La educación en tiempos de la colonia
A través de los distintos capítulos de su libro "Acción Docente", Alicia Basualdo ha realizado un trabajo de investigación y recopilación de las principales informaciones que permiten reconstruir la historia de la educación y de las luchas gremiales en San Juan. De este trabajo hemos reproducido parte del capítulo correspondiente a "La educación en San Juan". Artículo publicado en El Nuevo Diario, edición 865 del 16 de julio de 1998 en la sección Cultura.
Es maestra normal rural nacional, egresada de la escuela normal superior General San Martín con la promoción de 1938. Se desempeñó como maestra y directora de distintas escuelas primarias de San Juan. Es autora del libro "A los 60 años de su creación, Escuela Normal Superior General San Martín".
La ciudad de San Juan de la Frontera, fundada por el capitán Juan
Jufré el 13 de junio de 1562, fue trasladada 25 cuadras al sur por
disposición del Cabildo, el 8 de febrero de 1593.
La
educación, durante 91 años, fue impartida por la familia o por la iglesia.
En Mendoza, alrededor de 1616 fue abierto un colegio jesuita donde recibieron
instrucción los jóvenes de esa ciudad y los de San Juan y San Luis.
En
1655 San Juan era una ciudad adelantada. Se funda la primera escuela de letras,
independiente de Mendoza. Fue su primer rector el P. Cristóbal Diosdado,
acompañado por el P. José María Adamo, que le sucedió cuando aquel murió en
1656.
Se
ubicó la escuela en una estancia y una viña, donada por el capitán Gabriel de
Malla. Por carencia de recursos económicos fue suprimida en 1666 reabriéndose
en 1712. Se ubicó en la manzana donde hoy se levanta la catedral de San Juan.
Conozcamos
su inventario:
"un tablón, dos bancos clavados y dos palos
largos que sirven de asiento, una mesita, una imagen de Nuestra Señora del
Rosario, pequeña".
"A
pesar de su pobreza —escribe Margarita Mugnos de Escudero— esta escuela cumplió
la función de dar las primeras letras a los niños de la ciudad, evitando que se
trasladaran a otros centros para recibir instrucción". Pasó la escuela a
los franciscanos, pero con poco éxito.
El 20 de agosto de 1772, la Junta de Temporalidades estableció la enseñanza de
escuelas de primeras letras a cargo del clérigo Dr. Dionisio Jofré, la
de Gramática Latina con José Ignacio Maradona, los dos con un sueldo de
200 pesos anuales y Filosofía con Ignacio Teodoro Sánchez, con 300 pesos
anuales; este último cargo se levantó por decisión de la Junta Provincial de
Buenos Aires. Se defraudó así la aspiración del vecindario.
El
16 de enero de 1775 se abrió la escuela de primeras letras, llamada la Escuela
del Rey. En la nota solicitud, refiriéndose al personal expresa: se da ya
principio a la enseñanza pública, por lo pronto, mientras que las cosas tomen
el temperamento que corresponda para "elegir maestros por concurso
mediante juicio comparativo de aptitud y conformación".
Tenían
ya el concepto de selección para elegir los que habrían de impartir enseñanza.
Llegó
a tener la escuela hasta doscientos alumnos. Había oportunidades en que
faltaban las rentas, entonces era clausurada, pero ante los reclamos de los
vecinos, el Cabildo volvía a hacerla funcionar.
El
historiador Nicanor Larraín en "El País de Cuyo" afirma que la
noticia más antigua es del 22 de marzo de 1797 en la que se ordena la creación
de colegios para enseñar a los hijos de caciques, la lengua latina y castellana
a fin de que puedan ser ordenados sacerdotes.
Los
domínicos también abrieron un colegio noviciado en la primera mitad del siglo
XVIII. En él se educó Fray Justo de Santa María de Oro, distinguiéndose
entre los mejores alumnos.
La expulsión de los jesuitas, decretada por Carlos III, el 27 de febrero
de 1767, fue lamentada por la población, pues cumplían con una gran misión
civilizadora en la sociedad. Instruyeron a la juventud, evangelizaron y
educaron a los indígenas y donde estuvieron se levantaron prósperas
poblaciones.
A
fin del siglo los preceptores eran seglares y cambiados con frecuencia por
falta idoneidad o de conducta. Las condiciones exigidas para ser maestro
primario: "que supiera los principios del Catolicismo, leer, escribir y
contar con la mayor perfección y que sus costumbres sean cuales se requieren a
ejemplarizar a la juventud para que salgan buenos ciudadanos".
En
1776 comienzan las dificultades financieras. El maestro Dionisio Jofré
no puede cobrar sus haberes. Desde entonces aparece como una constante en la
historia del magisterio.
No
nos imaginamos cómo Jofré pudo subsistir debiéndosele doce meses de haberes;
suponemos que su familia o su orden religiosa le proveía lo necesario. Lo
positivo de este hecho es que la Junta contestó con bastante celeridad.
Como
en 1790-93 no alcanzaban los recursos para atender la educación pública, la
Junta Central se permite sugerir a la local que persuada buenamente a los
maestros para que dejen el cargo ya que no había con qué pagarles. Así se hizo:
el Estado sale de la contingencia diciendo que los maestros eran responsables
por haber renunciado. Por un tiempo se logró soslayar los reclamos del pueblo.
