De palabras en historias populares de San Juan - Primera parte
Un
tranquilo muchacho de pueblo, Félix Quiroz, atravesaba diariamente de sur a
norte medio San Juan con su carro cargado de arena y piedras para las
construcciones, punta a punta de las Chimbas por la calle Las Tapias (hoy
Salta, saliendo a la media noche de trinidad, desde la calle Correa (hoy
Comandante Cabot) hasta las playas del rio, ida y vuelta. Alguna vez la
fatalidad lo detuvo junto a la toma de un callejón (hoy Saavedra) a beber y a
“haceraguas”, padeciendo una injusta confusión que le costó la vida. Perdida ya
la existencia, el pueblo se la prolongó en honras al difunto, tras el pródigo
deseo de recuperar la memoria de un joven trabajador y justo, caído sobre el
flujo del agua inútilmente ensangrentada.
El
aborto de un rencor ciego había producido tal suceso luctuoso. Dos contratistas
de un mismo dueño, vecinos del ramo sobre el Canal Islas, pretendían mejores
rindes de su parral con el agua propia, pero vislumbraban el robo de lo que en
desierto es pan, vida, suerte y riqueza: el agua, es decir, todo. En el
amanecer aún estrellado del 11 de febrero de 1941, Molina increpó a su
competidor y pensando en un robo de agua le disparó un escopetazo que agujereó
el vientre desnudo del carrerito de 20 años. Ni siquiera se cercioró de que el
cuerpo baleado era el de Quiroz, y no el de su enemigo Giménez. Y no ha sido la
única vez que por robos de agua caía en San Juan un cristiano en manos de la
venganza. El carrerito fue primero recordado por los familiares, amigos y
vecinos del lugar; después venerado por quienes recibieron favores desde el más
allá.
(*) Ex directora del Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas
Manuel Alvar (INILFI) de la FFHA de la UNSJ. Miembro de la Academia Argentina
de Letras
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 465 del 9 de
noviembre de 2025