Historias de familias. Mario Benito Hernández y Selva Tachi Martínez
El matrimonio de Selva Tachy Martínez, arquitecta, exdirectora del Centro de Investigaciones para la Racionalización de la Construcción Tradicional - CIRCOT – UNSJ y Mario Benito Hernández, geólogo, Gerente de Sustentabilidad en Proyecto Los Azules fueron entrevistados el 20 de abril de 2026 en el ciclo “Historias de familias” por Juan Carlos Bataller y Juan Carlos Bataller Pana, en el programa La Ventana.
Juan Carlos: La familia de hoy tiene por protagonistas a dos personas
nacidas en Jáchal.
Juanca: Nacidas y criadas diría yo.
Juan Carlos: criadas en Jáchal. Los presentamos.
Juanca: Por supuesto. Está con nosotros Selva Tachi Martínez. Ella es
arquitecta, fue directora durante muchos años del Centro de Investigación para
la Racionalización de la Construcción Tradicional y del CIRCOT, que todos los
meses da el índice del precio de la construcción. También está Mario Benito
Hernández, geólogo, actualmente gerente de sustentabilidad en el proyecto Los
Azules. Estuvo durante muchos años como cara visible del proyecto Gualcamayo y
trabajó en Catamarca, entre otros lugares.
Juan Carlos: ¿Cuándo se produce el encuentro entre ustedes? ¿En qué momento
de la vida?
Selva: Fue mi compañero de curso en séptimo grado.
Juan Carlos: Séptimo grado. ¿Qué escuela?
Selva: En la Escuela Normal de Jáchal Fray Justo Santa María de Oro.
Juan Carlos: Qué institución es esa escuela, ¿no?
Selva: Sí.
Juan Carlos: Por esa escuela han pasado tres gobernadores.
Mario: Así es. Esa escuela ha sido, es y será una escuela que ha marcado
mucho el camino, no porque nosotros hayamos ido ahí, sino por los antecedentes
que tiene de muchos egresados. Quien egresa de la Escuela Normal de Jáchal
tiene un solo destino, el éxito, la universidad, el sacrificio, la
dedicación...
Juan Carlos: Dicen que es la principal fábrica de éxodo que tiene Jáchal.
Mario: Sí, por eso en Jáchal está el dicho, nacemos, nos criamos y nos
vamos.
Juan Carlos: Yo siempre he recordado a gobernantes como José Luis Gioja o
Américo García, hasta don Eloy Camus, hablar siempre con mucho amor de la
Escuela Normal de Jáchal, como que les marcó la vida.
Mario: Yo, por ejemplo, comencé primer año en la Escuela de Comercio y
éramos 45 y creo que egresamos 42, o sea, ese grupo se mantuvo con muy poquitas
bajas en términos de cambios. Eso marcaba un nivel de rendimiento. Si
analizamos los datos del censo, por ejemplo, encontramos que por ahí el índice
de mayor terminalidad de la escuela secundaria está en Jáchal. No lo digo
porque soy jachallero, sino que los datos indican eso. Si hay un buen indicador
y hay mucho estímulo, probablemente cultural, digamos, a seguir estudiando, a
seguir creciendo, el lugar preferido de los estudiantes jachalleros siempre ha
sido Córdoba. Yo no pude ir a Córdoba por una limitación económica, pero
siempre el lugar donde más jachalleros estudiaron siempre fue Córdoba. Y ahí
egresaron médicos, abogados…
Juan Carlos: Mario, al lugar donde uno vaya hay un centro de residentes
jachalleros. Acá y en el exterior.
Mario: Por supuesto. Yo estuve en el centro de residentes jachalleros en
Toronto, por ejemplo…
Juan Carlos: Porque el jachallero no deja de ser jachallero, esté donde
esté. Ahora, Tachi, contanos un poquito cómo era la vida de dos jachalleritos
estudiando en la Escuela Normal. ¿Cómo eran esos tiempos?
