Irene Ferreyra: “A veces los artistas vivimos para adentro y nos quejamos si no nos reconocen”
Nació en Buenos Aires, vive aquí hace muchos años y sostiene que la dirección de la Fiesta Nacional del Sol debería estar a cargo de sanjuaninos. Sin embargo, en la edición 2010 se animó a montar una puesta en escena vanguardista y en sintonía con lo que se vio en Buenos Aires para el 25 de mayo. Entrevista publicada en El Nuevo Diario, edición 1440 del 18 de junio de 2010
PERFIL
--- Nombre: Irene Ferreyra
--- Estado civil: “En pareja con Daniel Ahún, mi estrella de los Andes” (risas)
--- Hijos: “3 varones encantadores: Vladimir, 20 años; Iñaki, 18 años, y Salvador, 16 años... dijo la mamá”
--- ¿Qué lees?: “De todo, menos lo que se relacione con las Ciencias Exactas. Mi predilección: las biografías”.
--- ¿Qué escuchas?: “Folklore latinoamericano”
--- ¿Qué ves?: “¡Qué placer las películas de época!”
--- ¿Cocinas?: “Nooooo... a veces lo hago y sueño con una casa llena de cocineros”.
--- ¿Cuál es tu plato favorito?: “Cualquier comida agridulce”
--- ¿Cómo te gustaría que te recuerden?: “Con una sonrisa diciendo: fue feliz y entregó alegría”.
Egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático y de la Escuela de Nacional de Danzas, formada con maestros de la talla de Raúl Serrano en Metodología Teatral y especializada en Pedagogía, asistencia de Dirección y Actuación en Cuba, Irene Ferreyra fue la responsable de la estética vanguardista que mostró este año la Fiesta Nacional del Sol. De bajo perfil, la también directora de “Ensayo de una historia de amor: Aurelia y Sarmiento”, basada en la novela de Araceli Bellota “Aurelia Vélez, la amante de Sarmiento”, nació en Buenos Aires y aunque estuvo a cargo de la dirección de actores de la Fiesta desde el 2007, dudaba en ser la responsable general, ya que sostiene que ese cargo debe estar en manos de sanjuaninos. Hoy, con la experiencia de haber dirigido la edición 2010, explica que no ha modificado tanto su opinión, pero que “homenajear a la patria fue una experiencia conmovedora”.
—Hace veinte años que trabajás en San Juan, sin embargo en algún momento sostenías que para dirigir la Fiesta del Sol había que ser sanjuanino ¿Por qué?
— No creas que se modificó tanto mi opinión, me parece que hay obras que requieren esa esencia sanjuanina que por más que yo quiera poseer, nunca voy a lograrla, los modelos que regularon mi comportamiento, que me conformaron originalmente no fueron sanjuaninos. Puedo adaptarme, valorizar rasgos, internalizar otros, sentirme emocionalmente sanjuanina pero hay huellas que no se borran y no tengo la intención de borrarlas... en fin, prefiero seguir construyendo mi identidad cultural, considerarla dinámica y viva.
—¿Entonces te animaste porque este año era una propuesta más nacional que local?
—La temática a desarrollar en la Fiesta nos contenía a todos, no sólo a sanjuaninos y porteños... (risas) Participé en un equipo de trabajo generoso, aprendí mucho, tuve respuestas de cariño y respeto por parte de todos los que participaron y mi sentimiento de gratitud será eterno. Homenajear a la patria fue una experiencia conmovedora, con la emoción a flor de piel por “esa urgencia de decir nosotros” como diría Benedetti.
—Algunos consideraron lo hecho en Buenos Aires como copia de tu propuesta en la Fiesta del Sol. ¿Está cambiando la idea de la sociedad sobre los “artistas locales”?
—Creo que los artistas locales estamos más expuestos cuando se realizan espectáculos de estas características, tan masivos. Más expuestos incluso a considerar lo que requiere como expresión el resto de los integrantes de nuestra sociedad que, opino, siempre confió en nuestras capacidades.
—¿No sientes que, a veces, hay falta de reconocimiento?
