Historias de familias: Andrés Kerman – Cecilia Cabo
La siguiente entrevista fue realizada por Juan Carlos Bataller en el programa La Ventana para el ciclo Historias de familias el 27 de febrero de 2026
El matrimonio de los
doctores Andrés Kerman y su esposa Cecilia Cabo durante la entrevista en el
programa La Ventana
Hoy es un gusto tener al doctor Andrés Kerman y a su esposa Cecilia
Cabo. Vamos a charlar para conocer más a esta familia sanjuanina.
Bienvenidos, un gusto tenerlos acá.
-- ¿Cuándo aparece en la historia argentina el apellido Kerman?
-- El primer inmigrante de la familia Kerman es mi abuelo paterno. Mis cuatro
abuelos son ucranianos. El primero fue mi abuelo Adolfo, que tuvo un periplo
simpático sin idioma y sin escolaridad. Empezó en 25 de mayo, Santa Rosa y
terminó en Valle Fértil, donde trabajaba mi abuela en un lugar de ramos
generales. Mi abuelo llevaba ganado a Chile y trabajaba la mica, pero Kerman es
de Ucrania.
-- Yo quisiera que fueran pasando algunas imágenes. La idea es ir conociendo
un poco más. Tal vez esta pasión por el “sanjuaninismo” viene de lejos, pero es
bueno conocer las historias de cada uno, ¿no?
-- Bueno, alguna vez te vamos a sentar de este lado y nosotros te vamos
a hacer hablar de la familia Bataller, que también tiene presencia e
importancia en San Juan.
-- Las historias de las familias de San Juan son apasionantes porque
generalmente aparece un inmigrante; pero seguimos un poquito antes de traer a
la familia Cabo. Después de ese abuelo que fue minero, que estuvo en Valle
Fértil, ¿qué pasó?
-- Ganadero, minero, ramos generales… finalmente dejó de vivir en San Juan
cuando tenía muchos años.
Los doctores Andrés Kerman y su esposa Cecilia Cabo junto a Juan Carlos
Bataller, conductor del programa La Ventana durante la entrevista para el ciclo
Historias de familias.
-- Pero lo que es admirable es alguien que viene de un país con un idioma,
con un alfabeto distinto, con muy poca edad… Me encuentro con otros
inmigrantes, Abner, por ejemplo, también tenía veinte años cuando vino a San
Juan con una valijita. Unos fueron a 25 de Mayo, otros fueron a Valle Fértil, a
cualquier lugar y empezaron desde ahí. Hicieron verdaderamente una familia
sanjuanina.
-- Mis abuelos paternos tuvieron cuatro hijos. Mi tía, la única mujer de esa
familia, fue la primera odontóloga. Es decir, desde la nada se preocupaban por
la educación, por la cultura. En la plaza de Valle Fértil mi tía tocaba el
piano y mi papá el violín los domingos como fiesta del pueblo. El primer camión
que llegó a Valle Fértil lo llevó él.
-- Nombraste a tu papá, que fue ministro de Salud en el tiempo de Gómez
Centurión, ¿no?
-- Sí, con Bebe.
-- Ya el salto, del inmigrante a tener el hijo que llega a ser ministro.
-- Sí, sí. La Argentina en ese sentido es ejemplar, exquisitamente
generosa. Este es un lugar donde la gente ha podido desenvolverse. Seguramente
tenemos cosas en Argentina para criticarnos, pero hay otras de las cuales nos
tenemos que sentir orgullosos.
-- Aparte yo creo que el sentido solidario de la Argentina no se da en otros
países tan marcadamente. Hay gente que ha tenido problemas de salud en países
mucho más ricos y se han visto en figurilla.
-- Es así en la actualidad.
-- En Argentina no dejan de atender a nadie, ¿no?
-- Es así.
-- ¿Los Cabo cuándo llegan y desde dónde?
-- En realidad, mis abuelos son argentinos. La inmigración fue de los
bisabuelos. Los bisabuelos venían de Italia y de España.
-- Italia y España, como la mayoría. Fue una gran migración. ¿Qué país ha
podido tener cinco millones de inmigrantes y ha crecido? Uno ve los problemas
que hoy tiene Europa con alguna migración que quiere conservar sus ritos
religiosos y demás y acá, sin embargo, pudieron imponer un idioma, pudieron
imponer una bandera y así se hizo un país, una nación.
-- El sentido de pertenencia del argentino es muy importante, a pesar de que
tengamos grietas y sinsabores de variada índole, pero el sentido de pertenencia
existe.
-- Andrés, tu amor por la medicina creo que nace por tu padre, pero también
por la rama de los Kalejman y los Goransky ¿no?
