Grandes entrevistas

Rodolfo Enrique Ferrer Cabrera

Con el folclore en el alma

Por Carmen Vega Mateo

Para mí es Rodo, desde que lo conocí a principios de los ochenta. Muy delgado entonces y ahora. La primera vez que lo vi iba deambulando por los pasillos de las oficinas de Cultura en el auditorio. Siempre inquieto y participando y metiéndose sin que lo llamen y cuando lo llaman, su participación es rotunda, obsesiva y detallista. Sus alumnos han aprendido a respetarlo y lo que es más valioso, a quererlo, a pesar de sus rabietas cuando pretende lograr el máximo de lo que enseña. Sin embargo, es de hablar suave y risueño, por momentos irónico y por momentos cáustico. Si hay personas que no cambian a pesar del tiempo, Rodolfo es de ellas.

Se llama Rodolfo Enrique Ferrer Cabrera y tiene una pasión definida que marca casi completamente su vida: el folclore o para mejor decir: la danza folclórica con la precisión minuciosa de su origen y su historia.

Es sanjuanino, nació un 25 de julio de 1948 y pertenece a familias de larga ascendencia criolla emparentada con los Yanzi por el lado paterno y con los Albarracín por el lado materno. Sólo tiene una hermana, menor, Mima Teresita casada con Alberto Domínguez, los que le ha dado tres sobrinos.

Los primeros estudios los hizo en la escuela Fray Justo Santa María de Oro y de allí a la Leandro Alem, que era la escuela que funcionaba en el turno tarde donde hoy está el ministerio de Educación. La secundaria en la escuela de Comercio y con veinte años se fue a Buenos Aires. Su padre, que fue secretario en el Consejo de Reconstrucción en la época de Américo García, ya había muerto cuando Rodolfo sólo tenía nueve años.

— ¿De dónde te viene la pasión por el folclore?
—Supongo que de mi madre. Ella era profesora de música y lo musical lo he ‘mamado” desde niño. Tenía un instituto, el ‘Berutti’, que fue uno de los primeros que hubo en San Juan. Allí estudiaron Aída Marchese de Poblete, Teresita Gallac de Sarmiento, entre otras. Yo también estudié música pero no terminé. A los veinte decido irme a Buenos Aires y mi madre vino conmigo. Una vez allí ingreso en la Escuela Nacional de Danza.

¿Por qué danza y no música?
—Siempre me gustó y siempre quise entrar a un instituto que me diera una formación integral y seria. Nunca me molestó, ni me interesó, lo que pensaran los demás. Yo entendía que si algo me gustaba y tenía la posibilidad de hacerlo, debía hacerlo y de la mejor manera posible. Una vez que terminé seguí con la carrera de profesorado en Expresión Corporal que es la más difícil, tanto para el ingreso como el transcurso de ésta.

¿Y cómo solventabas tus estudios?
—Uno de los maestros que acompañaba las clases de danza, era Waldo Belloso y me ofreció integrarme a la compañía de teatro infantil que en ese momento tenía un enorme éxito y que conducía Jovita Diaz, hoy ex-esposa de Julio Maharbiz, si bien la dirección general era de la señora de Belloso, Zulema Alcayaga. El grupo teatral se llamaba “Margarita Tereré” y se vio mucho por televisión, incluso se hizo una película con él. Ahí, los integrantes, íbamos rotando los personajes. Yo hice de cartero y del burro “Alfajor”. Me divertí muchísimo y aprendí que el trabajo con niños es muy especial. Después me sirvió esta experiencia cuando me ofrecieron horas cátedras en un colegio inglés privado. Ahí trabajé en jardines de infantes en cuatro secciones: de tres, cuatro y dos de cinco años.

¿Qué hiciste cuando por fin te recibiste?
—Una vez egresado comienzo a trabajar en el ballet de Beatriz Durante y Nelly Ramicone. Con ellas hago una serie de actividades en el teatro municipal General San Martín, en el Presidente Alvear, en el Patio de los Naranjos del Museo Larreta.

Al final, ¿cuántos títulos tienes?
—Terminé mis estudios como profesor nacional de Danzas Folclóricas, otro como profesor en Expresión Corporal y técnico en Caracterización, obtenido en el teatro Colón. Son tres carreras en total. Al terminar decido venirme a San Juan y comienza mi peregrinar de vuelta. Estuve estudiando nueve años más o menos.

¿Por qué te viniste?
—Por una cuestión familiar. Mi madre estuvo viviendo conmigo gran parte de mi carrera, pero decidió regresar y lo hace antes que yo. Y las mismas razones que movieron a mi madre, me obligaron también a mí a retornar.

¿Hay alguien más en San Juan, con tus mismos títulos profesionales?
—No creo en la parte de danzas folclóricas, pero si sé que hay una sola colega en Expresión Corporal, que es Patricia Graffigna.

