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ANA MARÍA “PAYI” BELTRÁN, MÉDICA ENDOCRINÓLOGA, ESPECIALISTA EN PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA

“Si el médico no se humaniza, pasa a ser un técnico de primera”

Ana María Beltrán tiene una mirada diferente de la medicina. Defensora de la necesidad de escuchar al paciente, dedicarle su tiempo para poder conocer la enfermedad que tiene pero también a la persona, pide rehumanizar la medicina.

“Si el médico no se humaniza, pasa a ser un técnico de primera”
Antonio Beltrán y Luisa García fueron los padres de Ana María quienes aparecen en la foto junto a su hermana.

Ana María Beltrán es médica endocrinóloga. Y se apasiona cuando habla de medicina. Ferviente defensora de tratar a cada paciente como una singularidad y al cuerpo como un sistema, es de las mayores defensoras de la necesidad de recomponer el equilibrio emocional para tratar dolencias físicas. Crítica de la medicina express, asegura que tarda entre una hora y hora y media con cada paciente. Y está convencida que la cuestión genética condiciona a una persona pero su vida, su entorno, determina lo que puede padecer.

—¿Por dónde debería ir la nueva medicina?
—Por la rehumanización. Somos un sistema abierto, en un equilibrio que no es constante. La vida es movimiento y el equilibrio perfecto es la muerte. La medicina debe comprender que somos seres multidimensionales, que la patología no es lineal, es multicausal. Hoy es imprescindible dejar de ser brillantes técnicos y poder habilitarnos a ser humanos. Y hay un tema fundamental en la medicina de hoy, la tecnología tiene que estar al servicio del paciente y no al revés.

—¿Qué habría que cambiar en la formación de estudiantes en las universidades?
—Hay que agregar materias como filosofía, antropología, sociología. Hay que trabajar desde la salud y no desde la patología, hay que trabajar desde el ser. El doctor Francisco Maglio dice que la salud es bien ser, no bienestar. Hay que comprender que sin el paciente no se puede construir el ser médico.

—Hay una formación del médico como alguien que puede todo.
—Un médico es un ser humano imperfecto, finito, incompleto, a quien se estigmatiza para que pueda todo. Y así se genera la desmotivación Burn out, la indiferencia, la desvalorización del acto médico. Desde ser estudiante es importante dignificar una profesión de servicio como es la medicina. Y si eso no se puede tampoco se puede ser “persona médico”.

—Si tiene que decidir por un familiar muy cercano ¿le aconseja que se atienda en San Juan o que se vaya a Buenos Aires?
—Esto es totalmente relativo, depende de las posibilidades medico/paciente de la patología y circunstancias. Me pasó con una paciente que tenía que operarse de hipófisis, no pudo viajar y hace dos años se operó en San Juan con un equipo excelente y una recuperación total. Sé que en San Juan hay profesionales altamente capacitados. El primero que tiene que reconocer sus límites es el médico, por lo cual hay situaciones que requieren una mirada de experiencia de quienes hoy son maestros formadores de médicos.

—La medicina ha ido especializándose y llegamos ahora a un cuadro de situación en el que una persona que pasó los sesenta años, puede tener cinco médicos que lo tratan de diferentes cuestiones del cuerpo y puede estar tomando 15 remedios diferentes cada día ¿son tan distintas las partes del cuerpo que tienes tantos especialistas ahora?
—Quino, que es un genio, lo explica en una tirilla en donde va el paciente al médico, entonces aparece una cruz enorme que dice no fume, no coma, no salga de paseo. Todo lo tacha y el paciente termina saliendo del consultorio médico y le hace una cruz al médico. Entonces, Quino dice “si el organismo fuese una galaxia, los pulmones se preguntarían si hay vida en el riñón” y esto es lo que pasa cuando uno va a un especialista donde está acotada la mirada. Se mira solamente una parte sin entender que esa parte forma un todo. Y ese todo somos nosotros.

—Somos un sistema
—Somos un sistema abierto donde la incidencia de afuera sobre nosotros, marca. Y la incidencia nuestra sobre afuera también marca.

