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70 AÑOS DE LA NORMAL SAN MARTÍN

Los recuerdos de las primeras maestras rurales

El 26 de julio de 1932 abrió sus puertas la Escuela Normal de Maestros de Hogar Agrícola. A setenta años de ese hecho cinco ex alumnas de la primera promoción se reunieron para festejar el nuevo aniversario y recordar aquellos momentos de la adolescencia y que fue de ellas en el transcurso de los años.

Los recuerdos de las primeras maestras rurales
Esta foto es de 1937. Fue sacada mientras las alumnas realizaban una práctica sobre cosecha, limpieza y embalaje de la uva.

Ubicada sobre Avenida Rawson y General Paz, donde actualmente funcionan los museos Franklin Rawson y Agustín Gnecco, el 26 de julio de 1932 abrió sus puertas la Escuela Normal de Maestros de Hogar Agrícola, hoy Escuela Normal General San Martín, fundada por el gobernador del momento el doctor Federico Cantoni. Cinco ex alumnas de la primera promoción nos contaron algunas anécdotas de esta escuela, modelo para la época y que fue de sus vidas durante todos estos años.

Fueron llegando de a poco. Se las veía emocionadas por el reencuentro. Yolanda García de Cobas, Angélica Marín, Blanca Adela Méndez de Masquijo, Elia Boero de Doblas y Anita Rodríguez casi no se reconocieron. La última vez que estuvieron juntas fue hace 20 años cuando la primera promoción de egresadas de la Escuela Normal de Maestras de Hogar Rural festejó sus bodas de oro.

Es difícil creerles que no se ven desde hace tanto tiempo. La amistad permaneció intacta a pesar de haber compartido sólo cinco años de sus vidas.
—Todas éramos amigas. No existía la rivalidad. Parecíamos una gran familia. Imaginate que pasábamos diez horas juntas por día. – cuenta Blanca

Las actividades comenzaban temprano. A las ocho de la mañana todas las alumnas debían estar en el comedor para desayunar, antes de empezar la ardua jornada que se extendía hasta las seis de la tarde.
—Era una escuela modelo. Teníamos 21 materias. Agricultura, apicultura, labores, arte decorativo, máquina de todo. No sé qué querían de nosotras. Comenta Yolanda tomándose la cara.
—Comíamos y dormíamos la siesta en el lugar. La directora una dinamarquesa con ideas liberales para la época dejaba que tres chicas tocaran el piano todos los días durante media hora para que pudiéramos bailar. Cuenta Anita mientras aclara que no puede hablar mucho por una fuerte bronquitis.
Pero salimos muy buenas. Retruca Elia
Eso es cierto, nadie ha tenido la educación que tuvimos nosotras.

Y esa educación se vio reflejada con los años. Si bien al momento de recibirse las escuelas rurales propiamente dichas no existían, estas cinco señoras supieron aplicar sus conocimientos de diferentes maneras.

Todas se dedicaron a ser maestras en escuelas de la ciudad y sólo dos, Yolanda y Blanca, tuvieron la oportunidad de trabajar en el campo.

Yolanda apenas se recibió fue a cubrir una suplencia en Husno, un pueblo de Valle Fértil donde estuvo un año.
—Fue una experiencia linda pero corta. El resto de mi carrera lo hice trabajando en diferentes escuelas de la ciudad donde ejercí de maestra de primaria. Pero eso sí, era la única capacitada, cuando faltaban por ejemplo las maestras de práctica y plástica, para suplantarlas. Siempre me buscaban a mi. En 1944 a todas las que nos habíamos recibido en la escuela nos nombraron en distintas instituciones. El ministro de la época dijo que no podía ser que maestras tan preparadas como nosotras estuviéramos sin trabajo. Fue la primera vez que sentí que tanto esfuerzo había tenido su fruto.

Blanca fue la otra que tuvo la posibilidad de enseñar en una escuela de campo y recuerda esa experiencia:
—Realmente me gustaba la vida que llevaba. Trabajaba mucho por eso cuando se desocupó el cargo de directora no dudé en rendir. Allí hacía de todo y podía aplicar todos mis conocimientos. Sin embargo algunos años después tuve que volver al centro y empezar a enseñar en escuelas normales. Igualmente los años que estuve en el campo nos los voy a olvidar nunca.

