Historia

La estrategia de San Martín cuando pasó por San Juan

La estrategia de San Martín cuando pasó por San Juan
Cruce de San Martín por San Juan

   Cuando José de San Martín concibió la idea de atravesar los Andes y sorprender a los españoles por la retaguardia, se enfrentó a un desafío monumental. Si bien era una estrategia digna de Napoleón, carecía de un componente crucial: esto no era Francia. A diferencia de la Francia liberada de los borbones, con sus recursos económicos aparentemente ilimitados, en esta región los recursos eran escasos. Pero San Martín no se amilanó. Asumió el cargo de gobernador de Cuyo y, en un lapso de tres años, revitalizó la economía local. Ante la falta de tela para uniformes, estableció una fábrica. Ante la escasez de metal para fundir cañones, impulsó la minería. Ante la falta de alimentos, diversificó los cultivos. Así, la región de Cuyo se convirtió en un hervidero de actividad, con zapateros produciendo botas, arrieros suministrando animales para las tropas y mejoras en la infraestructura de riego para aumentar la producción agrícola. Esto demuestra que San Martín logró involucrar y motivar a toda la comunidad, demostrando que tales empresas patrióticas solo pueden llevarse a cabo con la participación de muchos.

Además, el general incorporó a los indígenas del sur mendocino en su causa. San Martín, perteneciente a la generación revolucionaria que abogaba por la inclusión de todos los compatriotas en la construcción de la nación, no buscaba simplemente integrar a los indígenas, sino convivir con ellos como iguales. Por ello, reclutó a los mapuches locales y los pehuenches del sur, solicitando su aporte en forma de caballos, sal, ganado y, en caso necesario, guías de montaña. También planeaba movilizar a los pehuenches y a sus vecinos araucanos del lado chileno, creando el temor entre los españoles de un inminente ataque conjunto.

San Martín organizó dos importantes encuentros, llamados parlamentos, con los líderes indígenas. El primero tuvo lugar en septiembre de 1816 en el fuerte de San Carlos, al sur de la capital mendocina. En esta reunión, el general explicó la causa patriótica y solicitó ayuda para atravesar sus tierras. La delegación de las Primeras Naciones, encabezada por el lonco Necuñán, estuvo acompañada por numerosos líderes menores. La discusión fue exhaustiva y duró entre seis y ocho días, evidenciando la importancia del diálogo en la consolidación de la alianza.

El segundo parlamento tuvo lugar más tarde en El Plumerillo, la base del Ejército de los Andes. En esta ocasión, San Martín reafirmó su compromiso con la causa indígena, presentándose como un aliado en la lucha contra los españoles, a quienes identificó como el enemigo común. Su declaración de solidaridad con los indígenas, al afirmar: "Como yo también soy indio, voy a acabar con los godos que les han robado a Uds la tierra de sus antepasados", generó un fervoroso apoyo por parte de los presentes, quienes aclamaron a San Martín como "el indio San Martín".

A pesar de la controversia sobre su ascendencia indígena, San Martín fue honrado con un poncho de alto valor simbólico durante estos encuentros. Este poncho, adornado con colores significativos y símbolos sagrados, reflejaba el respeto y la admiración de las Primeras Naciones hacia el Libertador. Para ellos, San Martín no era simplemente un líder militar, sino alguien con una conexión espiritual especial. Este gesto simbolizaba la unión entre San Martín y los indígenas en su lucha por la independencia.

En resumen, la relación entre San Martín y los indígenas del sur mendocino fue fundamental en la gesta emancipadora. Su capacidad para involucrar y ganarse el apoyo de las Primeras Naciones refleja su habilidad como líder político y estratégico en la lucha por la independencia de América del Sur.


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