En 1796 el vecindario se expresó con gran vehemencia; intervino el Procurador
General y el Cabildo se presentó a la Superioridad de Buenos Aires.
El
vecindario culto promovió un movimiento, induciendo la Junta Municipal a crear
una escuela de primeras letras con el personal de la Escuela del Rey. Este
establecimiento debió funcionar a partir de junio de 1799, según se puede
deducir de los trámites que realizó don Pedro Villarreal. Éste solicitó
el cargo de maestro de primeras letras, estando dispuesto a dar los exámenes en
el día que se lo citaren. Estuvo en ejercicio hasta el 16 de agosto de 1800 en
que renuncia para trasladarse a Buenos Aires.
Entramos
en el siglo XIX; ya se manifiesta claramente el interés, por lo menos de
mantener lo realizado en materia de instrucción pública, por parte de los
gobernantes y del grupo cultural de la época.
El
3 de junio de 1801, siendo virrey del Río de la Plata, don Joaquín del Pino se
repone el aula de primeras letras y la de Latinidad, solicitando los cargos Pedro
Villarreal y el presbítero Eufrasio de Quiroga Sarmiento, pero deben
presentarse a concurso. También solicita la preceptoría don Pedro Iñíguez.
Ya era corriente la presentación a concurso, demostrando con ello la
preocupación de las autoridades de proveer personal no sólo idóneo sino de
reputación inobjetable.
Entre
los educadores de la etapa colonial, a más de los nombrados figuran según G.
Moyano los siguientes: José Vásquez del Carril, Diego Lemos, presbítero
Julián Espinosa, Pedro Sánchez, Manuel Torres, Dr. Manuel Astorga, Dr. Tadeo
Garramuño, Juan Delgado, José Gómez, José de Azcarate, Pedro de los Ríos,
Leandro Castro, Fray Manuel Garay, Pedro Castro, Manuel Maurín, Antonio
Alvarez, Fernando Gutiérrez, José Santelices, Fray José Antonio Maurín fue
el primer suplente, por enfermedad del presbítero don Ignacio del Carril.
Período libertario
Cuando la Revolución de 1810, trajo a estas tierras "auras de libertad", en San Juan habían además de los colegios de los conventos, la escuela del Rey, primaria y un colegio privado dirigido por el Pbro. Manuel Torres.La noticia de los sucesos de Buenos Aires, llegó el 17 de junio, acatando el mandato el 9 de julio de 1810. El mismo día el Cabildo de San Juan elige su primer diputado a la Junta de Gobierno de Buenos Aires: D. José Ignacio Fernández Maradona.
El pueblo sanjuanino confió, que las nuevas autoridades dieran satisfacción a las ansias de instrucción que poseían y que se aumentaran los recursos limitados de las Temporalidades. Se dirigieron en octubre, por intermedio del Cabildo a la Real Hacienda de Buenos Aires, manifestando que una escuela no basta para cubrir las necesidades de la población. Al no tener respuesta inmediata, envió otra el 12 de abril de 1811, ya a la junta provisional de Gobierno. Esta estaba ocupada y preocupada por afianzar y defender los principios revolucionarios en todo el virreinato.
El 15 de junio de 1811 el cabildo de San Juan reitera a la Primera Junta de Gobierno lo solicitado y el 2 de setiembre del mismo año, interviene para que se abone la deuda que se tiene con Manuel Torres.
A pesar de esos inconvenientes la escuela de primeras letras continuó funcionando con su maestro José de Santilices, cobrando sus haberes al día hasta abril de 1813.
Al vislumbrar nuevas penurias económicas, el síndico procurador Dionisio Navarro, envía nota en nombre del vecindario, pidiendo que reclamara al gobierno "a fin de evitar el despojo del único asilo de la juventud, cuya privación amenaza confundirnos en las tinieblas de la ignorancia".
Los primeros reclamos gremiales
En San Juan, en 1804, el maestro Antonio Alvarez de Peralta que habría ejercido desde setiembre de 1803 como interino de la Escuela Real presenta una nota que dice: ..."que habiendo servido al citado ministerio once meses y trece días... he devengado la cantidad de ciento noventa pesos fuertes del sueldo corriente de doscientos anuales. Y no pudiendo continuar más en dicho ministerio por mis notorias enfermedades que me impiden su cumplimiento y desempeño sea de servir Ud. mandar hacer la liquidación respectiva". Termina expresando: "Clamo, pido y supo se sirva proveer y mandar como debido".La providencia ordenando el pago dice en su parte dispositiva: "Satisfágansele de la Tesorería del Ramo de Temporalidades y otorgue el correspondiente a continuación ante el escribano de la Renta" 1 de setiembre de 1804. Según el documento del Museo Histórico y Administrativo de San Juan, Alvarez de Peralta cobró los once meses que le adeudaban.
(*) Alicia Basualdo, maestra normal rural nacional, egresada de la escuela normal superior General San Martín con la promoción de 1938. Se desempeñó como maestra y directora de distintas escuelas primarias de San Juan. Es autora del libro "A los 60 años de su creación, Escuela Normal Superior General San Martín".