¿Y los que egresan con parecido título en academias locales?
—Yo siempre hago una distinción entre lo privado y lo estatal. Siempre he sido un defensor de la educación estatal porque entiendo que la educación tiene y debe estar en manos del Estado.

¿A pesar de la mediocridad de hoy?
—Pero la mediocridad que se puede ver en la educación del Estado actual, no es un problema del Estado sino de la persona, cosa que también se puede dar en la educación privada.

¿Y la pregunta que te hice antes?
—Pienso que va a depender esencialmente del propietario del instituto. Si éste tiene un fin puramente lucrativo, el nivel no va a ser el óptimo. Pero si tiene una finalidad esencialmente pedagógica, puede ser muy bueno el nivel.

Sos salomónico...
— (Riendo). Carmen, al Estado no le interesa mantener un alumno mediocre. Los parciales y cada materia que yo tenía eran un desafío y si no salía bien al Estado no le importaba, seguían sin mí. En un instituto privado donde el alumno paga, si sale mal, hay que ver cómo se hace para que siga pagando.

¿Proyectos?
—Escribir una historia de la moda desde sus orígenes hasta hoy. Con énfasis en nuestro país y por eso estoy recopilando material.

Pero vos siempre has acopiado material de todo tipo: documentos, libros, todo lo que te cae en las manos con olor a pasado local o nacional...
—Sí. Tengo muchísima documentación original, algunas que he ido comprando incluso y otras, heredadas. Me fijo sobre todo en aquellas que se refieren al folclore, a la danza, al atuendo. Pero también tengo partituras originales de autores como Berutti y Correjter. Sobre todo recopilo marchas e himnos tanto nuestras como de otros países.

Rodo, estás formando un vestuario fabuloso y muy completo, de folclore, pero lo estás haciendo de tu bolsillo…
—Sí. La danza no es sólo la coreografía sino que se complementa con el traje. A la fecha tengo vestuario para siete cuadros completos (con pelucas, calzados, etc.) en un promedio de diez bailarines por cuadro. No sé qué haré con todo ese bagaje. No tengo hijos y a mis sobrinos no les interesa. Dejárselas al Estado, no me da mucha confianza... (risas).

¿Con qué empezaste en San Juan cuando recién llegaste?
—Al segundo día de llegar, una radio, creo que Sarmiento; me hizo una Entrevista para el programa de Borsalino. Fue para el día de la independencia del Perú, un 28 de julio y me pidieron hablar sobre música y danza peruana. Borsalino recurrió a mí porque me había recomendado Lalo Quiroga Salcedo, con quien nos conocemos por las familias. Después me llamaron del Centro de Educación Permanente, hoy desaparecido, para dar un curso con Aída Marchese de Poblete, sobre música y danzas argentinas. Al año siguiente, Emma Sánchez Guzmán me recomienda en el profesorado de Educación Especial Silvino Martínez para la cátedra de Expresión Corporal y ahí estoy todavía, con las especialidades Mentales y Trastornos del Aprendizaje. Después, entré también en el Polivalente de Artes, cuando se abre la carrera de Folclore. En el ínterin vos me permitiste trabajar contigo en tu programa Culturama por Radio Nacional, durante casi un año donde lo único que nos faltó fue hablar de la música del Japón y no llegamos porque la radio no tenía nada grabado de ese tipo. (Risas). Di cursos para UDAP, trabajé en el ministerio de Educación como coordinador de experiencias educativas en el área folclore.

¿Qué pasó con el folclore en la escuela primaria?
—Si bien la ley, que continúa vigente, es clara cuando dice que se aplicará el folclore en todos los niveles de educación. Cuando se desafecta al personal del ministerio, quedó sin efecto todo lo que se hizo aun cuando San Juan fue la primera que implementó el folklore en las escuelas, como así también el teatro.

¿Y por qué?
—Creo que más que falta de recursos, fue por desconocimiento de las autoridades de la existencia de todo lo que se había hecho e incluso de la misma ley. ¿Sabes qué es lo que me preocupa? Que no sirve que se diga o se hable sobre identidad nacional, revalorización de nuestro patrimonio cultural, cuando se desconoce la raíz de nuestras propias culturas. Y que si bien la ley federal de Educación contempla áreas artísticas, no se ponga énfasis en el folclore argentino. Es como querer desconocer sus propios padres, su propia familia y sus propios antepasados. Y si no sabemos de dónde venimos, me queda la gran duda de saber adónde vamos.

¿Por qué no te casaste?
—iBienaventurados los solteros porque de ellos será el reino de la tranquilidad! (carcajadas).


Nota publicada en “El Nuevo Diario” el 29 de agosto de 1996, edición 773.

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