de que a partir del año que viene, dos o tres años más adelante, esta economía va a ser otra. Creo que va a haber un retorno de los que se fueron, y es probable que después haya una migración de gente que nunca estuvo.

Juanca: Parte de lo que decías, por ejemplo, empieza José María, vienen 1000 personas de afuera y varios de ellos dicen, "Queremos estar en Jáchal porque los que estamos trabajando vamos a estar un poquito más cerca de la familia”. También pueden decir “queremos enviar nuestros chicos a escuela privada, queremos casas de determinada categoría, queremos…” y no sé si se está pensando también la infraestructura de lo que se viene quizás en dos o tres años.
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Bueno, esa la razón por la cual esa gente, especialmente cuadros especializados, más la parte de ingeniería y de gerenciamiento, se instala en San Juan, porque sabe que hay colegio bilingüe, más infraestructura, barrios, otro nivel de confort y eso es lo que empieza a faltar en Calingasta, en Jáchal, en Iglesia. Si vemos los niveles de cobertura, por ejemplo, de calidad en términos de salud, nos encontramos con un abismo de distancia. Entonces, me parece que hay que repensar en términos de infraestructura. Creo que Jáchal fue el lugar que por ahí más reaccionó de manera rápida con un gran hospital, y lo dijimos cuando se decidió construir el nuevo hospital de Jáchal. Cuidado que van a hacer falta profesionales especializados y complejidad.



Juan Carlos: Lo fundamental también son las rutas. Fíjate que hoy está más cerca Albardón que el Barrio Camus. Jáchal tendría que estar a 50 minutos, a una hora a más tardar con una autopista.
-- Yo tengo una visión distinta. Me parece que se viene el momento de los trenes, se viene el momento de las líneas eléctricas, de la electromovilidad. Yo a eso lo veo. Por ahí, no sé, no va a pasar tan rápido como se puede ver, pero yo soy muy optimista con eso porque todo lo que no se pueda mover en ruta por una cuestión de dificultad y por costo, se tendría que mover en tren y creo que hay una gran oportunidad ahí.

Juan Carlos: Ustedes son los primeros jachalleros que han pasado acá.
-- Muchas gracias.

---Treinta y cinco años de casados, trece años de novios...
--Exactamente, toda una vida.

Juan Carlos: Y contaron la historia acá, en La Ventana.

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Imagen restaurada y coloreada con IA




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Mario Benito Hernández y Selva Tachy Martínez en familia
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Mario Benito Hernández y Selva Tachy Martínez
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Mario Benito Hernández, nacido en Jáchal. Después se vino a la Ciudad de San Juan para ir a la universidad
Mario Benito Hernández, nacido en Jáchal. Después se vino a la Ciudad de San Juan para ir a la universidad
Mario Hernández muestra su placa, distinción en reconocimiento a su trayectoria profesional, otorgada por Panorama Minero.
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Mario Hernández, niño
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Los 85 años de Selva Quiroga, madre de Selva, Gustavo, Sonia y Roberto Martínez.
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Mario Hernández en familia. Los Hernández fueron una familia originada desde la fundación de Villa Mercedes en Jáchal
Mario Hernández en familia. Los Hernández fueron una familia originada desde la fundación de Villa Mercedes en Jáchal
Selva Tachy Martínez y su esposo Mario Benito Hernández, ambos de raíces jachalleras
Selva Tachy Martínez y su esposo Mario Benito Hernández, ambos de raíces jachalleras
Mario Hernández y Selva Tachy Martínez tienen dos hijas, Jimena y Sol
Mario Hernández y Selva Tachy Martínez tienen dos hijas, Jimena y Sol
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Mario Hernández y uno de sus pasa tiempos: la guitarra
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Mario Benito Hernández y Selva Tachy Martínez en un día de camping
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Selva Tachy Martínez junto a sus dos hijas Jimena y Sol
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Mario Hernández y Selva Tachy Martínez. Él geólogo y ella arquitecta
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Días de escuela primaria de Mario y Selva. Foto coloreada con IA
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Un día de playa de Mario y Selva
Un día de playa de Mario y Selva
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Mario Hernández coloca el anillo a Selva Tachy Martínez en el día de la celebración del casamiento. Se pusieron de novios a los 17 años. Al momento de la entrevista en 2026 llevan 35 años de casados.
Mario Hernández coloca el anillo a Selva Tachy Martínez en el día de la celebración del casamiento. Se pusieron de novios a los 17 años. Al momento de la entrevista en 2026 llevan 35 años de casados.
El matrimonio de Mario Hernández y Selva Tachy Martínez, posa junto a Juan Carlos Bataller y Juan Carlos Bataller Plana, luego de finalizado el programa La Ventana, donde fueron entrevistado para el ciclo "Historias de familias"
El matrimonio de Mario Hernández y Selva Tachy Martínez, posa junto a Juan Carlos Bataller y Juan Carlos Bataller Plana, luego de finalizado el programa La Ventana, donde fueron entrevistado para el ciclo "Historias de familias"

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