los dilemas de la tercera edad
Los viejos ¿Tienen derecho a dejarse morir?
Entrar en la vejez, aceptar el paso de los años, el deterioro físico y, en algunos casos, mental, es todo un reto para la persona y su familia. Cuando sobreviene la enfermedad y la muerte se acerca los dilemas son aún mayores. ¿Hasta dónde hay que acompañar al enfermo?, ¿Qué pasa si quiere dejarse morir?, ¿Y si la familia quiere dejarlo ir porque no soporta verlo en ese estado?, ¿Por qué luchar cuando no hay vuelta atrás?
George ve que su esposa, que fue una mujer emprendedora e independiente ya no puede moverse sola. Con la mitad de su cuerpo paralizada, Anne ya ni siquiera es capaz de cortar su propia comida. El tiempo no trae nada mejor, su enfermedad avanza y de a poco pierde el habla y la memoria. A pesar de que quisiera cuidarla todo el tiempo, él sabe que no puede. Es inevitable recurrir a las enfermeras para que lo ayuden a bañarla y cambiarle los pañales. Ella le pidió quedarse en casa, dijo que no iba mejorar, que esperaría morir. En esa procesión hacia el fin, el anciano lucha por aceptar la voluntad de quien ama y por hacerle entender a su hija que ya no queda nada por hacer.
Ese es el conflicto que vive el matrimonio octogenario protagonista de la película “Amour”, que se ha convertido en un éxito del cine. El Oscar como Mejor Película Extranjera es sólo uno de los tantos reconocimientos que ha recibido desde que entró a la pantalla grande, en el 2012.
Tal vez fue la controversia que caracteriza a su director, Michael Haneke, la que cautivó no solo a los críticos del séptimo arte, sino también al público en general. Es que Haneke encarna los conflictos que vive la tercera edad, algunas veces abandonada por sus hijos, solos en la gran cuidad, al borde la muerte, sin esperanzas de recuperación, amparados en el amor que han tejido a lo largo de tantos años.
El Nuevo Diario dialogó con profesionales de diferentes áreas que brindan su visión sobre la manera de encarar los desafíos de la tercera edad en el mundo actual, donde falta el tiempo para cuidarlos y el sistema de salud intenta acomodarse a un población anciana que sigue creciendo.
Padre José Juan García,
“No querer vivir es un estado anímico”
“Alguien sin amor también se enferma”
-¿Cuál es límite al cuidar a un enfermo?
-No le podemos poner un límite, pero sí el amor nos lleva a correr las barreras. Éticamente los hijos están obligados a cuidar a sus padres y los cónyuges a cuidarse uno al otro.
-¿Qué pasa cuando el cónyuge no quiere lo mismo para su pareja que sus hijos?
-Es un problema gravísimo que ahora está pasando con mucha frecuencia, más cuando los hijos trabajan, tienen sus cosas. El cónyuge es el que tiene la última palabra, pero lo ideal es que la familia lo dialogue y haga una opción de amor y cariño. En Europa ahora hay una gran tendencia a la asistencia domiciliaria, de modo que el abuelo además de tener cuidados de salud reciba amor, que en definitiva también es salud. Una persona sin amor también se termina enfermando.
-¿Qué pasa si la persona quiere dejarse morir?
-Hay que hacerlo entender que debe optar por la vida, a veces ese no querer vivir es un estado anímico. La gente decide terminar con su vida cuando vive en abandono, tristeza. Si tejemos redes de contención, va a elegir la vida. Como dice Ernesto Sábato, “a la vida le basta el espacio de una grita para renacer”
-Y cuando la familia quiere dejarlo morir porque ve a la persona sufrir
-La eutanasia es una mala forma de morir. Es una comodidad, una opción por el egoísmo. En realidad deberíamos preguntarnos, ¿Para que no sufra quien, él o nosotros?. Hoy con los analgésicos la gente no sufre casi nada. Es parte del proceso de la vida, más allá de cómo sea la muerte siempre es un acontecimiento de dolor, pero hay que tratar de morir en la ternura.