—Bueno, hay enfermedades que van a terminar desarrollándose por cuestiones genéticas…
—Está estudiándose la epigenética, el ambientaloma versus el determinismo genético. Yo creo que no existe un determinismo genético. Existe un condicionamiento genético.

—¿Cómo sería esto?
—Yo puedo tener una abuela diabética pero yo no tengo porque ser diabética En realidad la genética condiciona pero el medio donde nosotros nos desarrollamos y la historia personal determina.

—Y ahora vivimos en un mundo en donde todos los días consumimos conservantes, en una ciudad en la que hay diferentes tipos de contaminaciones, con estrés…
—Y depende de cómo uno afronte la cotidianeidad lo que puede suceder. Antes, cuando uno de los hijos tenía sarampión, las madres metían a todos a la misma pieza para que se contagiaran y no todos hacían sarampión. Por eso el médico no puede seguir mirando cegado al ser humano que tiene en frente. Vamos a perder mucho porque también significa que nos miramos a nosotros cegados, no nos damos cuenta quienes somos.

—Médicos de la talla de un Favaloro han trascendido por saber mucho de medicina pero también porque han sido humanistas de primerísimo nivel. Saben comunicar, tocan a la gente, lo consideran humano aparte de saber de medicina y eso es muy importante.
—No se puede no saber de medicina y más si uno es médico. Pero si además no se humaniza, puede ser un técnico de primera pero no es un medico.

—Un tema clave también en esto es escuchar al paciente, tomarse un tiempo en atenderlo más allá de los síntomas que tiene…
—Una consulta de dos minutos no es consulta y me atrevo a decirlo sin hacer juicio de valor. Cada uno sabe lo que hace y elije cómo vivir pero una consulta de pasillo tampoco es una consulta. Se puede llamar por teléfono a tu medico, decirle “me pasa tal cosa” pero no se pueden hacer consultas telefónicas todo el tiempo porque no se ve la cara, porque no se mira la expresión porque no hay contacto visual donde uno va percibiendo otras cosas que no se perciben a través de la voz.

—Y en este mundo súper especializado donde en la mayoría de los casos el médico ni siquiera tiene la historia clínica, se atiende al paciente en cinco minutos.
—Bueno, cada uno decide individualmente cómo atiende pero a mi entender, tener una historia clínica es imprescindible. Hace muchos años, cuarenta, cuando vivía en Córdoba, el hospital privado de Córdoba todavía ni pensaba en tener computadoras, pero tenía una historia clínica única en donde si el paciente solicitaba una síntesis se le brindaba con sus análisis incluidos y era hecha a mano. Eso fue una gran enseñanza, yo sigo haciendo mi historia clínica a mano a pesar de tener una computadora. En el Hospital Italiano cada paciente tiene un código de ingreso y en su historia clínica, que es compartida por todo el hospital, figuran todos los estudios, todos los análisis y todos los diagnósticos.

—El problema es que no lo mal utilicen.
—La cautela tiene que ser grande porque hay una cosa en esto que se llama secreto médico entonces no se puede popularizar la historia personal de un paciente.

—¿Hay menos médicos, hay más gente enferma? En muchos casos, los turnos con suerte se dan para un par de semanas después.
—Hay mucha demanda y además, esto es una apreciación personal de la que me hago responsable de decirlo, hay una suerte de desolación y de angustia colectiva, hay mucha gente que necesita que alguien le diga, o ponga la responsabilidad en alguna situación de desequilibrio. Es más fácil si la culpa de lo que tengo, la tiene la tiroides por lo que yo me siento mal. El responsable de que yo tenga una hipertensión es este corazón, entonces no se le da el tiempo suficiente como para mirar que hay detrás de todo eso.

—Buscar las causas profundas.
—Así es. Detrás de una hipertensión puede existir una desolación que está tan metida dentro de nosotros, la incertidumbre, la impredictividad, el desasosiego, esas son cosas que no se ven y son cosas comunitarias. Una comunidad que no tiene sus necesidades básicas cubiertas que son higiene, alimentación, educación y salud va a padecer desequilibrios con mucha más frecuencia que la sociedad que las tiene cubiertas.

