El caso de los huarpes cuyanos - Segunda parte
De palabras en juicios y prejuicios en torno a Antroponimia aborigen. De la pluma del Dr. César Quiroga Salcedo
En efecto, en países jóvenes como Argentina, plagada de inmigrantes y de hijos
y nietos de extranjeros que al perder sus nexos con su vieja patria requieren
una identidad propia, personal (anhelo en parte muy occidental), en esos países
no es extraño pues, que se exacerbe este tema de la historia de los apellidos,
hasta haberse puesto en boga (y hasta de moda) la búsqueda de escudos
nobiliarios e intrincadas referencias a antepasados ilustres allende el mar.
Sólo un puñado de nativos, tranquilos y sin reniegos de su destino aborigen,
acometen su orgullo de parentelas indígenas, más o menos innegables a través de
sus caracteres étnicos, o expuestos en sus apellidos tradicionales, supérstites
a la invasión europea.
Tampoco escapa a este fenómeno el simple hecho de que el gran público mezcle o
confunda lo que es nombre (lato sensu) con nombre de pila (en sentido
cristiano); o que le resulte igual o idéntico referirse a nombres de personas
que a designación de personas; o que disciplinariamente se identifique el
antropónimo con el nombre (en el sentido identificatorio moderno), como si se
tratara de entidades intercambiables. Y esto, a su vez, confundirlo con el
apellido (según criterios actuales), o a veces, con el apodo o el sobrenombre.
(*) Ex directora del Instituto de Investigaciones
Lingüísticas y Filológicas Manuel Alvar (INILFI) de la FFHA de la UNSJ. Miembro
de la Academia Argentina de Letras.
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 444 del 15 de
junio de 2025
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