Selva: Eran varios cursos. Pasamos la primaria, llegamos a la secundaria y
teníamos distinta orientación. Él era comercial, yo era docente, pero todos los
cursos trabajábamos en conjunto para los viajes de fin de año y ese tipo de
cosas.
Juan Carlos: Era aparte una escuela rural, hacían tareas agrícolas.
Selva: Sí, los varones tenían la parte de agricultura, nosotros teníamos
cocina, teníamos tejido, bordado. Teníamos esos oficios también dentro del
curso; trabajábamos todos los cursos
juntos para el viaje de fin de año. Mario estaba en esos grupos como nosotros,
entonces yo siempre esperaba que fuera a cumplir su turno, pero siempre sacaba
el primer turno de 10 a 12 y a las 12:01 ya no estaba. Siempre estaba de
patovica en la puerta, era quien controlaba la entrada y al minuto siguiente ya
había desaparecido porque era muy deportista, jugaba los domingos, entonces el
sábado no se podía quedar en los eventos. Eso recuerdo, y después no fue al
viaje de estudios. Trabajó todo el año y después no fue.
Mario: Lo que pasa es que era un deportista raro. Acostarse a las 12:30
de la noche un sábado en Jáchal era complejo, pero bueno… Yo habitualmente me
sigo acostando temprano y levantando temprano, pero los domingos tocaba jugar
al fútbol y eran los días que había que cuidarse de una manera especial.
Pasarla bien el sábado a la noche era descansar; después en la cancha se notaba
cuáles eran los jugadores que habían tenido un sábado agitado y cuáles habían
descansado, así que creo que tenía que ver mucho con la salud eso.
Juanca: ¿Cómo llegan los Martínez a Jachal?
Selva: Llegó mi abuelo. Eran cinco hermanos, muere la madre, el padre
vuelve a casarse y ellos con la madrastra no estaban muy bien, son de Alhama,
de Almería. Y vinieron los cinco de España. Una hermana se quedó en Estados
Unidos, en New York, los otros siguieron. Mi abuelo se quedó un tiempo en Cuba
y después directamente a Angaco. Ahí trabajaba en la parte administrativa de
una bodega y conoció a su suegro. Ahí trabajaba mi bisabuelo y después llegó su
familia de España y se conocieron con mi abuela y se casaron. Luego se fueron a
Jáchal. En Angaco nacieron los dos primeros hijos y los otros en Jáchal. Es el
único Martínez en Jáchal, todos sus hermanos se quedaron en Buenos Aires y en
Estados Unidos, así que no tengo familia Martínez en Jáchal. Hay muchos
Martínez, pero no somos parientes.
Juan Carlos: ¿Cómo era la familia?
Selva: Mis padres, yo soy la mayor y luego Gustavo. Gustavo Martínez.
Juanca: ¿Algo que ver con los medios?
Selva: Sí, exactamente. Juan José Gustavo Martínez y luego Sonia y al final
Roberto que es médico. El asunto es que mi mamá, Selva Quiroga, se casó en el
60. En el 61 tenían un hijo, en el 62 tenían dos, en el 63 tenían tres. Ahí
pararon un poquito y en el 66 llegó el cuarto.
Juan Carlos: ¿Y la historia de los Hernández?
Mario: Los Hernández fueron una familia originada desde la fundación de
Villa Mercedes en Jáchal. Recordemos que Jáchal, del río Jáchal al norte era la
parte rica, los pudientes, la parte que trabajaba, que generaba más recursos y
la del río Jáchal al Sur estaba la villa de Jáchal. Por eso todavía en la zona
norte de Jáchal cuando se habla de la ciudad de Jáchal o del centro se habla de
la villa, ¿no? Mi abuelo y mi bisabuelo fueron de los fundadores de Villa
Mercedes, una familia que tenía relación con los Arce Mallorca, los fundadores,
de hecho la plaza de Villa Mercedes tiene esa denominación. También eran
originalmente de España, y por el lado de mi madre, de los Allegue de Iglesia,
Rodeo específicamente. Todos los Varela. Mi abuelo era Allegue Varela, venido
de la Coruña, cuando era muy joven con su hermano Diego. Mi abuelo se encuentra
con mi abuela de apellido Castillo y tienen muchos hijos. Mi madre era la hija
menor, así que hubo una fusión entre Villa Mercedes y Rodeo; y mi viejo
trabajaba en el correo. Cuando fue a trabajar al correo de Rodeo conoce a mi
vieja y se casan.