Tulio Gutiérrez, licenciado en psicología
“No hay que hacer caso perfecto a quien quiere dejarse morir”
-¿Cuál es el límite al cuidar a una persona?
-Depende de la relación que tenga con el cuidador, no es lo mismo que lo cuide un pariente que un acompañante, también depende de la patología. El límite es mantener la calidad de vida de la persona enferma, que no llegue a no encontrarle significado a su vida.
-¿Qué pasa si el enfermo quiere dejarse morir?
-Es un tema complicado, tengo una concepción de que uno no es dueño de su propia vida, ni tampoco la de los demás, hay que ver desde que lugar la persona está diciendo que no quiere vivir más. Creo que no hay que hacerle caso perfecto porque en realidad, por detrás, por ahí está pidiendo ayuda, depende de cada caso.
-¿Qué pasa si el cónyuge quiere dejarlo en casa y los hijos quieren llevarlo a un geriátrico?
-No hay una regla para decir le hagamos caso a uno u otro, todo tiene que ver con el grado de deterioro. Además, lo que pasa es que hay grandes falencias en las instituciones dedicadas a la tercera edad, no incorporan la psicología moderna en los tratamientos, por ahí llevás a una persona que mentalmente está bien y la mezclan con pacientes de otras patologías y termina enfermándose. Entonces, si lo dejamos en la casa se enferma la familia y si lo llevamos a una institución se muere de angustia, es un tema complejo.
-Si los geriátricos tuvieran mejor atención sería más sencilla la decisión.
-Claro y por lo general es el cónyuge el que lo quiere dejar en la familia y los hijos no quieren que se complique la funcionalidad, pero nunca hay que olvidarse de que hay que buscar lo que sea mejor para la persona enferma.
-Hay personas que piden que sus familiares se mueran porque no soportan verlos sufrir.
-Ahí tenemos que diferenciar entre animales y personas, si vemos al animal sufrir podemos sacrificarlo. Yo no soy partidario de la eutanasia, creo que siempre puede haber resignificancia o algún tipo de mejora, en el cuerpo o en el ánimo. Ver el sufrimiento en los ojos de los seres que amas no es fácil, de todas formas hay que diferenciar los vacíos existenciales del sufrimiento físico.
Esteban Vergalito, filósofo
“Hay situaciones en las que la prolongación del sufrimiento está éticamente injustificada”
-¿Si el enfermo quiere dejarse morir hay que respetar su decisión?
-La necesidad de respetar al otro y sus decisiones existenciales me parece fuera de discusión. No hay relación ética posible ni válida sin consideración y respeto. Creo que de lo que se trata, en cambio, es de ayudar al enfermo a discernir si su “querer dejarse morir” es tal. Hay situaciones en las que esta expresión significa, en realidad, una forma cifrada de exteriorizar frustración o impotencia frente al embate de la enfermedad. En estos casos, sin dejar de respetar esta manifestación legítima, el papel del acompañante quizás consistiría en ayudar a ir más allá de ella, en invitar a movilizar las energías vitales (físicas, psíquicas y espirituales) aún disponibles. Por otra parte, existen también casos en los que la voluntad de morir es real y se da en un contexto de deterioro físico irreversible. Aquí, hay todavía mucho por hacer, pero en una dirección diferente: ayudar a asumir la inminencia del pasaje y a prepararse para atravesarlo de la mejor manera posible. Algunos recursos en ese sentido: contener afectivamente, invitar a poner en palabras temores y emociones, ayudar a saldar las “cuentas pendientes” que demoran o impiden una partida en paz.
-Algunas personas dicen que prefieren que el enfermo muera antes de que sufra.
-Ante todo, creo que es importante distinguir entre “dolor” y “sufrimiento”. Al dolor físico hay que tratar de calmarlo todo lo que se pueda. El sufrimiento, en cambio, es inevitable, y afecta al ser humano íntegramente. Pretender negarlo bien podría implicar agravarlo. Tal vez se trate, entonces, de interpretarlo como un acontecimiento, como algo que nos sobreviene, pero que no necesariamente es negativo. Desde cierta perspectiva, podría ser recibido como un don. Y bien canalizado, hasta podría ser productivo. Si éste fuera el caso, la clave no residiría en buscar evitarlo, sino en aprender a atravesarlo y a extraer sus enseñanzas vitales. Naturalmente, esto no implica justificar el sufrimiento vano. Hay situaciones en las que la prolongación del sufrimiento en nombre de valores morales abstractos está éticamente injustificada, porque significa, en la práctica concreta, un acto de crueldad. En estos casos, el acto responsable sería ayudar a partir, no intentar retener.