—El niño es también un sistema que debe ser tratado en forma diferente que un viejo. No sólo es importante la especialidad sino que también se diferencia por edad.
—Lo primero que aclaro es que para mí, la vejez es una cuestión de actitud y hoy más que nunca porque hay personas de 80 años productivas, que están dando lo mejor de sí por toda la vivencia tenida. El médico que hace geriatría tiene que tener mucha precaución al estar al frente de un ser humano que piensa y que crea. No puedo opinar sobre cómo tienen que actuar los médicos porque eso es una cuestión estrictamente personal y es elección de cómo vivir.

—Más allá de lo que plantea, ¿cómo debe abordarse la atención?
—Hasta los 10 años miren el sistema familiar porque generalmente los chicos son el emergente de un sistema familiar en donde la vincularidad de ese sistema con ese emergente no es saludable. Y en los mayores de 70—80 dejen que se expresen, hay un montón de gente con un capital humano adentro increíble. Desde hace unos años está de moda la sexalesencia, hombres y mujeres después de los 60 años que comienzan a crear proyectos de vida totalmente diferentes de los que tuvieron antes. Creo que el médico en general sino se humaniza se convierte en un técnico de primera.

—Este tema de humanizar la medicina también tiene que ver con el trato. No a todos les gusta que el médico les diga “hola, abuelo”, “qué te pasa, viejo”.
—Ese es el estilo paternalista del médico. La actitud paternalista que se ha tenido y se tiene todavía; “a ver, mamita”, por favor, es una falta de respeto. “Abuelo” “por qué me va a decir abuelo si yo no soy tu abuelo” es una cosa sencilla, por qué me tiene que decir a mí un colega “abuelita” si yo no soy su abuela. Esto tiene que ver con este estereotipo que ya está instalado, esa actitud paternalista del médico. Eso ya no va más, no es vigente.

—Hablábamos de las especialidades, que se suman a los fármacos y que hacen que a lo mejor una persona que pase los 60 años, consuma diariamente dieciocho, veinte remedios y que a lo mejor unos los sanan del dolor de cabeza pero le rompen el hígado.
—Es un tema muy espinoso. Estoy formada en que la medicación es útil y siempre lo voy a pensar. Si hay que diferenciar, hay patologías de riesgo que sí o sí hay que tomar medicación pero en muchas oportunidades se puede esperar que el cuerpo se autorregule y logre la compensación. Si pudiéramos hacer eso seriamos totalmente distintos porque hay un gran consumismo.

—¿Por qué se da ese gran consumismo?
—Hay una creencia en muchos pacientes que si el médico no le da remedios, entonces el médico no sirve. Y a veces no es necesario medicar. Si el médico me da doscientos remedios para cada dolor que yo tengo, tampoco sirve porque hay que ver lo que hay detrás de ese dolor. Si tengo gastritis, hay que ver lo que la produce.

—Es más fácil tomar una pastilla que cambiar hábitos alimentarios.
—Más profundo que eso, a veces hay que cambiar hábitos de vida. Si yo no cambio un hábito de vida la gastritis va a ser mi amiga el resto de la historia porque la base es ver cómo vivo.

—En la medicina hay dos protagonistas; el médico y el paciente, sin el paciente no hay tampoco medicina
—En cómo construimos nuestro rol médico con el paciente, lo más importante en el vínculo no es el médico, es el paciente, porque es quien nos posibilita crear ese rol, esa función medica, sino no seriamos médicos. Inclusive los médicos que no tienen vínculo directo con el paciente como el anatomopatólogo, el diagnóstico por imagen, sin el paciente que está representado por una pieza operatoria o una biopsia no pueden ejercer su especialidad.

—¿Cuánto tiene que ver la alimentación en la salud?
—Es un pilar fundamental. La desnutrición (hay gordos ricos y gordos pobres) es generadora de trastornos severos cognitivos. Hoy un pilar de las terapias antienvejecimiento es la alimentación.

—¿Qué forma el carácter de una persona?
—Se puede decir actualmente que recibimos la influencia del vínculo materno desde que estamos en el útero. Y también que el modo en que nos vinculamos desde entonces y hasta más o menos los 5 a 7 años crea redes neuronales que van a marcar el modo de afrontar la cotidianidad.