Juan Carlos: Nombraste a los Varela. Felipe Varela estuvo en Jáchal, ¿no?
Mario: Felipe Varela vivió en Jáchal, era como su lugar de refugio. Y sí,
la casa grande de los arcos imponentes en Niquivil es una de las casas de
Felipe Varela. De hecho se dice que el humorista Hugo Varela es de la misma
familia ¿no? Cuando uno ve los retratos de Felipe Varela y ve a Hugo Varela se
parecen demasiado, diría yo, con otro nivel de humor, por supuesto.
Juanca: ¿Tenés un hermano sacerdote?
Mario: Mi hermano menor, el padre Ángel, Toli para la familia. Es el
tercero y yo soy el segundo. Mi hermano sacerdote ahora está de vicerrector de
la Universidad Católica. Así que fuimos ocho hermanos, de los cuales quedamos
seis y todos nos dedicamos a cosas muy diferentes y le hemos pedido a mi
hermano cura que nos vaya guardando un lugarcito, porque el nivel de nuestra
actividad es muy diferente y, de hecho, los seis hicimos cosas muy distintas.
Eso yo siempre lo explico como parte de la libertad que nos dieron nuestros
padres para elegir lo que quisiéramos ser. Así que mi hermano eligió ser
sacerdote, de hecho se fue al seminario en la provincia de Santa Fe. Al momento
en que terminábamos la secundaria nos íbamos yendo; y eso pasó con la mayoría.
Juan Carlos: Un día deciden venir a los estudios universitarios acá. Siguen
carreras distintas, pero los dos en San Juan.
Mario: Sí. Yo vengo buscando una carrera que fuera afín a la tierra. Mi
padre tenía finca, yo era el que más le ayudaba y dije, "Bueno, no hay
agronomía”. Buscando qué cosas tenían afinidad con la tierra y con la finca,
descubrí que geología tenía estudio de suelo e hidrogeología. Entonces vi que lo
que más se parece a la agronomía es la geología. Había geología en San Juan,
quedaba cerca para escaparme a Jáchal de vez en cuando, así que elegí geología
y con el tiempo me di cuenta que tenía una enorme superposición con agronomía,
que por ahí los agrónomos todavía no se convencen que en función de la roca es
lo que puedo plantar, ¿no? Por ejemplo, para el vino las bajadas calcáreas son
las mejores zonas. De ahí que Pedernal y todas las áreas de bajada de rocas
calcáreas tienen muy buena calidad de vinos. Entonces, había bastante en común
y de hecho la calidad del agua de riego, la calidad del agua subterránea tiene
mucho que ver con la geología, depende de los materiales la calidad del agua.
Así que siempre seguí la pasión, mucho por la tierra, pero especialmente dije
“la tierra nos tiene que dar algo más.” La agricultura no nos dio tanto.
Juan Carlos: Yo me imagino de haberte quedado en Jáchal y como agrónomo,
serías cebollero en este momento seguramente.
Mario: Sí, porque mi padre sembraba cebolla y tomate. Es verdad.
Juan Carlos: Y en el caso de Selva, arquitectura.
-- Sí, arquitectura. En realidad, como somos tan seguidos los cuatro, la
primera en venir a la facultad fui yo. El primer año estuve viviendo con mis
abuelos y mis tíos. El segundo año ya se venía mi hermano, al otro año mi
hermana, así que mis padres tuvieron que levantar el campamento y venirse a
vivir. Todos nos vinimos.