-- Kalejman, pediatra, se casó con esa tía que te digo que era odontóloga:
y ese tío Kalejman, muy buen pediatra, fue pediatra tuyo.
-- Mío, sí. Me salvó la vida una vez. Ya dos veces me han salvado la vida…
-- Ese pediatra se casó con mi tía Kerman y no la dejó trabajar como odontóloga
porque la cultura no daba para que la mujer trabajara y desprotegiera el hogar.
Es otra historia, digamos. No hay que pensarlo con otra mentalidad, no hay que
criticarlo como una manera diferente de pensar.
-- Entonces tu tío es pediatra también, el doctor Enrique Kalejman, toda una
figura en San Juan. Una vez me relataron una anécdota, él estaba muy enfermo
del corazón y cortaron el tránsito para no molestarlo cuando estaba reposando…
-- Sí, en la avenida Córdoba.
-- Eso es amor hacia un profesional, ¿no?
Cecilia: Sí, sí; y él tiene una hija que también es médica.
-- Se siguen las tradiciones
Cecilia: Y sí… y una nieta también.
-- ¿Cómo es estar juntos en un quirófano?
Cecilia: Bueno, de toda la vida.
-- Toda la vida. Una vez lo escuché decir a Andrés “el día que Cecilia no
esté, yo dejo de ser cirujano.”
Andrés: La pandemia cambió muchas cosas y uno se podía dar el lujo de
desdecirse. En este caso, Cecilia en particular, siendo como es una brillante
anestesióloga, decidió que no iba a trabajar más desde la casa. En aquel
entonces, año 2021, la Asociación de Anestesiología hizo que los anestesistas
de cierta edad no trabajaran; le cubrían los ingresos igual y los más jóvenes
se ocupaban tanto de las terapias como de las anestesias de urgencia, porque se
operaban urgencias más que nada, como cáncer. Ella conoció una vida diferente
sin el quirófano, que yo creo que lo extraña, pero se resiste.
Cecilia: No, no, él está convencido, pero no lo extraño, la verdad que
no.
-- ¿Alguna vez sintieron dentro de una sala de operaciones la angustia de
decir “se nos va un paciente”, y que la vida dependía de eso?
Cecilia: Yo, pero antes, no con él, sino en la época en que estaba en
Buenos Aires, una época más fea de Argentina.
-- ¿Quieren saber lo que piensa de ustedes un cirujano? Vamos a ver.
-- Buenas noches a todos. ¿Cómo están? Papá, mamá, buenas noches. Es muy
difícil dimensionar lo que significa la familia, una familia que va mutando y
cambiando a medida que pasa el tiempo con nuevos integrantes y con algunos que
se van cada tanto. Les envío un beso muy grande desde este lugar que nos
atraviesa como familia, que es el quirófano.
-- La familia, ¿no? Ese es Javier.
Andrés: Sí, sí. Estamos orgullosos de los tres hijos.
Tenemos otro, psicólogo que vive en Córdoba, en José de la Quintana, y trabaja
en Alta Gracia. Tenemos al más chiquito, agrónomo apasionado por la ingeniería,
y lo tenemos en San Juan. De los tres te diría que estamos orgullosos, médicos
o no. Los tres nos hacen sentir muy bien como padres, son decentes, que a veces
no es fácil encontrar que alguien sea decente; también son cariñosos, nos
protegen, se preocupan demasiado a veces, nos critican muchísimo, pero somos
una familia con buenas relaciones y los chicos nos sostienen, ni hablar de los
nietos. ¿Qué te voy a decir a vos de los nietos?
-- ¿Cuántos nietos tienen?
Cecilia: Tres. Ojalá fueran seis.
-- Yo tengo 12.
Andrés: Por eso te digo “que te voy a decir a vos.”
-- Es cierto que la relación entre padre e hijo ha cambiado mucho de
generación en generación, ¿no? Yo no digo que hay que ser amigos de los hijos,
pero es un trato más horizontal que en otras épocas, ¿Verdad?
Cecilia: También por el tema de las conversaciones. Antes había cosas que
no se hablaban entre padres e hijos por más buena relación que tuvieras. Hoy en
día uno toca todos los temas con los hijos…
-- Por ahí se aprende de los hijos.
Cecilia: Claro, varias cosas.
-- Me imagino que toda esa etapa, todos los años que pasaron trabajando
juntos, llegaban a la casa y de algo hablaban. ¿Del caso que habían tratado o
tenían otros temas de conversación?
Cecilia: De la casa, y la casa seguía funcionando. Los hijos también,
¿cierto?
-- Tres chicos… no es fácil.
Andrés: No todas son flores, en general. Mientras uno trabaja hay de todo.