—¿De chico se ve a quién va a ser líder?
—Creo que sí, quién soporta mejor las presiones se llama fenotipo resiliente. Un chico que tuvo exposición a situaciones de estrés durante sus primeros años de vida es más vulnerable ya que tiene un autoencendido en el área cerebral, llamada locus coeruleos, y genera un fenotipo vulnerable.

—Está quién se quiebra y quién sigue a pesar de todo ¿es genético o se puede educar?
—Es genético y se puede construir fenotipo resiliente. Creo que se quiebra quien no puede aceptar la perdida, el caos y se victimiza, se queda anclado en la culpa, el resentimiento, la manipulación como estrategia comunicacional.

—¿Qué nos puede ayudar a seguir?
—Quien sigue a pesar de todo es alguien que puede aceptar el cambio, que reconoce sus límites y fortalezas, cuando cree en él mismo y vive acorde a lo que piensa y siente. Es alguien que no se miente a sí mismo, es coherente y guía de su propia existencia.

—¿Hasta dónde es lógico prolongar una vida sin caer en el ensañamiento terapéutico?
—Creo que es totalmente sin sentido el ensañamiento terapéutico, impide una muerte digna.

—¿La medicina tiene que comenzar a aceptar terapias no tradicionales?
— Hoy existe la medicina integrativa, no alternativa. Si usamos la palabra alternativa hay que elegir mientras que integrativa es coadyuvante de la estrategia médica determinada.

—¿Cuál es el límite?
—El límite es la oferta indiscriminada de tratamientos sanadores por personas no formadas adecuadamente que venden estrategias para el consumismo espiritual.

“Se va a una rehumanización del ser humano”
—¿Está cambiando el paradigma biomédico?
—A la persona se la ve como un ser bio—psico—socioespiritual, se va hacia una rehumanización del ser humano. La neurociencia busca comprender cómo las personas piensan, sienten, actúan y se relacionan unas con otras.

—¿Influye la experiencia?
—La experiencia aprendida, mediante procesos de neuroplasticidad, va modelando a la persona de manera continua constituyendo la base neurobiológica de la identidad de cada individuo.

—¿Qué influye a la formación del estrés?
—Son muchas las causas. El deseo constante de querer lo que no tengo, estar donde no estoy y ser lo que no soy, desequilibra lo cotidiano y desencadena una respuesta crónica al stress.

—¿Al estrés se lo puede ver también desde lo colectivo?
—Cuando la sociedad o un grupo humano se caracteriza por altos niveles de excitación y de angustia, por frecuente sensación de no poder hacer frente a la situación, por autoritarismo, aparece la falta de control.

—¿Y qué ocasiona eso?
—Que el trabajo se realiza sin motivación, se trabajaba a alta velocidad, hay una mayor exposición a la violencia, pasan a haber condiciones de trabajo físicamente y emocionalmente peligrosas, hay falta de entusiasmo, sometimiento — rebeldía pasiva— y da como resultado la enfermedad. No es azar que las principales causas de muerte en nuestro país, en general en el mundo occidental, estén vinculadas a un manejo inadecuado de las emociones.

—¿Cuánto influye la psiquis de la persona?
—Una persona puede enfermar cuando tiene miedo a vincularse, se queda, se desconecta de sí misma, se comunica inadecuadamente o no se comunica, se repliega en la hostilidad, o en los celos, o en la envidia o en cualquiera de las formas de la indiferencia. Se queda anclado en la culpa, el pánico, el odio y la violencia ejercida sobre si y/o sobre los otros.

La Psiconeuroinmunoendocrinología
Desde hace años, Ana María Beltrán es una de las principales promotoras del desarrollo de la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE).

—¿Por qué promueve el estudio de la PNIE?
—La maestría la crea precisamente Favaloro porque fue un visionario. Cuando nosotros íbamos en 1997, lo veías con ese guardapolvo impecable caminando y en contacto con todos nosotros que no éramos médicos recién recibidos, éramos médicos con algunos años. Estábamos buscando hacer lo que intuitivamente estábamos haciendo pero que eso tuviese un aval y hay una palabra que a mí me quedó y que la repito a menudo: “Hay que tener conciencia de la ciencia”, no es cuestión de decir ciencia fría solamente sino conciencia de la ciencia.