Juan Carlos: No quedó ningún Martínez.
Selva: En el segundo año de la facultad ya estaban todos acá y pudimos ir a
la facultad. En mi caso, seguía arquitectura. Gustavo siguió comunicación.
Sonia, la parte de recursos humanos y es licenciada en administración de
empresas; y el más chico es médico.
Juan Carlos: Llegó el momento de emigrar de Jáchal, para venirse a la
universidad. ¿Ya eran novios?
Selva: Preparamos allá un grupo de compañeros en
trigonometría, me acuerdo. Estudiábamos en mi casa y vinimos juntos los seis a
empezar la universidad. Todos los fines de semana salíamos a tomar algo, a dar
una vuelta y uno de esos fines de semana se habían ido los otros cuatro y
quedamos solos los dos. Ese sábado a la noche fue antes de entrar a la
universidad.
Juan Carlos: ¿Cuántos años tenían? ¿17 años?
Selva: Teníamos 17 años, exactamente.
Mario: Sí, esa noche yo fui letalmente seducido.
Juan Carlos: Explicá un poquito. Vamos, vamos con detalle.
Mario: Bueno, sí, habíamos venido a estudiar y como
que nos quedábamos solos en San Juan y, bueno, salimos un fin de semana y a
partir de ahí nació esta relación, así que son bastantes años de noviazgo. Yo
quería romper el récord que tenía mi tío Yayo, que tenía 13 años de novio. Yo
decía, "tengo que tener un año más” y después nos casamos.
Selva: Llevamos 35 años casados.
Juan Carlos: O sea, que han pasado más de la mitad de la vida juntos.
Mario: Sí, tal cual. Así es.
Juan Carlos: Y de esa descendencia ¿qué pasó? ¿Cuántos hijos tienen?
Mario: Tenemos dos hijas, Jimena y Sol. A ellas les pasó lo que a nosotros.
Cuando terminaron la secundaria se fueron a estudiar a Córdoba. Jimena está
haciendo una maestría en administración de negocios en Buenos Aires y Sol está
haciendo su tesis para ciencias económicas. Llegó una nieta, que es una de las
cosas más lindas que nos pasó. Así que por suerte al terminar la universidad,
mi hija se vino a vivir a San Juan. La tenemos cerca y la vemos casi todos los
días, así que de alguna manera están retornando mis hijas, mirando mucho qué es
lo que se viene en San Juan en términos de desarrollo. Ellas son muy optimistas
con respecto a lo que viene.
Juan Carlos: Hay mucha gente que cree que ya empezó el fenómeno minero acá.
De hecho, ojo, digámoslo claramente, se está haciendo mucha minería de
exploración, que significa mucho dinero también y mucho trabajo.
Juanca: Y Veladero lleva 20 años también…
Juan Carlos: Aparte, lo que es Veladero, ¿no? Pero están haciendo exploración y
eso significa una inversión grande.
Juanca: ¿Qué significó para vos, Mario, que fuiste factor fundamental, que
la minería empezara en Jáchal con Gualcamayo?
-- Yo lo describo como un milagro, ¿no? Porque en Jáchal siempre que te vas
a estudiar, algún día soñás con volver para hacer algo. Yo volví justamente
durante la prospección y exploración de Gualcamayo. Comenzamos desde cero en Gualcamayo.
Juanca: Pero también ponías la cara por la minería.
-- Absolutamente, sí.
Juan Carlos: En el tiempo de la cacerola.
