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La visita de Bobby Fischer a San Juan que convocó multitudes

La visita de Bobby Fischer a San Juan que convocó multitudes
Una foto inédita: La foto de Bobby Fischer ante un estadio Aldo Cantoni con la mayor multitud jamás reunida por el ajedrez en San Juan. Tan veloz era el norteamericano, que durante el recorrido del “circuito”, puso su largo pie en la mesa de Jorge Herrera. Como es de imaginar tanto las piezas blancas como Pasa a página siguiente las negras se desparramaron, como muestra la foto.


Una foto inédita: La foto de Bobby Fischer ante un estadio Aldo Cantoni con la mayor multitud jamás reunida por el ajedrez en San Juan. Tan veloz era el norteamericano, que durante el recorrido del “circuito”, puso su largo pie en la mesa de Jorge Herrera. Como es de imaginar tanto las piezas blancas como Pasa a página siguiente las negras se desparramaron, como muestra la foto.


Cuando el ajedrez lleno el estadio Aldo Cantoni

El más famoso y controvertido campeón mundial de ajedrez estuvo varias veces en la Argentina.
Bobby Fischer no solo se limitó a la Capital Federal. Durante su histórica visita de 1971, tras vencer a Tigran Petrosian, realizó una gira de exhibiciones simultáneas por diversas provincias del interior del país, contratado por el gobierno nacional. Originalmente estaba planeado para 17 ciudades del interior, consolidando su estatus de ídolo popular en todo el territorio argentino. 
Fischer fue contratado por el Ministerio de Bienestar Social de la Nación, conducido por Francisco “Paco” Manrique para que brindar una serie de simultáneas en las ciudades de Rosario, Paraná, Tucumán, Buenos Aires, Resistencia, Corrientes, Salta, Jujuy, Córdoba, San Juan, Mendoza, Neuquén, General Roca, Bahía Blanca, Balcarce, Mar del Plata y La Plata.



Fischer visitó la provincia el lunes 22 de noviembre de 1971, apenas unas semanas después de haber vencido a Tigran Petrosian en Buenos Aires. 
La exhibición de simultáneas se llevó a cabo en el Estadio Aldo Cantoni.
Dice la crónica:
“ Un excepcional espectáculo; una gran fiesta del ajedrez y una excelente exhibición del gran maestro internacional «Bobby» James Fischer. Superó a los 20 jugadores sanjuaninos en una noche inolvidable para el juego ciencia de nuestra provincia. Un numeroso público (más de dos mil personas) pusieron adecuado marco a la sesión de simultáneas, las cuales se realizaron en el estadio cubierto de Parque de Mayo.


“La ceremonia fue presidida por el primer mandatario, doctor Carlos Enrique Gómez Centurión. El gobernador hizo uso de la palabra, señalando que era una verdadera satisfacción para San Juan, contar con la presencia de Robert Fischer y también de ver este estadio con un público numeroso.
 “Tras las breves palabras del mandatario sanjuanino se iniciaron las partidas simultáneas. El ajedrecista americano que vestía traje azul, zapatos negros y corbata verde abrió todos los juegos con peón cuatro rey. El motivo de ensayar esta apertura es que Fischer se prepara con esta línea para su próximo compromiso (en abril del año venidero) con el soviético Boris Spassky por el título mundial. Esta explicación la proporcionó el gran maestro German Pilnik.

Exactamente a las 21.45 comenzaron los juegos y el primer triunfo de Fischer lo obtuvo frente a O. Chionetti en trece movimientos, Héctor García (24 jugadas), Ángel Lucero (23) J. Herrera (31), E. Primo (33), R. Clavel (35), V. Castro (36), E. Rodrigo (35), Ramírez (37), G. Cara (37), E.Temiño, E. Carlín (42), G. Cano (47), J. Suárez (44), Perona (37), A. Ocampo (50), Podestá (49), J. Ortiz (48), Rodrigo (40) y frente al campeón sanjuanino Norberto Hammar lo superó en el movimiento 63. En esta última partida, el maestro internacional explicó que de haber cambiado de variante Hammar hubiera alcanzado tablas. De todas maneras, la actuación del valor local fue excelente.
El jefe de la expedición que exhibe a Fischer era el maestro alemán German Pilnik, ajedrecista nacionalizado en nuestro país.