Hay demandas, necesidades, no hay voces levantadas ni malas palabras, pero a
veces palabras un poco más fuertes, digamos, que es lógico. El destino final de
los esfuerzos del anestesiólogo y del cirujano es que el paciente esté bien,
¿no es cierto? Y en esa preocupación a veces entra el que piensa que puede
hacer algo diferente o mejor. Así que había de todo y en buena hora, yo me
sentía protegido porque ella es muy buena. Ella se sentía cómoda porque las
únicas anestesias que hacía eran las mías. Dejó el hospital apenas nacieron los
chicos para tenerlos en cuenta. Así que fue una relación muy linda de trabajo,
y a la tarde recibía las mismas críticas y los mismos retos que has de recibir
vos en tu casa, seguramente…
-- Tal vez un poco menos que ustedes, ¿no?
-- No, pero uno posterga. Posterga el hogar, posterga la familia por la
pasión, esa misma pasión que tienen ustedes por el periodismo. A veces posterga
todo eso y menos mal que existen las mujeres, los matriarcados son buenos en
ese sentido porque protegen a los vástagos, hacen que todo se aglutine, que
sume.
-- ¿Tienen algún hobby que compartan o por separado?
Andrés: Antes compartíamos la pesca,
pero el clima hostil, los lugares apartados o la falta de comodidades alejaron
a ella de eso; yo sigo apasionado por la pesca. Antes le gustaba el golf,
después le parecía que era un poco difícil, así que no lo compartimos tampoco y
yo sigo apasionado con el golf. Ella tiene un grupo de amigas excelente, muy
lindo, y por supuesto que hacen pilates, caminan…
Cecilia: Antes jugábamos al paddle, en una época pasada, aunque ahora
también es un boom.
-- Ahora se llama pádel y antes era paddle. Cambió todo. Dentro de la
medicina, el apellido de ustedes también está ligado al Sanatorio Argentino,
que es una obra importante, tanto la parte médica como la empresarial.
Andrés: Sí, es grande y nunca ha dejado de crecer. De hecho, ahora
incluímos la terapia intensiva de adultos, y ya teníamos la pediátrica y la
neonatal. También va a venir algún sistema más complejo de imágenes, tomógrafo
y hemodinamia para que se cubran todos los espectros del tratamiento de los
pacientes. Tenemos la residencia de ginecología, que es una de las primeras
residencias privadas.
-- Hay algo que a mí me impresionó para bien, que se hablara de terapia
intensiva abierta. Porque gente que ha tenido que estar algunos días en terapia
intensiva dice: "Yo prefiero cualquier cosa antes de volver a la terapia.”
La sensación es horrible por la soledad, no saber si es de día o de noche… que
alguien haya pensado en abrir el techo, poner un vidrio, es un cambio muy
grande, ¿no?
Andrés: Justamente el trato humanizado es prioritario en el sanatorio. El
trato humanizado incluye a los colaboradores, los prestadores, los pacientes,
los parientes, los más difíciles y los más fáciles. La terapia abierta la
empezamos con la pediátrica y con la neonatal, y tiene la gran ventaja del
monitoreo del familiar sobre el paciente, es decir, desde la medicación que se
le da, la evolución y que vaya enterándose paso a paso cómo es todo. Los
parientes son muy buenos monitores; y lo otro es la sensación de compañía
familiar, de cariño de alguien que está necesitado de asistencia, ¿no es
cierto? Pero el sanatorio le da tremenda prioridad al trato humanizado. Hemos
sido la primera terapia abierta. Ahora siguen nuestro ejemplo varias terapias
en el país.
Cecilia: Es que al ser abierta no es solo luz, ¿no? Sino que se permite
que siempre el paciente esté acompañado por algún familiar.
-- Que justo ahora se hable de trato humanizado está muy bien, porque lo que
yo escucho de crítica hacia la medicina actual es que no es tan humana como en
otras épocas. Yo tuve un suegro médico y él atendía al abuelo, al padre, al
hijo. Hoy se trata de especialistas y a veces te toca el turno dos meses
después de que se te pasaron los dolores; y el trato humanizado es clave,
¿verdad?
Andrés: Es lo más importante, porque la empatía no viene de fábrica. Las
facultades no tienen una materia que se llama “empatía”, que significa ponerse
en el lugar del otro, hacerle saber que uno conoce su sufrimiento y que está
dispuesto a ayudarlo de la mejor manera posible. En el mundo es así, Juan
Carlos, no solo en Argentina. El mundo está sufriendo la escasez de
especialistas; primero médicos, enfermeros, kinesiólogos… te estoy hablando del
mundo occidental, y se vuelve difícil no interpretar al paciente como un número
y tener un tiempo limitado para la asistencia. Entonces se pierde eso que tenía
tu suegro de mirar al paciente, escucharlo, escuchar al familiar, examinarlo,
tocarlo antes de ver los estudios y demás.