—Lo que suele suceder es que, a veces, los artistas nos “burbujeamos”, si me permitís el neologismo, vivimos para adentro y protestamos porque el afuera no nos reconoce. Y en esa burbuja desoímos lo que los demás reclaman, necesitan, sus intereses… Nos enredamos en nuestros contenidos, perdemos esa mirada atenta al contexto y es más fácil poner la culpa afuera: “¡No nos valoran!” se escucha por ahí... pero ¿tiene valor lo que hacés?
—Lo que proponés es un autoanálisis.
—Supongamos que el resto de la sociedad no confiaba en nosotros, ¿qué hicimos para que eso ocurriera?, ¿qué imágenes reflejábamos?, ¿cómo y qué estábamos creando?, ¿generábamos identificación?, ¿promovíamos a la acción? Si no confiaban en nosotros, en algo estábamos fallando. Me parece que es necesario ahondar en el autoreconocimiento y en las formas de expresión.
—¿La Fiesta fue un disparador para que comenzaran a relacionarse actividades artísticas que antes permanecían en compartimentos estancos?
—Sí, puede ser, este tipo de espectáculos necesita la interacción de todos los lenguajes artísticos y su unidad. Las distintas disciplinas tuvieron que confluir en “un bien común” y para eso las individualidades no sirven. La construcción colectiva es la clave y el que no lo entienda así se convertirá en un pobre náufrago del arte.
—Montar esta Fiesta es un complejo mecanismo de relojería, ¿te parece que la parte artística creció más que la técnica en estos 4 años?
—Van de la mano, son las dos caras de una misma moneda. Se acompañan, se corresponden, se exigen mutuamente. Si hay crecimiento en lo artístico, lo técnico no puede quedar atrás y viceversa. Me parece que la progresión fue armónica en estos 4 años.
—Cada año, más artistas desean participar de la Fiesta, ¿considerás que sería bueno comenzar a llamar a concurso el equipo realizador?
—Comparto la práctica del concurso a pesar del carácter frecuentemente problemático de sus resultados. La visión anticipada del espectáculo tiene una importancia fundamental y el análisis que haga de todos los recursos implicados el equipo realizador que se presente, favorece el esfuerzo por asegurar la calidad de la obra a lograr. La trayectoria o el talento reconocidos no son garantías suficientes.
—A tu criterio, ¿qué modificaciones tendrían que realizarse para que llamar a concurso fuera posible?
—No creo que haya que hablar de modificaciones. Hasta ahora se puso en práctica un criterio determinado, estemos de acuerdo o no, hay un criterio y si se selecciona otro, como el llamado a concurso, creo que hay que trabajar en la naturaleza misma del concurso y su relación con la práctica, es decir, no sólo atender la configuración interna del concurso sino lo que somos capaces de hacer con él.
—Has investigando mucho sobre la vida de Sarmiento, tema central de la Fiesta del año que viene ¿Ya te convocaron para dirigir en el 2011?
—Estoy tratando de descansar y ya me preguntás por el 2011... Todavía no hay nada para mí en el horizonte sarmientino que se viene...
Años de plomo
—Durante la dictadura fuiste secuestrada, pero siempre mantuviste un bajo perfil al respecto, cuando mucha gente comenzó a exhibirlo como “chapa” ¿Aún duele hablar sobre eso?
—Sí, esas heridas no cierran. Se las acomoda de la mejor manera posible y hay que aprender a hacer eso para que no perturben, sin negarlas, sin esconderlas, solamente saber ubicarlas en un lugar que se puedan manejar.
—¿Creés que, aunque lenta, la justicia llegará a juzgar a los culpables?
—Estoy convencida que se hará justicia de cualquier modo, terrenal o divina.
—¿Pensás que estos 33 años de demora en los juicios permitieron desenmascarar algunas connivencias entre el Poder Judicial y la dictadura?
—Si por connivencia entendemos una intriga o un acuerdo de mutua aceptación de conductas, aunque
sea sobrentendido, es evidente que existió y no solamente entre las partes que citás. ¡Otras connivencias también! La verdad siempre sale a luz y las terribles lecciones del pasado deben ser asumidas con seriedad y discutidas en todos los ámbitos.