 Aparte del brillante ingenio del «monstruo» americano, el espectáculo al margen fue el comienzo de la sesión. Con excepcional rapidez Fischer efectuaba sus movimientos, haciendo «zapatear» sus piezas en la casilla que elegía, produciéndose un auténtico «ballet». Tan veloz era el norteamericano, que durante el recorrido del «circuito», puso su largo pie en la mesa de Jorge Herrera. Como es de imaginar tanto las pizas blancas como las negras se desparramaron. Fischer volvió su cabeza y prolijamente dejó la posición como estaba, mientras que con cierta duda nuestro ajedrecista se fijaba si le faltaba algo.


La partida de Hammar fue la última que ofreció mayor resistencia a «Bobby» Fischer. Tras haber vencido a los 19 valores se dedicó a efectuar el remate del tablero que conducía el campeón sanjuanino 1971. Con maestría Fischer consiguió triunfar sobre la base de un peón pasado n la columna de la torre. Sin embargo, el americano reconoció que la partida pudo ser tablas. Esto demuestra que nuestros valores deben preocuparse en los finales, pues como en el juego de anoche, existía optimismo en que podría finalizar empatada.

La organización del espectáculo no fue del todo eficiente. Aunque evidentemente las cosas se complicaron casi al cierre de la jornada. Los representantes del orden fueron demasiado contemplativos y no pudieron evitar que gente que al comienzo se había instalado en las tribunas ingresara a la pista misma. Fischer no hizo problemas, pero German Pilnik, protestaba a cada momento, porque los aficionados se acercaban a las mesas. ¡Al final todo fue normal y la fiesta no se empañó.

Según las crónicas, aportadas por el licenciado Ricardo Sánchez Alonso, “Al término de la sesión Fischer se instaló rápidamente en el hotel. Cuando nada hacía presumir, el largo esqueleto del norteamericano se apareció en la puerta de su ocasional residencia y salió en búsqueda de vidrieras. El ministro Carlos Yosa y el traductor oficial arquitecto Elio Sánchez y la guardia personal del gran maestro, lo acompañaban en su corta gira céntrica. Las largas zancadas de Fischer obligaron al ministro Yossa a abandonar su custodia se vio necesitado a trotar para mantener el ritmo del ajedrecista. Tras una hora de caminata, mirando calzados y conociendo nuestra ciudad, Robert Fischer se entregó al descanso mientras que los acompañantes todavía deben estar reponiéndose del trajín de sólo 60 minutos”.



Bobby Fischer no solo jugaba al ajedrez; vivía para él.


La triste vida de un genio que terminó mentalmente devastado

La vida de Bobby Fischer fue una mezcla de genialidad absoluta y un descenso gradual hacia la paranoia y el aislamiento. Pasó de ser un héroe cultural en Occidente a un fugitivo de la justicia estadounidense.



Fischer no solo jugaba al ajedrez; vivía para él. Aprendió ruso solo para poder leer las revistas especializadas de la Unión Soviética (que tenían el mejor nivel) y descubrir sus secretos.
Antes de cada match, exigía condiciones insólitas: una iluminación específica (medida en lux), sillas ergonómicas traídas de otros países, y silencio absoluto. Odiaba el ruido de las cámaras y de los caramelos al abrirse.


En plena Guerra Fría, venció al soviético Boris Spassky en Islandia. Fue un evento político: EE. UU. contra la URSS.
Tras ganar, desapareció. Renunció a su título en 1975 porque la FIDE no aceptó todas sus exigencias para el reglamento del match contra Anatoly Karpov.

Pasó casi 20 años en la sombra, viviendo en comunidades religiosas extremas y gastando su fortuna.
A pesar de tener ascendencia judía por parte de su madre, Fischer desarrolló un antisemitismo virulento.
Creía que el mundo estaba controlado por una conspiración judía que quería destruirlo.
Se volvió paranoico: pensaba que los soviéticos le enviaban rayos a través de la televisión o que le habían implantado un chip en las muelas (por lo que se hizo sacar todos los arreglos dentales de metal).