-- Yo, que lo veo desde el punto de vista de mi profesión, el periodismo es
un oficio, pero que es una forma de vida. La del médico es una forma de vida
también; no son médicos de 14 a 24, sino que es todo el día.
Andrés: Todo el día.
Cecilia: Toda la vida.
-- Por eso les preguntaba qué hobby tienen, porque me imagino que llegan los
dos médicos de haber atendido un caso, y salir de eso y empezar a vivir la vida
propia es casi una ruptura.
Andrés: Los hijos que son no médicos se quejan en la mesa de que excluyamos
temas que no estén relacionados con la medicina.
-- Estamos en tiempos de cambio y de transitoriedad ¿Cómo ven lo que viene?
Aunque algunas cosas despierten suspicacia en la gente, yo creo que se vienen
tiempos excepcionales en materia de salud.
Andrés: Sí, considerando las dificultades que hay, creo que lo de “todo
tiempo pasado fue mejor”, no existe. Los niños ahora son mejores de lo que
éramos nosotros, y las familias están mejor conformadas. Tenemos menos
nacimientos, menos casamientos y todo se disuelve más; pero se hace con una
honradez y de una manera tan especial que hay que respetarlo. No todo tiempo
pasado fue mejor.
-- Me refiero a la medicina. Por ejemplo, estaba hablando con un amigo que
operaron de la vesícula o del apéndice y tiene un costurón gigante. A mí me
operaron y tengo un puntito o nada. Es un cambio maravilloso.
Cecilia: Antes había que operar la hipófisis abriendo el cráneo, ahora
te la operan a través de la nariz o del paladar. Es una cirugía mini invasiva.
Andrés: Es la tendencia con evidencia, que tenga resultado igual o mejor
que con técnicas convencionales, ¿no es cierto? Pero la mini invasiva, como
dice Cecilia, ha cambiado desde los ‘90. Como la penicilina o el tubo
endotraqueal en la anestesia general.
-- Me encanta leer sobre temas médicos, que parece que todos supiéramos algo
y no sabemos nada, pero nos informamos al menos. Decían que la cirugía es una
de las especialidades que ha evolucionado tremendamente, pero que hay otras
partes de la medicina que han hecho que un problema sea crónico, ¿Cómo ven esos
cambios que vienen?
Andrés: Vemos que hace falta tener una vida digna y de muy buena calidad.
La cantidad importa, por supuesto, si todo el mundo quiere vivir un poco más,
pero tiene que ser con calidad, con dignidad, no con incapacidades o
dependencias farmacológicas onerosas. Vemos que los esfuerzos por vivir más
tiempo a veces no van de la mano con la calidad de vida.
Cecilia: A veces habría que preguntarle a los pacientes cómo se sienten.
Porque uno quiere que viva, pero hay que ver que la persona esté de acuerdo. A
ver a los 103 años quién quiere seguir viviendo…
-- Cecilia, creo que ese es un gran debate que vendrá tarde o temprano por
una cuestión lógica, ¿no?
Andrés: Y cada vez tenemos más gerontes. La pirámide poblacional tiene muy
pocos jóvenes y muchos que ya no son jóvenes.
Cecilia: Pero sí son jóvenes a más edad. Porque antes, con ochenta años,
decías "uy, qué viejo”. Hoy no se te ocurre decir eso, sino que viejo sos
a los 90, 95 años.
-- El caso de Mirta Legrand, que con 99 años está totalmente lúcida y tiene
gran vida social, puede que sea un tema clave, ¿no? Tanto hincapié que hacemos
en los medicamentos y por ahí la vida social o la gimnasia son tanto o más
importantes.
Andrés: Más importantes.
Cecilia: Sí, la sociabilización. De eso habla el gerontólogo, que se
ocupa de la gente mayor. De nada sirve que estén impecables los análisis si la
persona está encerrada en su departamento y no ve a nadie. Eso no hace feliz a
nadie.
-- Cecilia, ¿colgaste los guantes?
-- Sí, porque ahora me dedico a otra cosa.
-- Andrés, ¿seguís?
-- Sí, por esa sorpresa que nos han dado los Bataller, y te la agradecemos
mucho, fue muy emocionante. Menos mal que lo filmaban a él y no a mí mientras
me salían las lágrimas. Ahora se va un mes a China a hacer un curso de
especialización en cirugía torácica. Una palabra aparte para los chinos
respecto a la medicina. Me voy a encargar yo de su consultorio en el interín,
pero no he colgado los guantes con el quirófano, sí con el consultorio.
-- Desde el punto de vista de los pacientes te agradecemos que sigas más
años. Muchas gracias a los dos, ha sido un gusto charlar con ustedes.
-- Igualmente.
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