—PNIE ¿qué significa?
—La psiconeuroinmunoendrocrinología transdisciplina, porque es un conocimiento que atraviesa, va a través de. No es el médico, el psicólogo, el docente, el artista plástico, es un conocimiento que suma, que atraviesa porque nos sirve a todos como seres humanos.

—Además, muestra que no somos un montón de órganos metidos adentro de un pedazo de piel, hay una psiquis, un sistema neurológico, hay varias cosas que conforman el sistema
—Nosotros no somos un conjunto de órganos que determina la genética, somos personas finitas, imperfectas, que caminamos al lado de otros seres humanos finitos e imperfectos. Cada uno tiene su singularidad, cada uno construyó su propia historia. En función de su propia historia es el modo que tiene de afrontar la vida.

—Desde que nacemos, tenemos nuestra propia impronta…
—Nos marcan desde que estamos en el útero, a todos. Lo que va a suceder con nosotros, el estrés pasa a al feto. Hasta los 5—6—7 años, el modo de vincularnos con nuestros papás o con quién nos crió, es lo que va a determinar la manera de afrontar en la adolescencia y la adultez. Cuando uno estudia esto, piensa “qué habré hecho con mi hijo”, claro porque uno se empieza a plantear cosas que antes no se planteaba. La idea es que este conocimiento pueda llegar a cuenta gente sea posible.

 

“Cuando miro mi vida, siento una paz infinita”
El padre de Ana María fue Antonio Beltrán, ya fallecido, que fue policía de la Federal, vivió en Buenos Aires, Mendoza y San Juan, fue jefe de la Policía de San Juan en el gobierno de Carlos Gómez Centurión y otra vez en el de Jorge Escobar. Además, fue abogado y el creador de la Escuela de Policía San Juan. Payi lo recuerda con admiración:

—Mi padre me dio alas, me permitió volar. Era abogado, doctor en leyes, y me mostró valores como son el respeto, la justicia, la lealtad y sobre todo la dignidad. Mi mamá era Luisa García. Docente, trabajó siempre, me enseñó el valor de la responsabilidad, el amor, la manifestación del afecto, la generosidad del alma y el cuidado amoroso de los vínculos.

Ana María estudió en la escuela Normal Sarmiento desde jardín de infantes hasta quinto año “donde me recibí de maestra y fui becada por un año en Estados Unidos. Hay estudios que han sido muy importantes para mi vida, como por ejemplo la música, toco el piano y siempre que estudio o trabajo, lo hago escuchando música”.

La universidad la hizo en la Nacional de Córdoba y en esa época trabajó en los servicios de radio y teledifusión de la universidad, conduciendo un programa que se llamó primero Imagen Universitaria y luego Panorama universitario. “Ya cuando me recibí en tiempo y forma di mis primeros pasos en Clínica Médica en el Hospital de Clínicas. Luego estuve en endocrinología y medicina nuclear”.

Fue docente de la facultad de medicina y tuvo una beca de la Comisión Nacional de Energía Atómica donde cursó metodología y aplicación de radioisótopos en Ezeiza. También cursó en la Universidad Favaloro la maestría de Psiconeuroinmunoendocrinología entre 1997 y 1998. En ese entonces era casi imposible hablar de eso.

—De Córdoba no solo traje un título. Me casé con Luis Sebastián Varea, cordobés de Río IV. Estamos juntos desde hace casi 45 años y tenemos dos hijos, María Verónica y Sebastián, ambos médicos y psiquiatras, y dos nietos, Constanza y Santiago. Cuando miro mi vida, siento una paz infinita, orgullosa de mis hijos y su trascendencia.

Nota publicada en La Pericana el viernes 22 de abril de 2016.

    

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Ana María tiene dos hijos médicos psiquiatras, Verónica y Sebastián
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Ana María estudió en Córdoba y ahí conoció a su esposo, Luis Sebastián Varea. Están juntos desde hace 45 años.
Ana María estudió en Córdoba y ahí conoció a su esposo, Luis Sebastián Varea. Están juntos desde hace 45 años.
Ana María Beltrán de Varea, Payi, especialista Psiconeuroinmunoendocrinología
Ana María Beltrán de Varea, Payi, especialista Psiconeuroinmunoendocrinología

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