-- Exactamente. Había mucha turbulencia. Era complejo, pero sí creo que
tuvo mucho que ver también cuando el presidente de la compañía para la cual yo
trabajaba en Gualcamayo me dijo, "Tenés que prepararte porque sin licencia
social no vamos a tener minería." Entonces él me llevó a Vancouver a hacer
una especialización, una especie de maestría en negocios con responsabilidad
social. Me entrenó ahí, viajaba seguido a Vancouver en esa época, y ahí empecé
a ver este tema de la licencia social; cómo los conflictos sociales estaban
afectando mucho a la minería. Y en ese momento se da justamente el caso de
Esquel 2003, que fue como el inicio del “no” a la mina en Argentina. Fue un
conflicto muy duro para el mercado y también para los exploradores. Así que
creo que tuvo mucho que ver cómo empezó a valorarse la comunicación y cómo se
produjo el encuentro entre la empresa y la comunidad. Después tienen que darse
esos tres actores: empresa, comunidad y gobierno. Recuerden ustedes que el
primer fondo fiduciario que se firma en términos de producción de aporte sobre
las ventas de metales fue Gualcamayo, y me tocó a mí, como vicepresidente de la
compañía, firmarlo. Así que fue un momento importante para Jáchal en términos
de obra, de desarrollo, pero de mucho trabajo.
Juan Carlos: Tachi era centro de consulta sobre el uso del adobe en la
arquitectura. Fue un debate que en su momento nació en Jáchal, precisamente.
-- En realidad, de lo que he trabajado mucho tiempo es en el refuerzo de la
vivienda de adobe. En hacer una vivienda lo mejor posible en cuanto a normativa
de seguridad, porque hay mucha gente que no tiene otro acceso, no es que
estemos diciendo que lo mejor es una vivienda de adobe. Ojalá todos pudieran
tener una vivienda sismorresistente, pero hay otra realidad. Uno lo ve en
Jáchal y en todas las áreas rurales. Entonces, la idea era reforzar esas
viviendas que ya existían, pero siempre tuvimos una piedra en el zapato que fue
el Consejo Profesional de Ingenieros, que no entendía que no proponíamos un
prototipo de vivienda de adobe. Tratábamos de mejorar la existente, de
reforzarla hasta que existiera la posibilidad de acceder a una sismorresistente.
Juanca: Aparte el mantenimiento es clave, que no se hace por lo general, y
que no es tan caro con directivas bien dadas por profesionales.
-- Hay normativas que nuestros antecesores siguieron, pero últimamente los
muros ya no tenían el espesor que que originalmente tenían y que le daba
seguridad. Las aberturas fueron mayores a las que se pueden hacer. La distancia
entre encuentros de muros también fue superior. La altura…
Juan Carlos: La forma de hacer el adobe también es distinta.
-- Sí, y las medidas de la unidad de cada uno de estos elementos. Así que
bueno…
Juan Carlos: En Jáchal todavía hay mucha construcción de adobe, ¿no?
-- Sí. Avanza mucho la sismorresistente porque para aprobar viviendas u
oficinas o lo que sea, se están poniendo muy estrictos en que sea así. Entonces
muchos tienen que llegar a ese sistema, pero en la costumbre, y sobre todo en
las áreas rurales, está la vivienda de adobe y hay muchas todavía.
Juan Carlos: Uno de los recuerdos de Jáchal que tengo es con el Gordo
Iglesias. Hacíamos un programa en Canal 8, fuimos a un restaurant muy conocido
del Chatito Flores y queríamos comer chivo, porque era famoso el chivo de
Jáchal. En su momento él nos dice, "Mire, tengo que decirle, ya lo
compramos todo de afuera, viene de San Luis este chivo”. Se está perdiendo gran
parte de lo que fue Jáchal originalmente.
Mario: Sí, porque esa ganadería estaba muy relacionada al campo y la gente
empezó a dejar el campo. Entonces, en la época en que yo comenzaba a explorar,
que uno salía a campo traviesa, empezaba a encontrar puestos y muchos
productores. Cuando volví luego de 10 años, ya no quedaba prácticamente
ninguno. Todos habían migrado porque crecieron los hijos, porque había que
mandarlos a la escuela. Entonces, hubo una pérdida de ese trabajo que cuando
vamos a la cordillera lo encontramos en los crianceros chilenos, ¿no? Todavía
ellos mantienen esa cultura de producir queso, de venderlo, y hay toda una
industria detrás de eso. Nosotros lo perdimos en Jáchal, y cuando los puesteros
bajaban a la vida, nosotros comprábamos el quesillo, ¿no? Así que sí, pasaba
eso, que con el tiempo la gente fue cambiando de idea y trató de buscar en la
modernidad otra manera de vivir.