En 1992 volvió a jugar un match contra Spassky en Yugoslavia.
Yugoslavia estaba bajo embargo de EE. UU. Fischer escupió públicamente sobre la orden del gobierno estadounidense que le prohibía jugar.
Desde ese momento vivió como un prófugo. Estuvo en Hungría, Japón (donde fue detenido) y finalmente Islandia, que le dio la ciudadanía por «gratitud histórica» para que no fuera extraditado a EE. UU.



Campeonato Mundial entre Borís Spasski (izquierda) y Bobby Fischer (derecha), Reikiavik (Islandia) 1972



Fischer estaba convencido de que los servicios de inteligencia soviéticos (la KGB) o los estadounidenses (la CIA) podían controlar su mente o rastrearlo a través de frecuencias de radio.
En los años 70, se hizo quitar todas las amalgamas y empastes metálicos de sus muelas. Creía que funcionaban como antenas o receptores de señales enviadas para desconcentrarlo durante las partidas o espiarlo. Esto le causó problemas de salud dental crónicos, pero para él era una cuestión de «seguridad nacional» personal. Siempre llevaba consigo un medidor de radiación para chequear la comida y los hoteles.



Como si esto fuera poco, llegó el punto de no retorno cuando el mismo día de los atentados a las Torres Gemelas, Fischer dio una entrevista telefónica a una radio en Filipinas (donde vivía refugiado en ese momento). Festejó el ataque diciendo que era «una noticia maravillosa» y que deseaba ver a Estados Unidos «borrado del mapa». Sus declaraciones fueron tan violentas que incluso sus amigos más cercanos, como el propio Boris Spassky, quedaron horrorizados. Esto selló su destino como «persona no grata» definitiva en su país natal.



Fischer vivió años saltando entre países (Hungría, Filipinas, Japón) para evitar la orden de captura de EE. UU. por haber jugado en Yugoslavia en 1992.
Fue arrestado en el aeropuerto de Narita (Tokio) cuando intentaba viajar con un pasaporte cancelado por el gobierno de Bush. Pasó 9 meses detenido en condiciones precarias. Su aspecto cambió drásticamente: se dejó una barba larga y descuidada, pareciendo un náufrago. Estaba convencido de que lo iban a ejecutar si lo enviaban a Estados Unidos.
Islandia, el país que lo vio coronarse en 1972, fue el único que tuvo el gesto humanitario de darle la ciudadanía para sacarlo de la cárcel japonesa.
En sus últimos años en Reikiavik, era un hombre solitario que frecuentaba librerías de viejo y se peleaba con cualquiera que intentara sacarle una foto.


De todos modos, es oportuno destacar que incluso en su locura, fue un visionario. Él inventó el sistema donde se agregan segundos por cada jugada (el estándar actual).

Además, creó el Fischer Random (Ajedrez 960), una variante donde las piezas de la primera fila se sortean, para que los jugadores tengan que pensar y no solo memorizar aperturas de libros.

Bobby Fischer murió en 2008, a los 64 años por una insuficiencia renal. Se negó a operarse porque desconfiaba de los médicos (creía que lo iban a envenenar en la mesa de cirugía). Irónicamente, su vida terminó en el mismo número que las casillas de un tablero.

Fuente: La nota sobre la estadía en San Juan contó con el aporte de datos proporcionados por el licenciado Ricardo Sánchez Alonso.


Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2187 del 11 de abril de 2026



Galería

Bobby Fischer es saludado en el estadio Aldo Cantoni
Bobby Fischer es saludado en el estadio Aldo Cantoni
Bobby Fischer, tablero mediante, frente a un participante del torneo realizado en el estadio Aldo Cantoni
Bobby Fischer, tablero mediante, frente a un participante del torneo realizado en el estadio Aldo Cantoni
Bobby Fischer no solo jugaba alajedrez; vivía para él.
Bobby Fischer no solo jugaba alajedrez; vivía para él.
Bobby Fischer murió en 2008, a los 64 años por una insuficiencia renal.
Bobby Fischer murió en 2008, a los 64 años por una insuficiencia renal.
Campeonato Mundial entre Borís Spassky (izquierda) y Bobby Fischer (derecha), Reikiavik (Islandia) 1972
Campeonato Mundial entre Borís Spassky (izquierda) y Bobby Fischer (derecha), Reikiavik (Islandia) 1972
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