El pavimento de la ciudad
La historia de la evolución del cuidado de nuestras calles, desde la fundación hasta la actualidad. El trabajo fue extraído del libro "Cosas de San Juan" (Tomo III), del doctor Fernando Mó. Nota publicada en la sección Cultura de El Nuevo Diario, edición 869 del 13 de agosto de 1998.
Los
españoles no demostraron gran preocupación por el progreso edilicio de las
ciudades que fundaban; se servían de las finalidades perseguidas olvidando
detalles fundamentales. Construida la iglesia principal, algún otro templo, la
casa gubernativa, el trazado en damero y el loteo de manzanas a repartir, todo
lo demás quedaba a merced de la languideciente iniciativa privada.
La
plaza de armas carecía de atención particular transformándose pronto en yuyales
y lodazales rodeados por 4 calles, destinados a circunscribir la plaza de la
ciudad.
En
América latina no se puede hablar de pavimento como lo hacían los romanos; en
las ciudades americanas sólo se conoció el barro, huellas profundas y atajos a
veces insalvables.
Así
llegó San Juan a los comienzos del siglo pasado sin conocer pavimento ni obras
edilicias de ninguna clase; la obra pública no existía.
Durante
el gobierno de Saturnino L. Sarassa, primer teniente gobernador y la
administración progresista de José Ignacio de la Roza, aparecieron los
primeros pasantes públicos para cruzar de una manzana a otra donde las calles
se convertían en verdaderos canales por efecto de las crecientes.
El
primer emprendimiento para pavimentar con piedra bola las calles de la ciudad
se llevó a cabo durante el gobierno del coronel José Antonio Virasoro,
emprendimiento que fue una loable iniciativa. El decreto para empedrar la
ciudad lo firmó Virasoro el 28 de febrero de 1860. El doctor Horacio Videla
dice: "El empedrado fue una obra memorable, que llenaba una verdadera
necesidad. Usando el canto rodado o piedra bola pródiga en el país de la
piedra, previa nivelación del terreno, se lo colocaba muy apretado sobre el
fondo de la tierra humedecida ligeramente arcillosa, unido como por una mezcla
de cemento. Aunque los trabajos se efectuaron con economía, echándole mano a
los presos de la cárcel y a peones contratados, a razón de dos pesos la semana,
resultaban onerosos para la endeble economía privada sanjuanina, pues recaían
únicamente sobre las propiedades beneficiadas por la mejora".
Una
muestra típica de este pavimento histórico es la construida, como recuerdo,
frente a la casa de Sarmiento, durante la intervención del general Marino B.Carreras.
Sarmiento
continuó con carácter de obra pública la pavimentación de la ciudad con piedra
bola asentada a presión y acuñada con tierra arenada y cal. Esta obra
sarmientina que se inició con gran entusiasmo se proyectó a través de distintas
administraciones gubernativas cubriendo casi la totalidad de la ciudad limitada
por las llamadas cuatro "calles anchas".
A
comienzo de la segunda década de este siglo se procedió a hermosear el
pavimento de las calles Laprida, Rivadavia y Mitre hasta Rioja, comprendiendo
los alrededores de las plazas 25 de Mayo y Laprida. Consistió en la colocación
de una especie de "adoquines" de madera del tamaño de medio ladrillo
cada uno acuñados con tierra, arena y cemento.
El
adoquinado de madera colocado en San Juan se debe a una ley dictada en la época
del gobernador Victorino Ortega (1911-1914). Fue una iniciativa poco
afortunada porque el clima de San Juan no se presta para ello, ya que las
lluvias, poco frecuentes, cuando caen dilatan las maderas resecas haciendo
"florecer" el pavimento como se decía en la época. Su construcción
constituyó un error que se prolongó hasta la llegada del hormigón armado.
En
la época de Victorino Ortega, se hicieron también los cordones de las
veredas.