Juan Carlos: Yo no sé qué va a pasar, tal vez vos lo puedas explicar por
estar metido en este fenómeno de la minería. No coinciden los grandes centros
urbanos que hay en el país con los desarrollos mineros o productivos que se
vienen, como el petróleo, Vaca Muerta, minería en San Juan… ¿Qué va a pasar
ahí? ¿Va a venir gente a estos lugares? Porque no sé cómo se va a hacer el
traslado, pero de alguna forma es un nuevo mapa poblacional que va a haber en
la Argentina.
-- Sí, recordemos el fenómeno que veíamos de la gente de Jáchal que venía a
San Juan, y nos pasó con nuestra familia, porque la universidad estaba en San
Juan o en otras ciudades. Ese mismo fenómeno también se dio en las provincias
que por ahí tenían más problemas estructurales de pobreza. La gente iba
buscando oportunidades y se fue al gran Buenos Aires. Entonces, hubo un boom
industrial, de generar más valor. Creo que ahora comienza una etapa en la que
se da el fenómeno inverso, la gente quiere volver. Lo veo con mis hijas, que
quieren volver a San Juan, porque lo ven con perspectiva de que a partir del año
que viene, dos o tres años más adelante, esta economía va a ser otra. Creo que
va a haber un retorno de los que se fueron, y es probable que después haya una
migración de gente que nunca estuvo.
Juanca: Parte de lo que decías, por ejemplo, empieza José María, vienen 1000
personas de afuera y varios de ellos dicen, "Queremos estar en Jáchal
porque los que estamos trabajando vamos a estar un poquito más cerca de la
familia”. También pueden decir “queremos enviar nuestros chicos a escuela
privada, queremos casas de determinada categoría, queremos…” y no sé si se está
pensando también la infraestructura de lo que se viene quizás en dos o tres
años.
-- Bueno, esa la razón por la cual esa gente, especialmente cuadros
especializados, más la parte de ingeniería y de gerenciamiento, se instala en
San Juan, porque sabe que hay colegio bilingüe, más infraestructura, barrios,
otro nivel de confort y eso es lo que empieza a faltar en Calingasta, en
Jáchal, en Iglesia. Si vemos los niveles de cobertura, por ejemplo, de calidad
en términos de salud, nos encontramos con un abismo de distancia. Entonces, me
parece que hay que repensar en términos de infraestructura. Creo que Jáchal fue
el lugar que por ahí más reaccionó de manera rápida con un gran hospital, y lo
dijimos cuando se decidió construir el nuevo hospital de Jáchal. Cuidado que
van a hacer falta profesionales especializados y complejidad.
Juan Carlos: Lo fundamental también son las rutas. Fíjate que hoy está más
cerca Albardón que el Barrio Camus. Jáchal tendría que estar a 50 minutos, a
una hora a más tardar con una autopista.
-- Yo tengo una visión distinta. Me parece que se viene el momento de los
trenes, se viene el momento de las líneas eléctricas, de la electromovilidad.
Yo a eso lo veo. Por ahí, no sé, no va a pasar tan rápido como se puede ver,
pero yo soy muy optimista con eso porque todo lo que no se pueda mover en ruta
por una cuestión de dificultad y por costo, se tendría que mover en tren y creo
que hay una gran oportunidad ahí.
Juan Carlos: Ustedes son los primeros jachalleros que han pasado acá.
-- Muchas gracias.
---Treinta y cinco años de casados, trece años de novios...
--Exactamente, toda una vida.
Juan Carlos: Y contaron la historia acá, en La Ventana.
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