Elia Boero de Doblas, otra de las egresadas de la primera promoción, siempre fue de las más activas del curso. Además de haber sido maestra y llegado a directora de la Escuela Superior Sarmiento siempre le gustó tener participación en temas relacionados con su antigua escuela
—Siempre me gustó tener participación de todo lo que estuviera a mi alcance y me di el tiempo para hacerlo. Tuve la suerte de haber tenido un marido que me acompañara y me diera mis tiempos y lugares.
También fui parte del Centro de ex Alumnos de la escuela. Desde allí hemos hecho de todo. Para mi fue la forma de mantenerme unida con mis sentimientos y mis compañeras. No es que la especialidad con la que egresé no me haya gustado sino que simplemente las circunstancias no se daban como para ejercer de maestras rurales. La única posibilidad era la de entrar en los colegios profesionales pero ahí no habían vacantes. Igualmente también tuve la oportunidad de aplicar en la vida cotidiana todo lo que aprendí. A veces llegaban a mi casa vecinos que me pedían que les castrara los pollos. La enseñanza que recibí en mi adolescencia fueron los pilares para el resto de mi vida.

Angélica Marín está muy enferma y le cuesta hablar, sin embargo Yolanda su gran amiga de la adolescencia no duda en contar su historia.
—Una de las cosas por las que siempre se caracterizó Angélica es por su trato con los niños. A ella le encantaban y ellos la adoraban. Por eso cuando en la escuela Normal Sarmiento habilitaron el jardín de infantes fue una de las primeras en ingresar. Además en aquella época no había una especialidad para los jardines.

Por su parte Anita Rodríguez que también está débil de salud comentó que ella siempre fue de las más moderadas.
—Si bien siempre me gustó la docencia no fue algo que me apasionara. Eso no significó que no enseñara en escuelas del centro. Lo que pasó es que cuando nos recibimos no tuvimos el espacio que necesitábamos para ejercer. No existían las escuelas donde pudiéramos aplicar todos nuestros conocimientos. Sólo pudimos ser en la mayoría de los casos maestras de primaria.


El día que quisieron cerrar la escuela
Durante sus primeros años la escuela, pionera para su época, fue ampliamente criticada. La directora dinamarquesa Wilmina Dalgar de Enemark implementó planes de estudio que respondían a una didáctica nueva y activa. El edificio era moderno y además contaba con un terreno que las alumnas prepararon para su utilización.
—Cuando la escuela abrió nos dieron un terreno para realizar las prácticas agrícolas y de granja. Roturamos la tierra, emparejamos el terreno, marcamos surcos, parcelas, acequias y callejones. Plantamos árboles y hortalizas. Imaginate que éramos mujeres las que trabajábamos eso no era común en nuestra época—, comenta Elia.

A pesar que muchos consideraban a la escuela como una de las mejores del país, los problemas no tardaron en llegar. Derrocado Federico Cantoni la escuela fue el blanco de presiones políticas y en 1934 se habló de cerrarla definitivamente. Pero las chicas no se quedaron esperando las medidas que iban a decidir los diputados de la época. Elia Boero recuerda las maniobras que realizaron:
—Fui la Laprida de la época. Era la vicepresidenta del centro de alumnos y cuando intentaron cerrarnos la escuela tomé el timón. Nos acantonábamos en la casa de una niña de apellido Rodríguez. Allí nos poníamos el guardapolvo para ir a la Cámara e impactar a los diputados para que no aprobaran la ley.
Podés creer que los diputados se levantaban y se iban. Nos frustraban un día pero volvíamos al otro. Cuando por fin se trató la ley ganamos por un solo voto, no lo podíamos creer.

Todas sonríen al unísono recordando estas actividades tan poco propicias para la época. Pero aseguran estar orgullosas de su lucha ya que finalmente consiguieron salvar la escuela.
-Hicimos tal revuelo que se formó la comisión de padres para defendernos. También logramos que vinieran de Buenos Aires a ver las actividades que realizábamos. Al final, en vez de cerrarla la nacionalizaron. Pasamos a tener un título a nivel nacional.- comenta Blanca.