-¿Qué lugar tiene el sufrimiento en la vida?
-Creo que es una experiencia fundamental que cumple un papel indispensable. Es un camino privilegiado –e ineludible hacia la sabiduría, porque nos enseña a tomar conciencia de nuestra finitud y vulnerabilidad, a la vez que nos desafía a expandir nuestras potencialidades. Es oportunidad, crisis que nos convoca a crecer.
-¿Cómo es una muerte digna?
-Entre otras cosas, es una muerte en la que la voluntad del moribundo –y, en caso de imposibilidad de decisión consciente, la voluntad de sus afectos más próximos es tenida seriamente en cuenta al momento de la decisión del médico sobre la prolongación o finalización inducida de su vida biológica.
Ruth Colombi, médica psiquiatra
“Los enfermos terminales quieren morir en sus casas”
“No importa el tiempo, sino la calidad de vida”
-¿Cuál es el límite al ayudar a un enfermo en la familia?
-El límite va apareciendo en la medida en que la familia no puede resolver los problemas en la casa, en el dormitorio. Hay cierta magnitud de patologías que escapan a la buena voluntad y al amor de la familia y exigen un tratamiento hospitalario. Y aparte del enfermo se agrega una nueva patología, el síndrome del cuidador, se enferma el que lo cuida porque realmente es un momento de responsabilidad y dolor psíquico muy grande, los cuadros finales son muy siniestros.
-¿Hoy hay más posibilidades de tratar la enfermedad desde la casa?
-Si, y aunque a veces hay limitaciones respecto a la tecnología, hay pacientes y familias que, si se va a producir algún tipo de desenlace, prefieren que sea siempre en la casa. Desde el punto de vista emocional y ecológico la mayoría debería tratar de adecuarse para estar ahí. Yo trabajé un tiempo con enfermos terminales de cáncer y ellos prefieren morir ahí, a pesar de que eso suponga una limitación de la tecnología. Es que la muerte es un fenómeno doméstico, algo que sucede en una familia.
-¿Qué les pasa a los abuelos al internarlos en un geriátrico?
-Hacen un duelo muy grande. Se ha visto por ejemplo que los ancianos en el geriátrico viven menos tiempo ahí que en su casa. Es la pérdida del hábitat, esa es una cosa que hay que manejarla con mucho cuidado.
-¿Qué pasa si el enfermo quiere dejarse morir?
-Pasa con bastante frecuencia. Todos los elementos que la medicina introduce para curar al enfermo también le bajan la calidad de vida, entonces es importante que los médicos, la familia y el paciente hagan una evaluación para ver la calidad de vida que este está teniendo y si es ínfima no vale la pena agobiar ese cuerpo con otras intervenciones más. No importa tanto el tiempo sino la calidad de vida. Siempre que el paciente está en buen uso de sus facultades psíquicas hay que respetar, tanto la familia como el médico
-¿Cómo es una muerte digna?
-La muerte digna la tiene que establecer el paciente, él tiene que decir esto sí, esto no. Su derecho es enfrentar esta etapa de su vida con dignidad no con el exceso del furor terapéutico de aplicar cualquier cosa. En Estados Unidos por ejemplo si un médico extrema sus cuidados para la enfermedad el paciente o la familia le puede hacer un juicio. Acá es menos frecuente, es otro tipo de concepción, pero puede pasar. Allá es muy frecuente la aparición de demandas. Si el enfermo no está mentalmente bien ahí tiene que decidir la familia, eventualmente el cónyuge o los hijos
NOTA PUBLICADA EL VIERNES 10 DE MAYO EN EL NUEVO DIARIO.