El
pavimento de madera dio a la ciudad, durante varias décadas, una característica
particular pero resultó gravoso por las razones referidas. Era frecuente que
las lluvias del estío sanjuanino arrancara los "adoquines" de madera
arrastrándolos hasta la actual avenida doctor Guillermo Rawson. El pavimento se
descompaginaba quedando grandes baches intransitables; además resultaba caro,
pues se traía de Buenos Aires y aquí se perdía en gran parte, ya que los
habitantes de la ciudad se los llevaban a hurtadillas para hacer fuego,
obteniendo muy buenas brasas.
Las
otras calles de la ciudad quedaron pavimentadas por piedras bolas y mirando las
que corrían de norte a sur y viceversa ofrecían las características de una
especie de loma en el medio de la cuadra, circunstancia debida a que por ahí
corrían las aguas de riego de la ciudad de servicio familiar. Este espectáculo
se ha observado hasta el año 1937.
Iniciativa
del ingeniero Carlos R. Porto
En
1925 el ingeniero Porto, inquietado por los problemas de la
pavimentación, ideó una llamada cinta asfáltica a base de arenisca, ripio y
alquitrán fuertemente compactados. La iniciativa se llevó a cabo en una
extensión de 500 metros hacia el sur partiendo de la esquina de la calle
Mendoza y Abraham Tapia.
Tuvo
el inconveniente de reclamar un mantenimiento muy caro ya que, de continuo,
aparecían baches haciéndola intransitable. No obstante, duró varios años siendo
la primera experiencia de la provincia en materia de pavimento bituminoso.
La
llegada del hormigón
Hasta
los años 1937-1938 no se emprendió en San Juan ninguna obra integral referente
a la pavimentación de la ciudad y mucho menos con la conexidad de una red
cloacal reclamada tan intensamente como el pavimento.
Estas
dos obras mayores, fueron proyectadas y realizadas durante la gobernación de don
Juan Maurín y la intendencia municipal del doctor Silvio S. Baistrocchi,
durante los años 1937-1938.
Para
llevar a cabo una obra de tan alto costo como la pavimentación, la gobernación
de Maurín y la intendencia de Baistrocchi elaboraron un proyecto de ley de
edificación pública y pavimentación a fin de que las municipalidades,
especialmente la de la Capital, pudiera realizar estas obras con todo el apoyo
del gobierno previa aprobación de los concejos deliberantes, con el respeto
debido al régimen autónomo municipal.
La
Legislatura sancionó la ley de pavimentación de la ciudad, licitándose la obra
el 18 de setiembre de 1937. Se presentaron 7 empresas y previo informe del
arquitecto Eduardo Carrizo Vita se hizo la adjudicación respectiva a la empresa
"Red Caminera Argentina, Arturo Fernández". Esta empresa
formuló una propuesta con precios hasta el 32% más reducido que las otras.
El
29 de enero de 1938 el gobernador Maurín seguido por el intendente Baistrocchi,
echaron las primeras paladas de hormigón.
Se
realizó un acto inaugural muy numeroso, en las avenidas 9 de Julio y Rioja con
la concurrencia de autoridades civiles, militares y religiosas, colocándose una
placa de bronce recordatoria que, lamentablemente ha sido sustraída pensando,
con necedad, que una obra tan grande pueda deslucirse con un acto tan mezquino.
Es
interesante destacar que en cada cuadra se designó, "ad honorem", un
vecino que debía controlar de visu la realización de la obra, informando a las
autoridades correspondientes.
Esta
obra trascendente que honra a cualquier gobierno, tuvo enorme repercusión en el
desarrollo edilicio de la ciudad y a medio siglo de existencia aparece
acreditando la capacidad y honradez conque fue ideada y construida.
(*) Fernando F. Mó ejerció como abogado durante 30 años. Fue docente y
funcionario. Entre sus otras se cuentan: “Régimen legal de Obras Públicas”, “Vitivinicultura”,
“Aforismos” y los cinco tomos de “Cosas de San Juan”.