Y Elia agrega rápidamente
—El secretario de la Cámara me llamó a su despacho. Me temblaban las piernas. Fue muy sarcástico conmigo, me dijo: Mire señorita Boero para qué quiere seguir estudiando en esa escuela? Dedíquese a la abogacía. Pero no me querían decir que era capaz, sino que se estaban burlando de mí. Mi madre me apoyó mucho, me decía que nos les hiciera caso y que siguiera luchando.


La vida escolar
Las ex alumnas aseguran que fue la mejor época de sus vidas. Que aprendieron mucho y sobre todo disfrutaron. La mayoría rememora la amistad que compartían con sus profesores y con los directivos. Todas quieren hablar y recuerdan las cosas más significativas de su paso por la

Escuela Normal de Maestro de Hogar Rural.
—La directora parecía muy mala pero era un amor. Cuando venían las obras teatrales de suspenso de Ibañez Menta nos daba los cinco centavosde la entrada a cada una para que fuéramos. Era una amiga.
—Antes de almorzar íbamos y bailábamos porque teníamos cuatro compañeras que tocaban el piano.
—Lo peor era la cantidad de actividades que teníamos que hacer, nadie se salvaba. Arar, carpir, podar, descargar colmenas, recoger huevos y seleccionar y controlar una incubadora, curar y castrar pollos. Esa era una de las peores.
—Y cuando se enfermaban de moquillo tampoco era lindo. Teníamos que pasarle una pluma por el pico y nariz.

Sin embargo también quedaba tiempo para divertirse
—Luego de almorzar teníamos dos horas para descansar. Nos pusieron reposeras en el patio central y mientras nos tomábamos una siesta aprovechábamos también para tomar un poco de sol. Si esta escuela hubiera seguido como empezó hubiera sido la maravilla de la educación. Concluye Elida emocionada.



Nota publicada en El Nuevo Diario, el día 2 de agosto de 2002, edición nº 1065.  

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El comedor era una de las salas principales del colegio. Allí desayunaban, almorzaban y merendaban más de 200 personas. También allí tres alumnas tocaban el piano durante media hora y el resto de las chicas bailaban.
El comedor era una de las salas principales del colegio. Allí desayunaban, almorzaban y merendaban más de 200 personas. También allí tres alumnas tocaban el piano durante media hora y el resto de las chicas bailaban.
Cada semana un curso debía servir la comida al resto. En la foto las alumnas posan con la vajilla y los carros donde llevaban la sopa de entrada.
Cada semana un curso debía servir la comida al resto. En la foto las alumnas posan con la vajilla y los carros donde llevaban la sopa de entrada.
Alumnas de la Escuela Normal de Maestros de Hogar en una excursión en Zonda donde hacían prácticas de agricultura.
Alumnas de la Escuela Normal de Maestros de Hogar en una excursión en Zonda donde hacían prácticas de agricultura.
La Dra. Carmen Peñaloza de Varese y la presidenta del Centro de Ex alumnos, señora Alicia Basualdo de Magariños, muestran a Diario de Cuyo el álbum con fotos del año 1933 de la Escuela Normal de Maestros del Hogar.
La Dra. Carmen Peñaloza de Varese y la presidenta del Centro de Ex alumnos, señora Alicia Basualdo de Magariños, muestran a Diario de Cuyo el álbum con fotos del año 1933 de la Escuela Normal de Maestros del Hogar.
Gobernador Dr. Leopoldo Bravo y primera Directora Dra. Carmen Peñaloza de Varese, la Inspectora zonal Ana Pérez Ciani, y ex alumnas.
Gobernador Dr. Leopoldo Bravo y primera Directora Dra. Carmen Peñaloza de Varese, la Inspectora zonal Ana Pérez Ciani, y ex alumnas.
Federico Cantoni
Federico Cantoni
Angélica Marín, Blanca Adela Mendez de Masquijo, Elia Boero de Doblas, Yolanda García de Cobas y Anita Rodríguez. Cinco ex alumnas de la primera promoción en un aula de la Escuela Normal General San Martín.
Angélica Marín, Blanca Adela Mendez de Masquijo, Elia Boero de Doblas, Yolanda García de Cobas y Anita Rodríguez. Cinco ex alumnas de la primera promoción en un aula de la Escuela Normal General San Martín.

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